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El 1994, el Laboratorio Wright de Ohio, predecesor del actual Laboratorio de Investigación de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos, propuso la creación de una bomba química «que hiciese a los soldados enemigos sentirse sexualmente atraídos entre sí». Este centro militar científico (o algo) solicitó al erario público estadounidense la cantidad de 7,5 millones de dólares para desarrollar este ingenio, que contendría un poderoso químico afrodisíaco que debía causar que el «comportamiento homosexual» afectara la «disciplina y la moral en las unidades enemigas».

Los documentos, que se presentaron a las altas esferas militares antes de acabar siendo desclasificados en virtud del Acta de Libertad de Información de los Estados Unidos, describían el arma afrodisíaca como «desagradable pero completamente no letal».

Cómo hacer que el enemigo deje el rifle y le agarre el paquete a su compañero de trinchera

¿Cómo hacer que los pilotos de una escuadrilla de bombarderos rusos abran las cinchas de sus cascos, tiren al suelo los mapas de los objetivos a atacar y se coman el donut sobre las alas de sus Tupolev? ¿O que los soldados de Corea del Norte pongan a Erasure a todo volumen por los altavoces de los puestos fronterizos con su vecino del sur? ¿Y que los miembros del Daesh dejen sus kaláshnikovs para dedicarse a hacer la caídita de Kabul en las cuevas de Bora-Bora? La respuesta que proponía el ejército de EEUU, tan obsesionado con la inexistente relación entre la sexualidad y el ser un buen soldado, era tan simple como su Alto Mando: feromonas.

El Pentágono consideró la creación de un arma hormonal que convertiría a los soldados enemigos en homosexuales, pensando de forma naíf que así que preferirían hacer el amor a la guerra, según documentos del gobierno estadounidense.

Por si no te lo explicaron en el instituto, las feromonas son sustancias químicas secretadas por los seres vivos, con el fin de provocar comportamientos específicos en otros individuos de la misma especie. Como explica la Wikipedia, algunas mariposas, como los machos de la Saturnia  pyri, son capaces de detectar el olor de un hembra a 20 km de distancia gracias a estas esencias.

La ingeniería remota de olores corporales, pretendía que, mediante la descarga de feromonas sexuales femeninas sobre las fuerzas enemigas se podía lograr hacerlas sexualmente atraídas entre sí.

Del dicho al hecho hay un trecho

A pesar de estas teorías (o los anuncios de alguna marca de desodorante), nunca se ha demostrado que ninguna sustancia feromónica influya directamente en el comportamiento humano en un estudio revisado por pares. Aunque unos investigadores suecos del Instituto Karolisnka sí creen (según publicó New York Times en 2005) en la existencia un posible papel de las feromonas humanas en la base biológica de la orientación sexual.

Aaron Belkin, analista político de la Universidad de California en Santa Bárbara declaró que «suponer que rociar a alguien con un químico puede hacerlo gay es ridículo, y suponer que hacer que alguien sea gay lo convertirá en un mal soldado también es ridículo». Que se lo digan a Alejandro Magno, Julio Cesar o a Federico II de Prusia.

También habría que ver si, una vez transformados en gays (imaginamos que temporalmente), los americanos iban a lanzar popper, condones y lubricantes sobre las trincheras del adversario. Por aquello de aumentar la libido. Previsiblemente, el U.S Army aprovecharía entonces el guirigay liado para atacar por la retaguardia. ¡Qué listos ellos!

El Pentágono niega la mayor

Según declaró el teniente coronel Brian Maka a AFP, como se puede leer en Wayback Machine: «El Departamento de Defensa nunca ‘investigó’ tal concepto, sino que un individuo proporcionó un breve documento de concepto con una amplia variedad de ejemplos, que fue rechazado».

Por otro parte, Edward Hammond, del Sunshine Project (una organización con sede en Texas y Alemania que monitoreó hasta el 2008 la investigación y el desarrollo de armas biológicas) insistió siempre en que el Pentágono mentía. «Estas declaraciones son falsas. La propuesta no fue rechazada de plano. Recibido mayor consideración», declaró en la página web del grupo.

Otras estúpidas propuestas de armas de feromonas

Brian Maka sí aceptó la existencia de varias propuestas de armas no letales, incluyendo un producto químico que haría que los enemigos fueran altamente sensibles a la luz solar, u otra que haría que las abejas fueran particularmente agresivas y propensas a atacar a los humanos.

También se consideraron, según los documentos desclasificados, crear una «bomba de sudor», una «bomba de flatulencias» y una «bomba de halitosis». Con todo esto, pretendía conseguir que  «el enemigo oliera tanto que se le pudieran literalmente olfatear para que no se escondiera».

¡Oh, militares que ahora dormiréis inseguros, soñando que en algún laboratorio del planeta se está creando este arma y que cualquier día, después del repertorio de bombas apestosas, os pueden lanzar la bomba gay, haced el amor y no la guerra! O, por lo menos, lavaos.

Con información del New York Times, Wikipedia y Wayback Machine.