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El Jim Dinamita que cantaba Burning en su famosa canción no era un personaje imaginario, sino un tipo peligroso, que acechaba a los chavales de La Elipa cuando cruzaban la M-30 y se internaban en Ventas, territorio comanche. Los Burning eran de La Elipa y también fueron pandilleros, pero respetaban y temían a Jim Dinamita:

«Ahora todo eso ha desaparecido, sobre todo porque todos han muerto o se convirtieron en delincuentes, traficantes… y no tardaron en llegar los muertos», cuenta uno de los informantes de Iñaki Domínguez en su nuevo libro, ‘Macarras interseculares, una historia de Madrid a través de sus mitos callejeros’ (Melusina, 2020). Y continúa: «Había verdaderas peleas: había que ir con cuidado. En los bares te encontrabas con gente en plan chula. Ventas, La Elipa, Usera y Vallecas eran barrios donde no podías entrar tranquilamente a cualquier local, tenías que tener cuidado. Había navajas en todas partes».

Iñaki Domínguez, que es antropólogo y tiene mucha calle, sabe que la antropología lo mismo sirve para estudiar a las lejanas tribus del Pacífico sur como para poner la lupa sobre las tribus de tu barrio, las bandas de tu ciudad. Y para ello hace un auténtico trabajo de campo: se entrevista con macarras de leyenda (Dum Dum Pacheco y su banda de los Ojos Negros, de la que ya hablamos aquí) y con supervivientes de la “necia droga”, que arrasó la capital durante los 70 y 80, cuando los barrios de la periferia de Madrid no tenía nada que envidiar al Nueva York de los Warriors.

El mapa que ilustra este artículo aparece en el interior de cubierta del libro que acaba de publicar la editorial Melusina en un Madrid paradójicamente fantasmal, lejos de las calles y plazas donde los madrileños hemos hecho nuestra vida.

En la zona de Argüelles y Malasaña campaba por sus respetos en los años 80 la banda de los Franceses, unos temible rockers, hijos de trabajadores emigrados a Francia en la posguerra. De la violencia gratuita de aquella época recela Juanma el Terrible, también rocker, boxeador y leyenda de la noche madrileña: «Yo nunca me he sentido culpable, porque nunca he sido un matón. Si me he metido a pegarme, ha sido siempre a defender a alguien. Había muchos matones por entonces. De hecho, surgieron matones que se cargaron la esencia caballeresca rockera: del combate de uno contra uno», recuerda Juanma el Terrible a Domínguez en el libro.

Rockers en los 80. Foto de Miguel Trillo: «Está hecha en 1983 en una plaza de Parla. Esa tarde tocaba el grupo de rockabilly de allí Tennessee y hubo peleas y carreras por la calle entre bandas de rockers», según cuenta el propio fotógrafo.

Los enemigos naturales de los rockers eran, cómo no, los mods, pero se trataba de un antagonismo estético e importado, concretamente de Inglaterra y de las famosas peleas entre ambas tribus urbanas en Brighton, en el verano de 1964, que popularizó la película ‘Quadrophenia’. En Madrid peleas hubo, claro, incluso alguna batalla campal que se relata en el libro.

Aquellos rockers que ya son casi una especie en extinción en Madrid, fueron el germen de Los Centuriones de Madrid, una banda de moteros de estética cuasi-nazi que impuso su ley en Malasaña en los años 90.

Si bien los barrios de la periferia fueron el entorno natural para la proliferación de las tribus urbanas –ese espacio de penumbra entre la ciudad y el campo que era el paisaje de nuestra infancia en Moratalaz, Vicálvaro o Carabanchel-, lo cierto es que el fenómeno de las bandas no entendía ni de barrios ni de clases sociales. Ahí está la Banda del Moco, unos “pijos malos” del Parque de Berlín que daban palos a otros pijos en Pachá y alrededores. Domínguez entrevista nada menos que al fundador de la Panda del Moco, el Francés, que aporta impagable material gráfico y desvela el desternillante origen del nombre de la pandilla.

El libro va adentrándose en los noventa y principios de este siglo (de ahí lo de “interseculares”) y por sus páginas desfilan los skaters, los sharps, grafiteros, raperos, skinheads y otras faunas de Tetuán, Lavapiés, Usera, la Prospe, Arganda o Pío XII. ‘Macarras interseculares’ es un libro imprescindible sobre las calles de Madrid y sus leyendas, leyendas orales que por fin quedan plasmadas en negro sobre blanco y servirán de guía para los investigadores del futuro.

Ya estás tardando en hacerte con ‘Macarras interseculares’. Puedes seguir a Iñaki Domínguez en Twitter.

BONUS TRACK: La banda de los Ojos Negros, los matones de Carabanchel que impulsaron la carrera de Camilo Sesto