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Antes, los requisitos para optar a una habitación en un piso compartido se limitaban a ser hombre o mujer, y, a ser posible, no fumar. Pero los tiempos están cambiando, que diría Bob Dylan, y encajar en el perfil apropiado es casi más difícil que cumplir los requisitos para opositar a astronauta en la NASA.

Véase este anuncio publicado en una plataforma online por «un chico trans y una persona no binaria» para compartir un «piso luminoso» en el barrio de Gracia, en Barcelona. El candidate para ocupar la plaza debe cumplir una serie de “antis” bastante exigente. A saber:

«Queremos vivir con otra persona atiespecista, antigordofóbica, antitransfóbica, antiputofóbica, antirracista, antiedadista, anticapacistista (¿?), anticlasista, etc», incluyendo en este “etcétera” otros “antis” por determinar.

Lo que de ninguna manera puede entrar ahí, indica claramente el anuncio son «hombres cis», lo que viene siendo un señor heterosexual como el que escribe estas líneas.

Sin embargo, y dado que en casa «necesitamos tranquilidad y limpieza», los demandantes abren la puerta a «personas TOC y neurodivergentes», a sabiendas de la obsesión con la pulcritud que suelen tener los afectados con TOC.

En el capítulo de los pros, hay que reconocer que el alquiler es una bicoca: 290 euros al mes + gastos. Dan ganas de irse a vivir a Barcelona, si no fuera por lo exigente del casting.