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En estos atribulados tiempos de pandemia, las autoridades sanitarias insisten con las dos o tres recetas para evitar el coronavirus: distancia social, higiene y la salvífica vacuna que nos librará para siempre (esperemos) del coronavirus.

Pero hay quien cree que podemos hacer más, mucho más, para protegernos eficazmente de esta y otras enfermedades sin necesidad de recurrir a vacunas ni medicamentos. Y no, no se trata de conspiranoides ni de grupos antivacunas. Me estoy refiriendo a Wim Hof, el holandés que está revolucionando la ciencia en torno al cuerpo humano gracias a su método, una combinación de meditación, respiración y exposición a bajas temperaturas, que permite al practicante conseguir algo que, supuestamente, era imposible: controlar a voluntad el propio sistema inmune.

Si no has oído hablar nunca de Wim Hof, te recomiendo que vas primero alguno de los numerosos documentales sobre el holandés que hay en YouTube, por ejemplo el ya clásico ‘The Iceman’, de Vice, o este otro de Yes Theory, que sigue el mismo patrón, el único posible con Hof: pruébalo en tus propias carnes y luego me cuentas.

Y es que la primera vez que ves en acción a Wim Hof, sumergido en agua gélida o subiendo el Everest en calzoncillos, piensas que se trata de un superhombre o tal vez de un colgado, o una combinación de ambos: un superhombre colgado. Pero lo interesante de su método es que cualquiera que lo practique con una cierta disciplina va a conseguir los mismos beneficios en un plazo asombrosamente corto. ¿Y de qué beneficios hablo? Pues, sin ir más lejos, no volver a caer enfermo.

Ya estoy imaginando el rictus de desaprobación del lector: ¿reforzar el sistema inmune con la respiración?, ¿no volver a enfermar tomando duchas de agua fría? Yo mismo era escéptico de la eficacia del método Win Hof y, como yo, muchos científicos. Pero el holandés está tan convencido de que funciona que, siempre que ha tenido ocasión, se ha puesto a disposición de la ciencia para cotejar sus afirmaciones… y no solo con su extraordinario físico sino también con el de sus pupilos, algunos neóficos en el método.

En 2010, Matthijs Kox, un inmunólogo del Radboud University Medical Center de Nijmegen (Holanda) se propuso estudiar la eficacia del método Hof, convencido de que, una vez sometido a condiciones de laboratorio, quedaría patente el “truco”.

Kox y su colaborador Petter Picckers inyectaron en el cuerpo de Hof una toxina bacteriana, Escherichia coli, que induce temporalmente fiebre, dolor de cabeza y escalofríos [el experimento completo está detallado aquí y aquí]. Hof “combatió” la toxina mediante sus ejercicios respiratorios y, efectivamente, su cuerpo no reaccionó como el de la mayoría de la gente, no mostró síntomas de inflamación y no se detectaron las previsibles proteínas inflamatorias en la sangre.

A continuación, se decidió hacer una investigación más amplia con 24 personas, 12 de un grupo de control y otros 12 que se someterían al método de Win Hof, tras entrenarse durante una semana en las montañas de Polonia. Los resultados fueron publicados en la revista científica PNAS con el título de Voluntary activation of the sympathetic nervous system and attenuation of the innate immune response in humans’, firmado el doctor Kox y otros seis prestigiosos médicos holandeses.

Los resultados fueron concluyentes, según explica la revista Ciencia y Salud: «Los participantes entrenados mostraron menos y más leves síntomas tipo gripe, su concentración de proteínas sanguíneas asociadas con la inflamación fue menor y mostraban una mayor concentración de interleuquina-10, una proteína antiinflamatoria».

Según los propios autores del artículo, «hasta ahora, el sistema nervioso autónomo y el sistema inmunitario innato se miraban como sistemas que no podían ser influenciados voluntariamente. El presente estudio demuestra que, a través de prácticas técnicas aprendidas en un programa de capacitación a corto plazo, el sistema nervioso simpático y el sistema inmunitario pueden ser, de hecho, influenciados voluntariamente. Voluntarios sanos practicando las técnicas aprendidas exhibieron un profundo aumento en la liberación de adrenalina, lo que a su vez condujo a aumentar la producción de mediadores antiinflamatorios y a una posterior amortiguación de la respuesta de citoquinas proinflamatorias provocada por la administración intravenosa de una endotoxina bacteriana. Este estudio podría tener importantes implicaciones para el tratamiento de una variedad de condiciones asociadas con la inflamación excesiva o persistente, especialmente en las enfermedades autoinmunes en el que las terapias que antagonizan las citocinas proinflamatorias muestran grandes beneficios».

El estudio se llevó a cabo hace más de una década, pero vuelve a estar de plena actualidad por la emergencia sanitaria que ha provocado el coronavirus en todo el mundo. En un vídeo reciente, Win Hof insiste en que «podemos hacer mucho más para luchar contra el coronavirus: podemos potenciar nuestro sistema inmune (todo basando en evidencias científicas) de una forma casi instantánea (…) La elección es tuya y no hay ningún dogma detrás». En los comentarios del vídeo varias personas enfermas del Covid relatan cómo su salud ha mejorado ostensiblemente tras practicar el método de respiración de Win Hof. Quince minutos diarios son suficientes para protegerse del temido virus.

Con información de Ciencia y Salud, PNAS y Wim Hof.