¡Comparte este artículo!

En el Londres victoriano las masas de desarrapados tenían tres opciones para dormir. La más barata era un banco en la calle, pero las posibilidades de sobrevivir a la gélida noche y a los felones que la pueblan eran escasas. La más “lujosa” era dormir bajo techo en una suerte de ataúd de cartón por cuatro peniques en las llamadas Doss Houses:

Y, en la categoría intermedia, estaba dormir colgado sobre una cuerda enganchada entre dos pareces por la mitad de precio: dos peniques. Esta modalidad era la predilecta de marineros, borrachos y otras gentes de mal vivir, que se gastaban sus últimos peniques en dormir la mona de esta guisa. De ahí viene la palabra “hangover” (resaca) y la frase “sleep tight, don’t let the bed bugs bite” (“duerme estirado [la cuerda], no dejes que te piquen las chinches”).

El servicio de habitaciones estaba a la altura del alojamiento. Según describe George Orwell en su libro biográfico ‘Down and Out in Paris and London’ (1933):

 “En el Twopeeny Hangover, los clientes se sientan en fila en un banco; hay una cuerda en frente de ellos y se cuelgan como si estuvieran asomados a una valla. Un hombre, sarcásticamente llamado “el mayordomo”, corta la cuerda a las cinco de la mañana. Yo nunca he estado allí, pero Bozo ha ido bastante a menudo. Le pregunté cómo era posible dormir en esa postura, y me respondió que era más cómodo de lo que parecía, de cualquier forma, mejor que en el suelo desnudo”.

Según parece, los “hoteles” de la cuerda existieron también en París un siglo antes. Honoré de Balzac relata en su novela ‘La peau de chagrin’ (‘La piel de zapa’): “Veremos si acabas durmiendo en un árbol en los Campos Elíseos, o en uno de esas moradas filantrópicas en las que los vagabundos duermen en una cuerda por dos peniques”.

Con información de Wikipedia, Earthly Mission y Down and Out.