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El camino de la iluminación para la historia de la Región Autónoma del Tíbet pasa por un templo budista a unos 4.300 metros sobre el nivel del mar, el Monasterio Sakya situado en la región de Tsang, a unos 170 kilómetros al norte de la frontera entre el Tíbet y Nepal. Este monasterio fue fundado en 1073 como sede de la secta Sakyapa, una de las escuelas más grandes del budismo tibetano. Y durante el siglo XIII fue también el centro cultural y político del Tíbet.

En 2003 se descubrió una enorme biblioteca en un lugar secreto dentro de este monasterio. Escondida detrás de una pared de 600 metros cuadrados en el gran salón de rezos, en una habitación fría, oscura y, sin embargo, extremadamente notable, se encontró una única estantería de 60 metros de largo y 10 metros de alto que albergaba alrededor de 84.000 sutras y pergaminos escritos a mano en tibetano, sánscrito, chino y mongol; y que cuentan la historia del Tíbet a través del prisma de la filosofía, la ópera, la poesía, la medicina y la geología, entre otras disciplinas. Los ejemplares más antiguos tienen más de 1.000 años y cuenta la leyenda que esta estantería podría sostener todo el monasterio por sí sola incluso si los otros muros se derrumbaran.

Todos los libros de la biblioteca sobrevivieron ilesos a la Revolución Cultural comunista en la última década del gobierno de Mao Zedong de 1966 a 1976 (aunque la mayoría de los monjes del monasterio se vieron obligados a irse) ya que la entrada estuvo sellada y sin tocar durante varios cientos de años. En la actualidad, los textos todavía están siendo descifrados por científicos de la Academia Tibetana de Ciencias Sociales.

Los libros están envueltos parcialmente en pañuelos de seda. Solo el clima frío, a una altitud de 4.280 metros, protege las obras de la descomposición. Pero un libro muy especial se guarda en una vitrina: contiene las enseñanzas de Buda, así como los registros de su vida. El libro tiene 700 años y unas dimensiones impresionantes: dos metros de largo, un metro de ancho y ochenta centímetros de grosor. Por lo tanto, sus páginas deben pasarse con ocho personas. También se necesitan ocho personas para llevarlo ya que es considerado el libro budista más grande del mundo con un peso asombroso de 500 kg. Y todas sus páginas están escritas a mano con letra dorada.

Decir que este monasterio es solo un lugar de culto es quedarse corto. Es un santuario donde los budistas piadosos encuentran paz interior entre estatuas sagradas y thangkas (pinturas de seda tibetanas), pero también un fósil viviente para poner bajo la lupa una región que ha estado varias veces a punto de ser borrada del mapa. Y para los historiadores, sin duda, un impagable museo de reliquias de una época pasada amenazada por los estragos del tiempo.