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El Ayuntamiento de Madrid ha tenido que dar marcha atrás en su pretensión de borrar un mural dedicado a varias heroínas feministas en el Barrio de la Concepción. La presión de las redes ha conseguido abortar la propuesta de Vox, apoyada por Ciudadanos.

Esto con Franco sí pasaba, claro. Pasaba todos los días: cualquier libro, película, revista o periódico era revisada concienzudamente por el correspondiente censor para poder llegar al público convenientemente mutilada. Sin embargo, en ocasiones algún vigilante de la moral intentó ser más papista que el Papa y se pasó de frenada a la hora de aplicar el celo.

Charete, de la librería Figueroa, mostrando el cuerpo del delito. Foto: Hoy.

En febrero de 1975, con el Caudillo a punto de comprar el billete para el Valle de los Caídos, Cáceres se convirtió en protagonista inopinada de la actualidad nacional e internacional merced al excesivo celo del cabo Piris, un agente de policía local que alcanzó una inusitada fama cuando intentaba proteger las párvulas pupilas de los jóvenes cacereños de los desmanes eróticos de… don Francisco de Goya.

El cabo Piris estaba haciendo la ronda por la calle Moret cuando vio a un grupo de chavales arremolinados ante el escaparate de la librería Figueroa, apreciando las turgentes carnes de una mujer desnuda y haciendo loas apreciaciones anatómicos propios de la circunstancia y de la edad. Ni corto ni perezoso -según relata Sergio Lorenzo en el diario local Hoy– entró en la librería y ordenó a la propietaria que retirara ipso facto del escaparate semejante ofensa a la moral y a las buenas costumbres. De nada sirvió que la buena mujer, Charete Figueroa, le explicara que aquella cochinada no era el póster central del Lib, sino una reproducción de ‘La maja desnuda’ de Goya, la misma que se exhibe en el Museo del Prado.

Ni por esas: aquello era pornografía de la peor clase.

La noticia de la retirada de la lámina de Goya ordenada por el conspicuo cabo Piris se convirtió rápidamente en noticia nacional y, posteriormente, internacional. Fue un “viral” a cámara lenta, como sucedía en aquel entonces el contagio analógico de noticias. En unos meses, el cabo Piris se convirtió en el hazmerreír del mundo civilizado, gracias a su espontáneo acto de censura.

Recuerda el artículo de Lorenzo:

«[…] Periódicos serios y revistas satíricas se mofaron abiertamente, y a Cáceres le pusieron el sambenito de ciudad cateta y provincianaSixto Cámara, (alter ego de Vázquez Montalbán) escribió en ‘Triunfo’: “Puedo escribir la ‘capilla sixtina’ más triste esta noche. Puedo, pero no debo. Porque considero que toda la España sensata debería lanzar una campaña radical de apoyo moral al librero que exhiba el cuadro y a los adolescentes que lo contemplaban, dijeran lo que dijeran. Inundad los escaparates de majas desnudas».

La coña con ‘La maja desnuda de Cáceres’ -como se dio por llamar- prosiguió en forma de viñetas de los principales humoristas de la época, incluyendo a Mingote o la revista El Papus. Aquellos chistes eran -como si dijéramos- los memes de la época.

Pero no quedó ahí la cosa. De los artículos y las viñetas la historia del cabo Piris saltó… ¡a la revista! Prosigue el reportaje nostálgico de Hoy:

Fue tal la fama del caso, que el autor teatral y periodista Antonio D. Olano (1938-2012) estrenó el 26 de septiembre de 1975 la obra cómica ‘La Maja Desnuda de Cáceres’, donde la vedette era la actriz argentina Perla Cristal. En junio de 1976, cuando ya había llegado a las 700 representaciones en el café-teatro Stéfanis de Madrid, el local fue clausurado durante un mes, al considerar que la vedette se saltaba el guión al que había dado el visto bueno la censura, y, al parecer, llegaba a decir que ella era socialista.

Da todo mucha risa porque suena como de otra época, ¿verdad? Pues no crea usted, señor guardia. Han pasado más de 40 años desde aquella puritana anécdota pero hoy en día nos siguen censurando por sacar a la maja desnuda como la pintó Goya, como Dios la trajo al mundo.

En su día, publicamos en  Strambotic un artículo en el que se relataba una historia parecida: de cuando Estados Unidos prohibió por indecente un sello de la maja desnuda. Pues bien, el sello que ilustraba el artículo fue censurado en la miniatura que aparece en Facebook al compartir la publicación. Y es que hoy el cabo Piris no viste casaca de sereno ni lleva gafotas, sino que se llama Zuckenberg y es un empresario modelo, aunque igual de mojigato que el guardia extremeño.

Con información de Hoy y Twitter.