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Las primeras historietas de Zipi y Zape, desde 1948 hasta finales de los 50, solían acabar con los díscolos mellizos castigados en el cuarto de las ratas o, peor aún, en el cuarto de los lobos o de los cocodrilos. La crueldad del patriarca Pantuflo Zapatilla parecía no tener límites.

Sin embargo, en los años 60, a medida que el color fue entrando en las viñetas de Escobar, los castigos se fueron haciendo más suaves: el castigo de Zipi y Zape consistía en ayudar a pelar patatas a su madre, la sufrida Jaimita, o, como mucho, «lavarlos con lija del número tres».

En esta moderación tuvo mucho que ver la censura franquista, que hizo llegar «a la atención de Escobar» un listado de «recomendaciones» para que las historietas pudieran «ajustarse a estas normas y poder así subsanarse por el autor» y, eventualmente, ser publicadas.

El censor que firma este documento no sólo traza líneas rojas a los políticamente correcto sino que se atreve a enmendar la plana a las historietas de Escobar, sugiriendo «más originalidad en los castigos de los niños malos».

Algunas de estas normas son:

Huir de toda violencia más o menos excesiva, tanto en la forma como en el fondo de las historietas cómicas, sin que ello signifique que deben concebirse y dibujarse historietas ñoñas, suaves o “blandengues”.

-Evitar que en todas las historietas se repitan los mismos castigos finales en casos de niños malos o traviesos, o hacer que tales castigos sean leves o, mejor, originales (cazar mosquitos, ayudar a mondar patatas a mamá, etc.).

-En casos de un profesor o preceptor, huir en todo caso de que caiga en el ridículo, de que quede mal parado el principio de autoridad y procurar de que [sic] jamás se preste al soborno, al chantaje, a una amenaza, a las cuchufletas -sin que esto signifique que los niños dejen de gustarlas- y de que, al contrario, se muestre reacio a todo ello.

Evitar las exclamaciones y palabras: “rayos”, “porras”, “maldición”, “condenado”, “reventado”, “defuncionado”, “mi menda” y cuantas signifiquen o revelen chabacanería en mayor o menor grado.

Evitar siempre críticas más o menos alusivas y directas a personas, instituciones imaginarias o reales, idiomas, carreras, oficios y profesiones, etc.

Huir de toda insinuación o sugerencia al suicidio más o menos encubierta.

Visto en Facebook. Con información y fotos de Ojo de Pez.