La estatua de Alexander Fleming en la plaza de toros de Las Ventas, en Madrid, apareció con una pintada de “Asesino”. El atentando no forma parte* de la actual ola de estatuafobia que asola EE.UU. y ciertos lugares de Europa pero es significativo de la indigencia mental de sus perpetradores.

Alexander Fleming fue el primero en observar los efectos antibióticos del hongo ‘Penicillium notatum’, y desarrolló la penicilina, un medicamento que desde su descubrimiento hace casi un siglo ha salvado unos 200 millones de vidas, según algunas estimaciones.

La estatua de Madrid fue erigida en 1963 por la Asociación Benéfica de Auxilios Mutuos de Toreros y se inició con una suscripción pública de 25.000 pesetas. El homenaje de los toreros a Fleming no es gratuita: la penicilina ha salvado la vida de cientos de toreros desde su descubrimiento en 1928, sanando infecciones en heridas que antes de su invención suponían la muerte.

La pintada con la palabra “asesino” puede tener dos explicaciones, ambas igual de necias: la primera, que alguien haya confundido al Dr. Fleming con un torero, habida cuenta de la ubicación de la estatua, y, la segunda, que efectivamente, el epíteto fuera dedicado al científico escocés por descubrir el primer antibiótico. En este caso, el autor de la pintada podría pertenecer a algún grupo anti-antibióticos, algo tan descabellado como los grupos antivacunas.

Si viajamos en el tiempo, últimamente se ha puesto de moda tachar de “asesino” a Bill Gates, un filántropo cuyo único “pecado” ha sido gastar la mayor parte de su fortuna en buscar una vacuna para la malaria y, ahora, para el covid-19. No se sorprendan si los mismos que llaman asesino a Bill Gates consideran héroes a Stalin, Hitler o Pol Pot.

What a time to be alive.

 

*La foto está circulando ahora por las redes sociales, pero parece ser que fue tomada en 2015.

Con información de Wikipedia, New World Encyclopedia y Patrimonio y Paisaje.