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Por sólo 30 euros, menos de lo que cuesta un viaje de ayahuasca, la próxima semana puedes aprender todo lo que querías saber sobre los psiquedélicos y nunca te atreviste a preguntar. El seminario online ‘Drogas psiquedélicas y plantas de poder: qué son y para qué sirven’, organizado por La Térmica de Málaga, cuenta con un cartel de excepción: José Carlos Bouso y Héctor Márquez, a los mandos, y la intervención de Clara Sativa, Marc Aixalá, Carlos Suárez, Genís Oña, Juan Carlos Usó y Gemma Guarch, lo que viene a ser el ‘who is who’ del Spanish Trip.

Nos ponemos al habla con Héctor Márquez, periodista, divulgador, activista y urdidor del evento, que se celebra vía zoom los días 3, 4 y 5 de noviembre.

¿A día de hoy existe alguna justificación para que los psicodélicos sigan siendo ilegales?

Yo creo que si nos referimos a justificaciones racionales, legales, científicas o éticas, evidentemente la respuesta es no. No las hay. Se ha acumulado tanta evidencia que ya el rey está más desnudo que nunca. Pero como hay todo un enorme aparato de justicia, de mercados varios y de ‘big pharma’, en definitiva de interés económicos que estaban sustentados en la prohibición, el cambio no puede ser de la noche a la mañana. Los psiquedélicos se legalizarán, ya se está haciendo, más temprano que tarde. La pregunta no es ya si se hará sino cuándo y, sobre todo, cómo. Las farmecéuticas ya han aprendido, con el ejemplo del cannabis, que este puede ser una gran negocio. Entonces querrán tenerlo todo bien atado para ser el estamento médico-farmacéutico financiero el que se encargue de su regulación, prescripción y beneficio.

Por tanto, ¿prohibición y despenalización vienen impulsadas por intereses económicos, aunque ambos sean contrapropuestos?

Para mí no existe ninguna duda. Creo que los desprohibicionistas hemos puesto demasiado énfasis en las razones éticas, científicas y legales, creyendo que con argumentos se podía convencer. Que la lucha era dialéctica. Y yo creo que no es así. El poder es pragmático y se viste del discurso moral que le conviene para mantenerse ahí. Y si ve posibilidades de negocio, actuará para adecuar el debate a su conveniencia. En casos como los psiquedélicos hay una lucha que pasa por informar a la sociedad civil y naturalizar la cosa. Y eso también es hacerle más fácil a ellos el trabajo. Mi temor, y el de muchas personas que estamos en esta lucha, es que la desprohibición y regulación, algo necesario en abstracto por otra parte, pase por dejar a la sociedad civil al margen de sus derechos recreativos o de procurarse su salud de manera individual. Es decir que si se regula todo quede en manos de Estados y ‘big pharma’.

Héctor Márquez, divulgador y activista por la desprohibición.

¿Podemos afirmar que el curso online de La Términa reivindica este flanco, el de la sociedad civil?

Podemos decir que reivindica dos flancos, el de la sociedad civil, por supuesto, y el de la sociedad ilustrada y el ámbito científico e investigativo. Hay una vertiente social y cultural que es colectiva en este debate que es necesario compartir, paralelamente al tema de los derechos individuales de acceso tanto a la ebriedad como al autoconocimiento. Y la intención de este seminario, y por eso lo dirige una persona de impecable trayectoria e independencia científica como José Carlos Bouso, es compartir el conocimiento y los avances científicos con las personas que estén interesadas en la importancia que han tenido a lo largo de la historia de la Humanidad las plantas psicoactivas a las que se han sumado en la actualidad los psiquedélicos sintetizados en procesos químicos de laboratorio.

A pesar de la letanía prohibicionista, los datos avalan que los consumidores de psiquedélicos son (somos) más felices, más sanos y menos proclives a suicidarnos. Yo, sin ir más lejos, no me he suicidado jamás.

Mira, eso que tenemos en común… ¡ja ja ja!. Hay un elemento que yo creo que es fundamental que pasa por la capacidad que las experiencias con psiquedélicos pueden tener de lograr que tomes conciencia sobre quién eres y en que medida formas parte de algo mucho más grande que tú e interconectado. En ese sentido, aunque se les mire con recelo por parte de quien no conoce sus efectos de que pueden llevarte a una experiencia fuera de la realidad, lo usual, si sabes gestionarlo, es que te hagan ver y entender cuál es realmente la Realidad. Y, si sabes lidiar con ello, eso te puede ayudar a transformarte en una persona más asertiva, resiliente y compasiva. En definitiva, más lúcida. Y ojo, que yo soy el primero que critica el impulso Disney que flota en muchos entornos filoenteogénicos.

MDMA, ibogaína, ayahuasca, psilocibes… la medicina psiquedélica es la gran esperanza blanca de la psiquiatría, y con un invitado inesperado: ¡la ketamina, droga vilipendiada incluso por muchos psiconautas!

Y no nos olvidemos del cannabis, par el que dedicaremos la última jornada, aunque sea una sustancia que comparta algunas características con los psiquedélicos y otras no, pero cuya trayectoria social y legal en los últimos años y su evolución hasta esta integración presente en el mundo de la medicina oficial puede servir como modelo para las otras sustancias de las que hablas. Creo que al hablar de la psiquiatría como el espacio médico principal de desarrollo de la aplicación legalizada de estas sustancias pones también el foco en el problema de las sociedades contemporáneas. Los trastornos psíquicos, emocionales y psicosociales que sufre nuestra sociedad occidental se han convertido en la auténtica pandemia. La capacidad de estas sustancias de resetearte y tomar conciencia del lío en el que estás metido es una herramienta muy poderosa. Pero yo también advierto que su uso debería obligar a cambiar los parámetros de la medicalización actual de la sociedad donde no se pretende sanar a los pacientes sino convertirlos en crónicos. En ese sentido, siendo potencialmente muchas de estas sustancias mucho más eficaces en tratar la raíz de los problemas psicosociales actuales (ansiedad, depresión estrés, neurosis compulsiva…) usarlas significará ponerse de acuerdo en que se pretende curar de verdad y no mantenerte de por vida enganchado a unas pastillas.

Clara Sativa, periodista y líder del proyecto Cannábicas.

Conocida como es la codicia de las farmacéuticas, ¿corremos el riesgo de que, en sus manos, estas moléculas se conviertan en drogas de abuso, cronificando su uso, tal y como dices?

Estando la codicia de por medio, nada es descartable. Yo tengo un optimismo moderado, sin embargo de que algunas cosas cambien. No digo a nivel global ni en los ámbitos de influencia del poder, sino, sobre todo en esos sectores de la sociedad civil que de alguna manera deberemos tender a hacernos cada vez más independientes, en la medida en que se nos permita de todos esos poderes que cada vez nos constriñen más. La lucha por los derechos no sólo a la ebriedad sino al tipo de relaciones que mantenemos entre nosotros y con nuestro planeta es hoy más crucial que nunca. Y esa lucha debe ser mucho más imaginativa, tener otras estrategias.

¿Por ejemplo?

Entre otras, creo, la de no ser tan ingenuos de pensar que al acceder a los ámbitos de poder puedes cambiar sus objetivos. No, la estructura de poder te cambia a ti. Tendremos que aprender a convivir en varios niveles de realidad. Luego, por lo que respecta a la cronificación de uso hay un elemento en estas moléculas y sustancias que, como sabemos, no generan adicción físico-química directa como si lo hacen numerosísimas sustancias. Y también que no será lo mismo una experiencia enteogénica ritual como vía de autoconocimiento, que una dosis prescripta de THC para paliar vómitos durante una quimioterapia. La medicina oficial no va a usar estas sustancias nunca en los ámbitos en los que la mayoría nos hemos hecho mayores con ellas. Es decir, que probablemente gente como tú y como yo que no salimos de suicidio los findes y que nos sentimos razonablemente sanos no vamos a tener ni media oportunidad de irnos a la farmacia comprarnos el el Psilocinatol o el Ayahuascardín porque no nos lo van a recetar hasta que no tengamos un diagnóstico que nos lo permita. Yo lo que deseo es que a estas sustancias, una vez se medicalicen, puedan convivir con el uso tradicional fitoterapéutico de otras. Por ejemplo, se usan extractos de camomilla en muchos productos farmacéuticos y tú puedes seguir cultivando manzanilla en tu jardín para hacerte una infusión. El debate estará ahí. En que junto al Sativex, tú puedas tener tu plantita de maría en casa sin temor a que te la quite un Guardia Civil o te denuncie el mismo vecino que ponía a todo trapo el himno de España durante el confinamiento a la hora del aplauso a l@s enfermer@s.

Ya tardas en inscribirte al curso online ‘Drogas psiquedélicas y plantas de poder: qué son y para qué sirven’, organizado por La Térmica de Málaga: 30 euros, que no es dinero.

Más información en Cannopia y Plantaforma.