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No son casos aislados. Editoriales que no pagan a los autores o a los traductores de los libros. La más conocida es Malpaso, que desde 2018 acumula impagos y pufos entre sus colaboradores, como ya dimos cuenta el pasado mes de junio en Strambotic.

Un colectivo de traductores y escritores ha creado la página web y la cuenta de Twitter Maltrago para recordar a los lectores que ese libro que tiene entre las manos y está a punto de comprar tiene una plusvalía extra: los honorarios adeudados de los diseñadores, traductores o incluso autores por parte de la editorial.

En la página web, los anónimos autores comparten una docena de fajas con mensajes alegóricos a su situación: “Un apasionante ensayo de la editorial que no paga a sus colaboradores”, “El final de esta novela te sorprenderá: no pagaron por la traducción” o “Uno de los libros más esperados del año, como el sueldo de sus traductoras”.

¿Malpaso? No es la única. Según nos explican los creadores de la página vía email, “detrás de la cuenta de Twitter y el proyecto estamos varias personas hartas de las editoriales que se aprovechan del trabajo de sus colaboradores (traductores, autores, correctores, maquetadores, ilustradores, etc.). En nuestra web invitamos a colaborar a quien quiera, bien con una faja o bien con una foto de un MalLibro envuelto en una de las que se pueden descargar en PDF”.

 

Puede que MalPaso no sea la única aludida, pero la referencia es obvia, tanto por el hashtag #MalTragoPasaYa, un guiño inequívoco a #malpasopagaya, que fue tendencia el verano pasado, como por la inclusión en la página web aparece de la imagen de un libro de Malpaso: ‘Que levante mi mano quien crea en la telequinesis’, de Kurt Vonnegut y traducido (no sabemos si  impagado) por Ramón de España.

La referencia a Malpaso era, por tanto, inevitable, especialmente desde el tiro en el pie que se dio su propietario al intervenir torpemente en Twitter durante #malpasopagaya: “Haber enfocado el tiro con una editorial cuyas prácticas ya no son la comidilla de reuniones privadas, que ya ha traspasado esa frontera de maledicencia gracias a movimientos como #malpasopagaya, haber puesto ese ejemplo que es, a todas vistas, inapelable, nos motiva para poder visibilizar otros problemas del sector, ya que, parafraseando al CM de Malpaso, nuestra cuenta y nuestra web sí que quieren animar la conversación”.

Por desgracia, los impagos en el mundo editorial no son puntuales, sino sistemáticos, según explican desde Maltrago:

“La campaña como tal no existe, porque es un contínuum. Nos explicamos: no vale solo para una editorial, ni para un impago, ni para cuando es Navidad. Nuestra función es la de servir como depósito y registro de malas prácticas dentro de la industria editorial y hacer que esto crezca conforme conozcamos más casos o conforme la gente a la que conocemos del sector de un paso al frente y se sirva de nuestra independencia para denunciar casos similares”.

Pero, ¿quiénes están detrás de Maltrago y por qué ocultan sus nombres? “Hay mucho miedo”, responden. A perder estatus dentro de la industria. A que la naturaleza de ciertas denuncias haga que algunas editoriales tomen nota de nuestros nombres. Pero, al final, estamos hablando de grandes profesionales que se empequeñecen por culpa, precisamente, de haber sido precarizados por lo que son consideradas grandes empresas y es por eso que, aunque hemos recibido muchísimo feedback positivo de gente con peso en el sector, la mayoría ha sido en privado. A veces la industria parece una gran familia, pero más cercana a los Corleone que a la que dirigió Pedro Masó”.

Entre tanto, librerías como la alicantina 80 Mundos han decidido no vender los libros de Malpaso hasta que la editorial pague lo que debe a sus colaboradores. Según resume su propietaria, Carmen Juan, en Twitter:

“Nosotras también devolvimos todo y no ha vuelto a entrar ninguno, dimos orden estricta al distribuidor”.

Malpaso, paga ya, carajo.

Puedes bajarte las fajas en la página web de Maltrago.

 Visto en Twitter. Con información de Strambotic.