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Israel puede considerarse uno de los países más avanzados en la lucha contra la COVID, con más de la tercera parte de su población inmunizada gracias a una masiva vacunación realizada a golpe de chequera. Sin embargo, tienen un problema importante con su comunidad religiosa, como demuestran los miles de judíos ultraortodoxos que abarrotaron las calles de la ciudad de Bnei Brak el domingo por la noche para asistir el funeral del rabino Jaim Meir Wosner, que sucumbió al coronavirus el mismo día, lo que supone la última y enésima violación masiva de la comunidad ultraortodoxa de las pautas de salud pública. 

Los más de 10.000 asistentes, según los medios hebreos, no respetaron las normas de distanciamiento y algunos de ellos incluso se enfrentaron con la Policía, que había estado en conversaciones con varios líderes espirituales en las horas inmediatamente posteriores a la muerte del rabino, en un intento por evitar multitudes masivas similares a las observadas en los funerales del mes pasado, donde decenas de miles de personas asistieron a las exequias del rabino Meshulam David Soloveitchik y del rabino Yitzhak Scheiner, que murieron el mismo día tras haber contraído también el coronavirus.

Pero parece que estas negociaciones no dieron sus frutos, ya que miles de sus seguidores estaban decididos a despedir al rabino a pesar de la instalación de varias barreras alrededor del lugar de la procesión, que los asistentes quitaron, lo que provocó enfrentamientos con los policías mientras avanzaba el funeral.

Wosner, de 83 años, era una figura importante de la comunidad ultraortodoxa de Bnei Brak, y contrajo el coronavirus el mes pasado al asistir a la boda de su nieta. Era hijo del rabino Shmuel Wosner, quien fue el principal líder espiritual del jasidismo (o hasidismo, una interpretación mística del judaísmo ortodoxo) durante décadas, hasta su muerte en 2015, a la edad de 101 años.

En aquel entonces unas 100.000 personas asistieron a su funeral; y dos personas murieron debido a las avalanchas que provocó la densa multitud.

En el transcurso de la pandemia, se ha producido una creciente ira pública por las frecuentes violaciones de las reglas de distanciamiento social en la comunidad ultraortodoxa, así como por la aparente pasividad del gobierno para hacer cumplir esas reglas. 

A pesar de que la mortalidad en la comunidad ultraortodoxa es mucho más alta que en cualquier otro grupo social, los legisladores haredíes han criticado los intentos de hacer cumplir las leyes en sus comunidades y han calificado esos esfuerzos de discriminatorios e inútiles.

Mientras tanto, se considera que el primer ministro Benjamin Netanyahu no está dispuesto a enojar a sus socios políticos ultraortodoxos, sin cuyo apoyo no tiene esperanzas de permanecer en el poder.


Más info: Jerusalem Post.