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Independientemente de dónde se encuentren los Arcos Dorados de McDonald’s, siempre representan lo mismo: un lugar barato para conseguir una comida rápida, a veces sabrosa, hecha con carne procesada, aceite de canola y sirope de maíz. Estos ingredientes comúnmente toman la forma del Big Mac, pero también integran varias ofertas regionales, como el McShrimp en Rusia, o el pastel de taro en China.

Los propios restaurantes también se desvían en ocasiones de la norma esperada, adoptando las formas de hostales kitch, barberías, y por un breve período en Alemania durante los años 90, un vagón de tren. No nos referimos a un vagón de tren jubilado convertido en restaurante, sino de un vagón comedor real que servía en una ruta de pasajeros de larga distancia. Pero como la multinacional de la comida rápida descubrió arduamente, gestionar un restaurante estacionario es una cosa, y manejar uno que atraviesa un país es algo completamente diferente.

El «McTrain«, como se le conoce extraoficialmente, comenzó su breve andadura en 1992, cuando el Deutsche Bundesbahn (Ferrocarril Federal Alemán) acordó subcontratar el catering en rutas de larga distancia a McDonald’s. La DB permitió a McDonald’s reacondicionar dos de sus vagones restaurante para el programa, instalando freidoras, cafeteras, fuentes de refresco, calentadores de agua, y múltiples pasillos en una cocina de 25 metros cuadrados, aproximadamente la mitad del vagón. Después de un período de prueba en Suiza (aunque hay evidencia de un programa paralelo en ese país), la DB permitió que el McTrain entrara en servicio en el invierno de 1993, asignándolo a la línea Hamburgo-Berchtesgarden que recorre todo el país.

Coche comedor del Deutsche Bundesbahn McDonald’s, fecha desconocida. Flickr: Johannes J. Smit.

McTrain ofrecía menús (presumiblemente desayuno, más tarde almuerzo y cena) que comprenden tanto la oferta estándar de McDonald’s, como algunos platos regionales no disponibles en los Estados Unidos, en particular espaguetis y salchichas vienesas. Según los foros de historia ferroviaria de Alemania, los pasajeros de segunda clase o con asientos mejores podían hacer sus pedidos con camareros itinerantes o simplemente ir al propio vagón comedor con fondo dorado, que ofrecía asientos para 27 personas y plazas de pie para ocho en cuatro mesas.

A pesar de la popularidad de las exportaciones culturales americanas en los antiguos estados del bloque oriental y las regiones que los rodean, el McTrain no tuvo éxito entre los viajeros alemanes. La reputación de barato de McDonald’s hizo que fuera difícil de vender a los viajeros alemanes, especialmente a los ricos, que por entonces estaban acostumbrados a comer mejor en otras rutas. Y a pesar de la percepción de que la comida rápida era barata de producir, el servicio demostró ser cualquier cosa menos barato para el DB y McDonald’s.

Parece ser que el consumo de energía era el doble que el de un coche comedor DB estándar, 90 kilovatios, y logísticamente, la operación resultó ser inusualmente demandante: el reabastecimiento se hacía a través de restaurantes a lo largo de la ruta, lo que complicaba la gestión del inventario, y si uno de los cinco equipos de cocina llegaba tarde a su turno -digamos, después de que el tren se hubiera marchado-, no hacían acto de presencia en absoluto. Asumiendo que el personal de cocina no se trasladara entre trenes en un punto de encuentro predeterminado, sus turnos terminarían con ellos al otro lado del país desde donde empezó su jornada, exigiendo que McDonald’s pagara el alojamiento o el viaje de vuelta.

Para complicar las cosas, McDonald’s se enfrentó a estos problemas durante un período en el que el transporte aéreo de corta distancia estaba empezando a reemplazar al ferrocarril de larga distancia, arrastrando a los pasajeros. Y así, después de dos años de mala recepción, el DB abandonó el McTrain con la publicación de su calendario de invierno de 1995, poniendo fin a este fracaso de un experimento de comida rápida.

Hoy en día, el McTrain sólo vive en las fotografías que ocasionalmente circulan por Internet, así como en los recuerdos de aquellos que se comieron sus Big Macs viendo pasar la campiña alemana.

Artículo original en The Drive. Con fotos y cronología de Trains Depot.