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Corría el año 1982, el rock era aún territorio salvaje y Ozzy Osbourne no era un personaje de un ‘reality show’ sino ex vocalista de la que fue la banda más transgresora de los setenta, Black Sabbath.

Osbourne giraba aquella noche en Des Moines, capital del remoto estado de Iowa, como parte de la gira promocional de su segundo disco en solitario ‘Diary of a mad man’. Las entradas de aquel concierto muestran a Ozzy vestido de “Diabolo” y adornado con una mirada lunática marca de la casa. Aquello prometía.

Y a fe que no defraudó. Un joven fan de Osbourne acudió al concierto con un murciélago vivo pero inconsciente, y, en un momento dado, lo lanzó al escenario, donde Ozzy lo cogió e hizo lo que se le supone a un cantante de ‘hard rock’: arrancarle la cabeza de un bocado ante el delirio de los 5.000 asistentes.

En defensa de Osbourne y antes de que PACMA crucifique al roquero –que, como dice el refrán, nunca muere- debemos apuntar a que pensó que se trataba de un muñeco en forma de un murciélago y no un murciélago de verdad, según explicó años después en sus memorias:

«Inmediatamente, sin embargo, algo se sentía mal. Muy mal. Para empezar, mi boca se llenó instantáneamente de este líquido cálido y sombrío, con el peor regusto que puedas imaginar. Podía sentirlo manchando mis dientes y corriendo por mi barbilla. Entonces la boca del estómago se contrajo. No jodas, pensé. No me estoy comiendo un maldito murciélago, ¿verdad?»

La cabeza del mamífero alado se desprendió, y tras terminar el show, el músico debió acudir al  Broadlawns Medical Center para vacunarse contra la rabia.

En 2001, en una entrevista, el cantante comentó que se trata de aquellos momentos que siempre le recuerdan.  «Siempre me preguntan ¿te gustó, Ozzy? ¿por qué lo hiciste, Ozzy? hasta que muera ¡y luego me desenterrarán y me preguntarán de nuevo!».

Aquella escena trascendió como uno de los momentos más salvajes de la historia del rock y siempre ha estado a mitad de camino entre la verdad y la leyenda. Lo cierto es que en aquella época se veían escenas bastante gruesas durante los conciertos, nada que ver con picnics pop del estilo Rock in Rio. Según cuenta un promotor de la época entrevistado por Des Moines Register:

«Los 60, los 70 y los primeros 80 eran como el Salvaje Oeste del negocio de los directos. Todo nos lo pasábamos por el forro. No había nada parecido a unas reglas».

Ozzy fue el primero, que se sepa, en darle un bocado a un murciélago. Y de aquellos polvos, estos coronavirus.

Con información de La Tercera y Des Moines Register.