¡Comparte este artículo!

La sinrazón de ciertos anti-vacunas alcanza niveles criminales cuando cruzan el linde de la paranoia. Un ejecutivo de 49 años, involucrado desde hace años con grupos antivacunas del área de San Francisco, asesinó a su propio hijo, de 9 años, y se quitó la vida ante la posibilidad de que el pequeño fuera obligado a vacunarse contra el Covid.

Los cuerpos inertes de Stephen O’Loughlin y su hijo Pierce fueron hallados con heridas de bala en el apartamento del hombre en el distrito Marina de San Francisco, según informa Daily Mail. Según la reconstrucción llevada a cabo por la policía, el hombre disparó a su hijo y se suicidó a continuación.

O’Loughlin llevaba cuatro años enfrascado en una áspera disputa con la madre de Pierce, Lesley Hu, por la custodia del niño. Fue la madre quien avisó a la policía tras la ausencia de su hijo en el colegio, un centro católico de elite en el centro de San Francisco.

La abogada de Hu explicó al rotativo inglés quye O’Loughlin sufría de una enfermedad mental sin diagnosticar, que le provocaba paranoia con las vacunas y estaba obsesionado con la salud de su hijo. La pareja se divorció en 2016, pero la madre estaba intentando conseguir la custodia de su hijo en exclusiva para poder cuidar a Pierce sin la interferencia de su ex marido. El martes, un día antes del fraticidio, O’Loughlin había dado su consentimiento a que Pierce fuera vacunado.

El juicio para dirimir la custodia de Pierce estaba previsto para el próximo mes de marzo. La madre, Lesley Hu, había declarado que O’Loughlin se integró en un grupo de ‘autoayuda y nueva era’ en 2012, y desde entonces estaba convencido de que el gobierno estaba controlando la mente de los americanos. El fraticida había pagado miles de dólares a la organización para la fecha del divorcio.

O’Loughlin se había negado a permitir que su hijo fuera vacunado desde una edad temprana, alegando que Pierce había sufrido graves efectos secundarios como resultado de recibir las vacunas cuando era bebé, incluyendo vómitos y una dramática pérdida de peso.

«No se trata de un padre «anti-vacunas» que quiere evitar que su hijo sea vacunado. Para el niño promedio, la relación riesgo-beneficio de las vacunas está a favor de las vacunas. Sin embargo, para cierto subconjunto de la sociedad, ese no es el caso. Pierce es una de esas personas», escribieron los abogados de O’Loughlin en un escrito de principios de enero.

Hu, sin embargo, negó las afirmaciones de su ex-marido y argumentó que los médicos de Pierce recomendaron encarecidamente que se vacunara completamente. «La postura de O’Loughlin sobre las vacunas ha tomado un tono sectario», alegó Hu.

La madre también alegó que su ex-marido estaba tan obsesionado por la salud de su hijo que grababa su respiración varias veces al día «para documentar una nariz congestionada».

La zona de la Bahía de San Francisco -una de las más prósperas de EEUU- se ha convertido en una de las áreas calientes del movimiento antivacunas en aquel país, con un porcentaje significativo de padres que se niegan a que sus hijos sean inmunizados. En 2016, el estado de California derogó la exención por motivos personales que los padres podían alegar para evitar que sus hijos fueran vacunados, una ley que impulsó a muchos padres a buscar exenciones médicas para evitar la vacunación.

Aproximadamente, entre un 15 y un 20% de la población de EE.UU. desconfía de las vacunas, un porcentaje que está aumentando paradójicamente a raíz de la pandemia de coronavirus, que ya ha segado la vida de 400.000 personas en aquel país. El porcentaje de quienes desconfía de las vacunas asciende hasta el 33% en Francia, el país más antivacunas de occidente.

Noticia original en Daily Mail. Con información de SF Chronicle y Strambotic.