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Enrique Mantecón (Kike para los amigos) empezó a escribir su libro ‘Nunca se sabe’ (ELA) a principios de 2020, coincidiendo nada casualmente con la concepción de su hija Minea. ‘Nunca se sabe’ es mucho más que un libro de viajes, es un libro de filosofía, de enseñanzas de la vida, arqueología, historia y conexión con lo sagrado. Entrevistamos a Mantecón en su casa de Ibiza, desde donde está a punto de dar el próximo salto… ¿A dónde? Nunca se sabe…

Aquí puedes escuchar la entrevista completa:

Este libro ha sido todo un parto.

Pues sí: coincidió casi totalmente con el embarazo y el nacimiento de nuestra hija, Minea. Empecé a escribir el libro el 11 de enero que, según nuestros cálculos, fue el día que tuvo lugar la concepción. Los nueve meses del embarazo fueron los que tardé en escribir el libro, que terminé una hora antes del parto, el 10 de octubre. Efectivamente, fue todo un parto.

¿Es ‘Nunca se sabe’ un libro de viajes?

Es un libro más de experiencias que de viajes, si bien es cierto que aparecen unos 26 países de los cinco continentes. En este sentido, sí es un libro de viajes.

¿Es el epílogo del Kike viajero?

No, está empezando. Estos últimos treinta años eran el aperitivo (ríe). Hemos tenido dos años de barbecho, porque la niña necesita un nido y por eso y por la pandemia, hemos aprovechado para quedarnos dos años en Ibiza. Ahora que nos tenemos que ir de la isla vamos a seguir viajando, pero de otra manera. Para entendernos, los futuros capítulos del libro los podría leer mi madre.

¿Los actuales, no?

Ha tenido que saltarse la mitad del libro porque le daban palpitaciones.

Pon un ejemplo.

Hay un capítulo en el que a un amigo y a mí nos cae una roca encima y estamos a punto de morir aplastados. Eso no lo pudo leer. Otro tanto con el atentado de Bombay, tres días rodeados de terroristas y disparos. No es un trago fácil para una madre, incluso si has sobrevivido de la experiencia, como es el caso.

¿Le contaste en su momento estas historias a tu madre o se las dabas a entender?

Se las daba a entender. Por ejemplo, cuando pillé la malaria en África y estuve cinco días agonizando con 40 de fiebre se dio cuenta porque le mandé un mensaje que decía “Estoy bien”, cuando mis mensajes habituales eran más bien “¡Estoy flipando!”. Entonces mi madre pensó “Este está fatal”. (Risas). Yo le digo que no debería sufrir, porque cada capítulo acaba bien: con el protagonista vivo.

Uno puede pensar que tú viajas con intención de sufrir o por lo menos te recreas en estas experiencias duras.

Es cierto que, a toro pasado, cada experiencia dura a la que has sobrevivido es una gozada, pero en el momento he sufrido pensando que mi amigo estaba muriendo o que yo mismo estaba muriendo de malaria. Eso es un terror absoluto. Cada momento terrorífico lo disfruto porque siempre ha acabado bien, tanto yo como mis compañeros de viaje.

Los grandes viajeros, se me ocurre Bruce Chatwin o nuestro querido De la Quadra Salcedo, parece que en ocasiones buscáis situaciones extremas para o bien tener una descarga de adrenalina o tener una anécdota que contar.

Puede que a nivel subsconsciente sea como dices, no lo sé. Hay un capítulo que hablo de la supuesta tumba de Jesús en India. Para llegar allí podría haber ido en autobús pero preferí caminar durante diez días por el desierto, sin comida, bebiendo de los ríos y colándome cada noche en un monasterio. ¿Buscaba adrenalina? No, buscaba una experiencia de peregrinación. Cuando hay algo de esfuerzo en la peregrinación hay una recompensa, se valor más el viaje. Yo creo que las cosas más potentes que narro en el libro no han sido buscadas, por eso se llama ‘Nunca se sabe’ y no ‘Me la estoy buscando’. Los 27 capítulos que conforman el libro tienen en común las sorpresas que me da la vida.

¿Por qué esta afición a colarte en los sitios, a ser posible sitios sagrados?

El capítulo se llama ‘Grandes coladas’ y lo que cuento ahí ha prescrito, así que no me pueden juzgar por ello. En el libro no incito en ningún momento a hacer el mal pero sí que digo que cuando vas a visitar los lugares sagrados, generalmente estás rodeado de cientos de turistas, guardias de seguridad y entonces no se puede captar la sutilidad del lugar. Una de las sutilidades es, por ejemplo, la luz de la luna, lo que explica que la mayoría de las coladas sean nocturnas. No es lo mismo entrar en una catedral gótica por el día que subirte por los andamios y entrar a través del pararrayos por la noche. Así me he colado en seis catedrales góticas. Pirámides en Egipto, templos tibetanos, chinos, monasterios… en cuanto he visto un andamio se me ha acelerado el corazón y he querido subir ahí. Ojo, nunca he robado ni cogido nada mío. Tan sólo quería vivir la sensación de disfrutar un lugar sagrado y prohibido. Obviamente, si me hubieran pillado ahí hubiera tenido problemas pero la vida es riesgo, ¿no?

¿Cuál es el lugar sagrado que más te ha impresionado?

La pirámide de Keops y Hampi, en la India, que es mucho más que un lugar sagrado -el Templo de Shiva, que tiene 5.000 años- sino todo el pueblo está lleno de templos, de santones. Es un lugar legendario en el que tu mente está más allá del tiempo, es como si estuvieras en una época mítica.

Tú te dedicas al turismo y, sin embargo y como dices, cuánto daño ha hecho el turismo a los viajes…

El turismo se ha cargado los lugares sagrados. También debo decir que gracias a la industria turística muchos de estos lugares han sido recuperados por la arqueología. La maquinaria del turismo ha rescatado a muchísimos sitios que estarían bajo tierra, porque la arqueología es carísima, y muchos de estos lugares han sido rescatados con el dinero del turismo. Quiero pensar que en un futuro lejano, el turismo habrá desaparecido y la gente de las aldeas volverá a estos lugares sagrados.

Qué diferencia cuando estás dentro de una peregrinación o cuando estás dentro de una multitud de turistas haciéndose selfies.

Lo que te disturba no es la gente. En los templos de Hampi he tenido aún más conexión en el día más sagrado de Shiva, cuando acudían decenas de miles de peregrinos. Lo que cambia es la intención: esas personas van todas con una intención, que conlleva una actitud y unos rituales. Entonces la energía que tienes tú la tiene todo el mundo a tu alrededor. La intención del turismo es otra: hay quien va por cultura, otros por curiosidad y otros para sacarse fotos. Lo que está claro es que la intención es mucho más dispersa. Por tanto, el turismo es desconcertante. En los viajes que hacemos nosotros en Más Allá del Viaje intentamos que sean grupos pequeños -10 o 12 personas- y que sea un viaje consciente. No los considero viajes espirituales, porque creo que somos espíritus teniendo una experiencia material, pero en esos viajes siempre intentamos que haya algo de consciencia.

 

Beatriz y Kike, Más Allá del Viaje.

El epicentro de tus aventuras es Asia, especialmente la India, si bien últimamente parece que estás descubriendo América…

Sí. Me tiré 12 o 13 viajes yendo a la India, a China, Mongolia, porque Asia es muy facilita: hay poco violencia, es barato y es como estar en un cuento. América también, pero es un continente más recio, más duro. No son países tan seguros, el precio es más elevado… son países bravos. El camino espiritual de Oriente, meditativo y relajado, no tiene nada que ver con el Camino Rojo. Lo que he visto en Perú, Ecuador, Bolivia y México me parece tan potente como Asia, si bien por otro canal.

¿Qué le pasa a Europa a nivel espiritual? ¿Ha perdido la devoción?

Haberla, hayla, lo que pasa es que está como ausente. Cuando vas a Asia, ves la devoción de la gente, orando a Ganesha, llevando ofrendas a Shiva… En Europa, el catolicismo ha suplantado a toda la espiritualidad ancestral desde hace 30.000 años. Es muy difícil conectar con esa espiritualidad primigenia, para tocar la espiritualidad plena, original, tienes que ir a las cuevas, a los círculos de piedra, lo que está debajo de la capa cristiana. En el libro hablo mucho del poder de las catedrales góticas, su geometría sagrada, el lugar telúrico que hay dentro. El problema es que cuando vas a una catedral gótica sólo ves turistas, a no ser que vayas a la hora de misa, que suele ser algo recia. Para conectar con la espiritualidad de Europa yo suelo ir a los lugares neolíticos, en Inglaterra con las ley lines, de Sant Michael y Sant Mary estás yendo a sitios milenarios en los que aún se percibe esa espiritualidad. Tienes que ir con los sentidos mucho más afinados porque hay que tener en cuenta que la Iglesia católica niega todo lo referido a las energías de la tierra, niega los centros de poder ancestrales.

Los niega pero los utiliza…

En Chartres hay un cartel frente al altar que dice “Esto no es un lugar mágico, no de culto ancestral”. Simplemente tienes que tachar el “no” para saber en qué lugar estás. Entonces ves que donde está el altar de la catedral gótica, antes había una catedral románica, antes una carolingia, una merovingia, antes una romana y antes de ésta, hace 5.000 años, era la capital del país de los canutos (más risas), y allí había un círculo de piedras, donde están ahora las columnas del coro. Ahora sabemos que debajo del altar, a 33 metros, hay un río subterráneo que da la vuelta y ésa era la “sede” la “universidad druida”, hace 2.500 años, era el lugar en el que se reunían los druidas de toda Europa. Pero es que 2.000 años antes ya existía otro círculo de piedra. Por tanto, hace 4.000 años ya había peregrinaciones desde lo que hoy es Chartres hasta Santiago de Compostela. Yo no soy de sentir mucho estas cosas, pero al entrar en Chartres he sentido cómo se me aceleraba el corazón y me temblaban las piernas, no sólo a mí sino a mi hermano y a varias personas (y sin tomar nada).

Una vez más os colastéis en una zona prohibida.

Así es, el coro. En la época anterior al cristianismo, los lugares sagrados eran para el pueblo, ésa es la principal diferencia. En aquella época el pueblo bailaba alrededor de los círculos de piedra para cargarse de energía. Es una energía telúrica, que puede venir de las fallas de la tierra o de los ríos subterráneos, que crean corrientes electromagnéticas. Las piedras de granito que ponen ahí también recogen todos los fotones y neutrinos de las estrellas, actúan como antenas. Estos centros de poder antiguas unían estas energías telúricas con la energía cósmica. Me refiero a energías reales, palpables, si bien muy sutiles. Lo que no se puede negar es que cuando llegas a un sitio y te empiezan a temblar las piernas, intuyes que ahí debajo hay algo. Quizá la ciencia no es capaz de medir esto y lo que hace es negarlo. Para mí debería ser un poco más humilde. El mundo en que vivimos es una tecnocracia, en occidente estamos un poco perdidos, desconectados de la espiritualidad. Todas las culturas antiguas nos han dicho que ésa es la parte más importante de la realidad, precisamente la que niega la visión tecnocentrista del mundo. La parte a la que nosotros le damos poder es la que la sabiduría ancestral considera “Maia”, ilusión.

¿Podemos hablar de una suerte de incautación de los lugares de poder por parte de los cristianos?

Sí, definitivamente. En estos lugares el pueblo iba a danzar en los eclipses, en los equinoccios, en las noches de luna, iban a cargarse de energía. Podía haber un líder religioso que estructuraba el ritual pero era la misma gente quien entraba en comunión directa. No había un dealer, no había un traficante de espiritualidad. El cristianismo sacraliza el lugar, pero uno de los significados de “sagrado” es “prohibido”, de modo que el altar mayor se convierte en un espacio exclusivo para el sacerdote. En muchas de las catedrales góticas encima del altar está el crucero y la antena de cobre que canaliza la energía cósmica y la une con la telúrica, y esa energía recae exclusivamente en el sumo sacerdote, quienes tienen acceso. Ya no es para el pueblo. El cristiano pierde el contacto con la energía cosmo-telúrica, y el sacerdote se la proporciona.

Para terminar, ¿quién crees que debería leer el libro?

Cualquier persona que quiera viajar sin salir de casa y tenga curiosidad. El libro es una exhortación a la gente de que viva la vida de corazón, de la mejor manera que pueda, ser consciente y deja que la vida te zarandee. Si sales a navegar por el Atlántico tienes que tener las velas bien atadas, unas cartas de navegación, unas bengalas pero luego tienes que confiar en que los vientos te pueden llevar a un destino inesperado.

El entrevistado con el entrevistador y dos seres de otras galaxias.

Puedes conseguir tu ejemplar firmado de ‘Nunca se sabe’ en Más allá del viaje o en tu librería habitual.