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El pasado sábado, el gurú inglés de la vida saludable Brian Rose compartía un vídeo en el que animaba a la gente a seguir su vida cotidiana y contagiarse cuanto antes el coronavirus, ya que es algo «que va a suceder tarde o temprano» al «70 u 80 por ciento de la población».

El razonamiento de Rose es el siguiente: cuanto antes nos contagiemos de la enfermedad, más se reforzará la inmunidad de grupo y nuestro sistema inmunitario –individual y colectivo- estará preparado para una eventual mutación del coronavirus, que podría suceder el próximo invierno.

(La idea de “reforzar la inmunidad de grupo” que propone el Reino Unido contra el coronavirus ha sido convenientemente refutada por el epidemiólogo William Hanage en un artículo en The Guardian: «Aquí no estamos hablando de una vacuna, sino de una auténtica pandemia»).

La lógica subyacente en el discurso de Brian Rose es la misma que esconde las llamadas “fiestas de la varicela”, unas reuniones que se han puesto de moda entre el movimiento antivacunas en las que se juntan niños sanos con niños infectados –de varicela, sarampión u otras enfermedades contagiosa- para que los primeros se contagien de la enfermedad y la “pasen” cuanto antes, para evitar un contagio de adultos que puede ser mucho más problemático.

Las fiestas de la varicela saltaron a la luz pública hace exactamente un año, cuando el gobernador de Kentucky (republicano, por si quedaba alguna duda) llevó a sus nueve (¡nueve!) hijos a una fiesta de la varicela de la que todos salieron felizmente (es un decir) contagiados:

«Encontramos que un vecino tenía varicela. Fuimos, me aseguré de que cada uno de mis hijos estuviera expuesto y se contagiaron. Estuvieron mal unos cuantos días y ahora ya están bien».

¿Qué sucede exactamente en estas fiestas de la varicela? Existen diversas modalidades. En la más extrema, los niños se van pasando una piruleta infectada de boca en boca, llevándose en la saliva el bacilo de la varicela. En otras modalidades más ‘light’, se invita al niño portador del virus a permanecer durante un mínimo de media hora en una habitación cerrada, inundando el aire con sus miasmas. A continuación, ¡empieza la fiesta!: el resto de los, hasta entonces, niños sanos entran a respirar el aire contaminado y, se van tan contentos con la varicela puesta. Una semana en cama, unos cuantos granos y a correr.

¿Qué opinan los médicos de las fiestas de la varicela? «Habiendo vacunas es absurdo exponer a un niño a un riesgo», me responde vía Twitter el pediatra Alberto García-Salido, que ya se pronunció en Twitter sobre esta bizarra práctica a raíz del caso del gobernador de Kentucky:

«Queridos Padres, llevar a tus hijos a una fiesta de la varicela para que se contagien porque es mejor pasar la enfermedad tiene el mismo sentido que estamparlos adrede contra una pared para que así sus huesos se hagan más fuertes o algo».

Visto en YouTube. Con información de Old Strambotic, WSAV3, The Guardian y Twitter.