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Los bulos han existido siempre, pero ahora son trending topic. A todos nos preocupa la proliferación de información tóxica pero, ¿debería ser el gobierno quien determine qué es verdad? el periodista Juan Soto Ivars lo tiene claro: «El gobierno es el menos indicado, porque está obligado a mentir para mantenerse en el poder».

Aquí puedes escuchar la entrevista, sin cortes, bulos (creemos) ni censuras:


¿Crees que existe algo parecido a la Verdad?

Yo estoy convencido de que existe la mentira, y la verdad existe por oposición a la mentira. Me parece muy escurridiza y muy complicada de establecer en muchos ámbitos. La verdad es algo puro, y la mentira va acumulándose como impureza. Hay cosas que son casi verdad, pero casi siempre contiene algún grado de impureza.

Yo contamino la verdad cuando la interpreto. Esto nos pasa a todos: tenemos sesgos, prejuicios y tiramos residuos en todo lo que miramos. En internet es muy fácil producto muy tóxico, y ahí estamos en el bulo, pero encontrar verdad en asuntos de política es casi imposible.

De algún modo, el observador condiciona el experimento, como sucede en la física cuántica.

Cualquier mensaje que tenga una carga emocional va a afectar de distinta manera a dos personas que tengan unas experiencias distintas. Yo, que no soy periodista, creo que los periodistas tratan de dar una verdad lo menos adulterada posible… pero siempre está adulterada, y el resto tenemos la responsabilidad de no echarnos a la boca lo primero que encontremos, porque puede estar envenenado. Yo siempre intento valorar el grado de pureza y de contaminación de algo antes de engullirlo. A veces me lo trago y luego lo vomito, como cuando compartes algo en Twitter y lo borras al enterarte de que es una noticia falsa, como si la vomitaras.

El debate de los bulos es estéril. Sí que hay cosas que son manifiestamente falsas, que están movidas por intereses pero a mí me preocupan más, esas otras que están entre la verdad y la mentira, y cómo las interpretamos nosotros. Parece increíble que después de escuchar a Trump recomendando el uso de desinfectante haya quien niegue que ha dicho esas palabras. Al final creo que se trata de un problema de civismo, de aceptar que la gente que nos gusta dice cosas que no nos gusta, y viceversa.

¿Es el gobierno el actor más apropiado para determinar qué es verdad y qué no?

Es el menos indicado. Esto lo publicaba en un artículo de Ethic, es un asunto que llevo tiempo pensando. Esta idea de controlar los bulos ya lo intentó el gobierno del PP el 1 de octubre, en el referéndum en Cataluña, y todo el mundo se echó encima, con toda la razón, igual que ahora se echan encima del PSOE y Podemos por intentar lo mismo.

¿Por qué?

El ejercicio del poder es un ejercicio de dosificación de la información. El poder tiene que mentir, no hay ningún político tan bueno como dice ser ni ningún gobierno que no tenga sus manzanas podridas. El propio ejercicio de mantenerte en el poder, que no es fácil, lo tienes que hacer engañando, y no porque no seas honrado sino porque alguien con quien trabajas no lo es. A nivel estatal, todo el mundo hace cosas que son poco electoralistas, y significa que sean malas. Con este asunto del coronavirus hay decisiones que se tienen que tomar, pero que son difíciles, de modo que el gobierno tiene que endulzarlas o incluso ocultarlas. Todo eso es generación de mentira para defender tu posición. ¿Es esa institución quien debe decidir qué es verdad o qué no? No, no puede porque tiene demasiados intereses.

Cuando salieron las primeras revelaciones de Wikileaks, Vargas-Llosa defendió en un artículo la opacidad de ciertas operaciones del gobierno, sin las cuales un estado es inoperante.

Eso por un lado: el poder necesita oscuridad. Más aún en un país imperial como Estados Unidos, un país que mata gente, que hace todo tipo de tropelías ¿qué esperas? Wikileaks en un país así es la muerte. Pero de Wikileaks yo pienso una cosa aún peor. Han pasado nueve años desde las primeras filtraciones y ¿alguien recuerda tres escándalos de Wikileaks? Esa sobrecarga absoluta de cables, emails y noticias, pero ¿qué hemos aprendido? Que todos son unos hijos de puta, sí, pero eso ya lo intuíamos antes.

¿Acaso nos hemos vuelto más cínicos?

Ese es el problema de la transparencia: los estados no pueden ser transparentes porque todo es demasiado complicado, está lleno de complejidades que te quedas con una imagen general que te lleva al cinismo y al nihilismo, y casi estás más indefenso cuando tienes demasiada información que cuando hay menos. Porque la información necesita narrativa, y sin narrativa no hay nada. Los libros que han empezado a salir sobre Wikileaks sí tienen una narrativa, es la historia de un movimiento, pero la información en crudo que nos tiraron a la cara es puro conocimiento prohibido. Ni debemos saberlo ni podemos procesarlo. Tenemos que hacer un pacto con el diablo para poder asimilarlo, y en ese caso nos habremos desnaturalizado, no podemos vivir en una democracia. La democracia necesita engaño.

¿Al menos ha servido para alimentar teorías de la conspiración?

Sí, pero para eso no necesitas información. Algunas de estas filtraciones lo que nos han demostrado es que esos poderes en la sombra son más bien gente cutre. Me acuerdo de aquel retrato robot de Bin Laden que era una mezcla de Raúl y Gaspar Llamazares. El conspiranoico no se cree la torpeza de los servicios secretos, porque suele atribuirles unos poderes que simplemente no tienen.

Recientemente, Ángelo Fasce, filósofo de la ciencia, ponía en duda la capacidad de Newtral o Maldita para determinar la verdad (no para detectar un bulo, ojo): “Los periodistas simplemente no disponen de las herramientas para determinar la verdad”.

Los periodistas intentan conseguir un producto no demasiado contaminado por la mentira. La verdad es lo que queda cuando quitas toda la mentira. Hay gente que está convencida de que lo que dice su partido es verdad y lo defiende a muerte. Esto se ve en el periodismo y en las redes sociales, donde a la gente no le pagan por decir lo mismo que dice Casado o que dice Iglesias, por eso pienso que es un problema transversal. No hace falta que Maruhenda o Ana Pardo de Vera reciban órdenes de arriba, porque todo el sistema, desde el partido que se identifica con ese medio hasta el último lector están pensando exactamente igual, y no toleran como verdad algo que les violente su visión del mundo. Los propios lectores no te perdonan que digas algo que no concuerda con su cosmovisión, y entonces te acusan de mentir. Por eso, siempre apelo a la responsabilidad del lector. Si el lector es un talibán, entonces no hay salvación. Los periodistas estamos con el rollo de la posverdad y los bulos, pero es un discurso estéril si no hay una masa crítica en la ciudadanía. Y no la hay.

Más que lectores, son ‘hoollingans’…

¿Y cuál es la diferencia? El nivel de polarización es deprimente. Y te hablo de mi propia familia y amigos, no “la gente”. Gente muy cercana que se cree de una manera fanática lo que les cuenten y que en persona no son nada hoollingans. Hemos alcanzado tal nivel de fanatismo que los que no se dejan envenenar son casi una aldea gala. Yo estoy muy preocupado por esto.

¿Sesgo de confirmación, quizás?

Es lo que dice Jonathan Haydt en ‘La mente de los justos’. Es un mecanismo que tenemos todos inserto en el software: tú tienes tendencia a darle la razón a gente con la que estás de acuerdo. Haydt cita un experimento en el que dividen dos grupos de gente al azar, y los que han sacado cara empiezan a darse la razón y a pensar mal de los que han sacado cruz. El proceso de identificación es instantáneo, y arbitrario. Ni siquiera tiene que ver con pertenencias a la tribu, se activa con tirar una moneda al aire. ¿Cuánto vamos a dejar que esto nos gobierne? El resultado de esta polarización es la parálisis, porque nadie está dispuesto a negociar. En este contexto, un gobierno de coalición como el actual es casi un milagro.

 Acabas el artículo diciendo: «Mejor tolerar la mentira que privarse de un solo gramo de la verdad». Es un claro alegato contra la censura.

Es un alegato práctico. Si sopesamos pros y contras, si alguien pudiera controlar los bulos y ese alguien tiene intereses, como tiene Newtral, alguna de las cosas que va a tachar como bulos no van a ser bulos sino simples imprecisiones, y ahí vamos a perder algo de verdad. Yo prefiero apelar a la responsabilidad del lector, sea usted crítico y filtre el máximo de mentira posible para quedarse con la verdad menos adulterada.

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