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«Este no es un libro para periodistas. Todos los periodistas que conozco saben muchísimo más de periodismo que yo o, en su fuero interno, están convencidos de que saben muchísimo más de periodismo que yo. Es un libro para gente que se está preparando para estudiar periodismo», escribe Miguel Ángel Uriondo en el prólogo de su novísimo libro ‘Cómo lograr evitar que tus hijos estudien periodismo’ (en digital en Amazon, y muy pronto también en papel). Uriondo lleva 25 años vinculado al periodismo,  en medios como La Gaceta de los Negocios o El Español, y recientemente se ha pasado a la comunicación, «que ya no es periodismo, es otra cosa», según reconoce en esta entrevista en la que hablamos sobre periodismo, clicbait, Inteligencia Artificial y la Verdad, esa quimera.

Diseño de portada de Fernando de Córdoba  y prólogo de Miguel Gutiérrez, de La Libreta de Van Gaal.

 2020, pandemia, crisis económica, desplome publicitario. ¿Crees que vamos a poder seguir viviendo mucho tiempo de esta noble profesión?

No sé si la profesión es «noble». Es importante que haya profesionales que cuenten la verdad. Y seguirá habiendo periodistas y medios de comunicación. Pero no creo en una nobleza implícita del oficio. En el libro prevengo mucho contra los excesos de épica y los excesos de los periodistas «camelotianos». Si a los músicos e ilustradores les prometen «darse a conocer» a cambio de trabajar gratis, a los periodistas muchas veces nos quieren pagar en percepción de poder e importancia. Está bien tener aspiraciones elevadas siempre que tengas claro que la realidad es más prosaica. Yo nací como periodista de una agencia de noticias y no puedo respetar más el proceso churrero del periodismo, ir sacando pieza tras pieza de cosas que son verdad sin adornos.

Se dice que, con la eclosión de las redes sociales, YouTube y demás, cada vez es más innecesaria la intermediación del periodista. ¿Crees que tenemos aún algo que aportar a la sopa informativa?

Por descontado. En EEUU existe mucho debate sobre si tenemos que abandonar la objetividad como ideal y sustituirla por otro concepto, el de «claridad moral», y es un debate muy interesante una vez que profundizas en todos sus matices. Igual que es fascinante la polarización extrema y la dramatización de la profesión, de manera que parece que siempre tenemos que apoyar a unos «buenos» y a unos «malos» en función de las expectativas de nuestros lectores, que acaban pesando más que la verdad. Esos son los debates que cuentan. ¿Hacen falta periodistas? Sin discusión. ¿Quién va a contar si no la verdad? ¿Los influencers?

Pero el mismo concepto de verdad está en entredicho. Dice Chomsky que a nadie le importan ya los hechos, y la mayoría de los medios parecen (parecemos) posicionados en la trinchera de una guerra cultural…

Estamos en eso. Pero se produce un fenómeno curioso. Y tiene que ver con la responsabilidad del ciudadano informado. En el libro, Juan Gómez-Jurado habla de algo a lo que no se presta mucha importancia. Nuestra responsabilidad, la de los lectores, que tomamos muchas pequeñas decisiones que influyen en lo que son los medios. El lector inteligente y que es capaz de leer medios sin importar la trinchera, y extraer la verdad donde la va encontrando, siguiendo a sus referentes del día a día, tiene hoy mejor periodismo del que podía disfrutar hace treinta años. Hay una parte de la información que ha sido, es y será elitista. Incluso en el mejor momento de los periódicos en España, eran cientos de miles de lectores. Hoy son millones. No podemos esperar que todos tengan dos dedos de frente.

Cuando los periodistas dominábamos la Tierra. Foto: Corvallis Advocate.

Hagamos un ‘flash-back’, al estilo ‘Amanece que no es poco’: ¿Qué le diría el Uriondo de 2020, a su versión de 1995, a punto de matricularse en CC de la Información?

Jamás renunciaré a nada de lo que me llevó a vivir mi vida como la he vivido. Pero he tenido mucha suerte, y a lo mejor hubiese preferido tener un libro de instrucciones. No creo mucho en los «¿Y si…?» porque a lo mejor si hubiese cambiado algo no tendría lo que tengo. Miro la lista de agradecimientos y me sale gente con la que merece la pena haber vivido. Ayer estuve siguiendo hasta la madrugada a Pablo Rodríguez Suanzes y me imaginé cómo tuvo que sentirse al anunciar el acuerdo alcanzado por los líderes europeos. Ese subidón es maravilloso, como el de una buena exclusiva. Pero no es una droga para todo el mundo.

¿Crees que quedará sitio para medios digitales en abierto con la voracidad de los gigantes de internet, como éste que estamos utilizando para comunicarnos?

Partimos de una situación anómala. Debido a la guerra que libraron El País y El Mundo hace años, partimos de una situación en la que todos los medios en España regalaron su producto a cambio de publicidad, con las consecuencias que eso conlleva. Ahora vamos hacia el escenario contrario: los medios digitales en abierto se enfrentan a los medios de pago, con muros más o menos porosos…. Los medios que cobran pueden permitirse reducir el número de piezas y asegurarse de que son mejores. Porque no dependerán tanto de Comscore. Pero incluso en los que son gratis se ve que es más importante generar contenidos que tengan capacidad de conectar con la audiencia que tirar muchos espaguetis a la pared a ver cuántos se quedan pegados. Porque, además, la Inteligencia Artificial viene con la máquina de tirar espaguetis a la pared. He dedicado muchas páginas a todos los mecanismos que utilizan los medios para generar ese tráfico, y no todos son malos en sí mismos. Lo que hacéis vosotros [Strambotic], por ejemplo, suele gustarme. Porque es inteligente casi siempre. No por usar mecanismos para promocionar dejáis de respetar a vuestro público.

Siempre habrá espacio para eso.

Y aquí llega la gran pregunta: lo que hacemos nosotros, lo que estoy haciendo en este momento, ¿podrá hacerlo la IA mejor que yo a corto plazo?

He recopilado básicamente todos los ejemplos de IA aplicada al periodismo que he encontrado y hace el tipo de trabajo que yo detestaba cuando era periodista. La ironía, la retranca, el sentido del humor en un país que es realmente gracioso… No estamos cerca de ahí, o yo no lo veo. El futuro del periodismo es ese señor que se queja, sin dejar de hacer su trabajo, de que le mandan a Toledo a informar de que hace calor. Lo que sí veremos es un momento en el que la IA nos obligará a hablar cuando antes hubiésemos callado, porque detectará patrones que a lo mejor nosotros no vemos o no buscamos. Le veo más ventajas que inconvenientes. Sí, tendremos deep fakes de presentadores, pero ¿cuántos presentadores se esfuerzan en parecer un deep fake ya de serie? Las máquinas nos van a empujar a ser más humanos. Mi presentador favorito es John Oliver, que no es periodista. Su campaña de publicidad para esta temporada ha sido una foto de cuando era un joven horroroso. Bendito sea lo humano.

¿Qué te ha llevado a escribir este libro? ¿En serio quieres disuadir a los estudiantes de periodismo del futuro?

Para mí era importante escribir este libro justo ahora, porque es un epílogo a 20 años de ejercicio ininterrumpido del periodismo, ahora que he iniciado una carrera en Comunicación. Y no creo que sea lo mismo. Yo tengo competencias que encajan bien en dos oficios diferentes, pero mientras esté en Comunicación no soy periodista. Cada uno lo siente a su manera, pero yo necesito respetar el trabajo de los periodistas con los que trabajo día a día. Hay cosas que son inexcusables, como la necesidad de no mentir, de no decir algo falso a sabiendas. También creo que era importante que un libro así lo escribiese alguien que ha tenido una buena vida como periodista, porque así no hablo desde el rencor o el fracaso. Un amigo me dice que si lo lee alguien que pensase en estudiar periodismo tendrá el conocimiento que se le exige a quienes hoy adquieren preferentes. Yo compré las mías a lo loco y me salió bien. Otros leerán este libro y pensarán: «Ni de coña me meto yo en eso». Y habrá también quien diga: «Sí, esto es lo que yo quiero ser, cueste lo que cueste». Creo que necesitamos más que nunca a periodistas con ese perfil.

Ya estás tardando en pillarte ‘Cómo lograr evitar que tus hijos estudien periodismo’.