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El pasado 26 de marzo, The Guardian publicaba un duro artículo criticando la gestión de la crisis del coronavirus llevada a cabo por el gobierno español: “España es el epicentro de la pandemia mundial tras tomar el relevo de Italia”, escribe el corresponsal Gile Tremlett, y este hecho está motivado por la “lenta respuesta” del país, personalizado en Fernando Simón, cabeza visible del equipo médico de emergencia.

Sin embargo, el rotativo inglés hubiera podido cotejar fácilmente sus afirmaciones con los datos disponibles: si bien es innegable que España es el segundo país en número de fallecidos por Covid-19, por detrás de Italia y superando holgadamente a China, también es cierto que activó el confinamiento (versión dura) mucho antes que el resto de los países europeos, el 13 de marzo, cuando se habían detectado 2.965 casos de coronavirus, tal y como muestra esta infografía:

El Reino Unido, por el contrario, puso en marcha la misma medida esta misma semana, con 6.650 casos, incluyendo al primer ministro, Boris Johnson, que ha hecho el don Tancredo con la enfermedad hasta que ha sido demasiado tarde.

Más perezosa ha sido aún la respuesta en Nueva York, verdadero epicentro de la pandemia en EE.UU., donde ha sido necesario llegar a 19.000 infectados (uno de cada 1.000 habitantes) para poner en marcha un confinamiento blando.

 

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