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«Javier Gurruchaga es poseedor de un sentido del humor agudo, inteligente, sátiro y que admiro mucho. En cierta ocasión, se enteró de que Pablo Milanés estaba convaleciente de una grave operación de cáncer de huesos en el Hospital de La Paz. Javier y Pablo nunca se han llevado bien, por eso me extrañó mucho cuando me pidió que le acompañase para llevarle un regalo a su lecho en el hospital. Me movía la curiosidad sobre el desenlace de esa propuesta, y le acompañé. Pablo, cuando le vio aparecer con la mejor de las sonrisas, todo amor y todo cariño, se mostró igual de sorprendido. La conversación se fue deslizando sobre la gravedad de la enfermedad del cubano, lo efímero de nuestra existencia y el futuro incierto que existe sobre esa maldita enfermedad. Finalmente, después de haber dejado el ambiente calentito, Gurru, al despedirse, le dice:

Pablo, te he traído un detallito que hará que pases entretenido tu estancia aquí.

—Muchas gracias, Javier. No debías de haberte molestado. ¿Qué es?

—Nada, un vídeo de una película que me ha parecido que viene muy al caso

Javier le entregó el video y, cuando el cubano vio la carátula, comenzó a llamarle con todos los insultos imaginables, mientras Javier se despedía «amablemente» del enfermo con una de sus famosas caras. La película era ‘Con la muerte en los talones’, de Hitchcock. El señor Milanés no pareció compartir el fino humor negro del Gurru».

(‘Memorias de un manáger’, Tibu).

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