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La hostelería es uno de los sectores más castigados por la crisis del coronavirus. Miles de bares, restaurantes y pubs de toda España han tenido que echar el cierre o están con el agua al cuello por las restricciones de aforo, de horario, la desaparición del turismo y el confinamiento de los parroquianos habituales.

Sin embargo, la máquina recaudatoria del Estado no se detiene ni un minuto: cada mes toca pagar la cuota de autónomos y cada trimestre llega puntual la declaración del IVA, por no hablar de impuestos por actividad y tasas locales.

El Café Septiembre, de Cambre, A Coruña, ha iniciado sin querer una campaña viral para dejar de pagar impuestos mientras dure la “nueva normalidad”. Santiago Dávila, su dueño y único empleado, colgó ayer en Facebook una foto que se ha compartido más de 2.400 veces, muchas de ellas por parte de negocios de hostelería en situación parecida. En ella aparece la plantilla al competo de un restaurante bajo un cartel que dice «No se puede exigir impuestos si prohíbes tener ingresos».

«No se trata de ninguna campaña -me explica por teléfono-. Tan sólo compartí un meme que ya estaba circulando y ha vuelto a hacerse viral, ni siquiera es mi bar y no tengo esa plantilla». Lo que no quita para que esté indignado con la gestión que la Xunta está haciendo de la segunda ola respecto al sector hostelero: «Lo que estoy pidiendo es un poco de coordinación a las administraciones. No es normal que, de un día para otro, nos ordenen cerrar [el sábado entra en vigor el cierre de la hostelería gallega por un mes] y no hasta dentro de quince días no se planteen dar ayudas. Esta vez no es como la primera ola, que nos pilló de sorpresa. Esta vez se veía venir y la Administración debería prever esta situación».

El auténtico Septiembre Café.

Dávila calcula que los ingresos de su local se han reducido entre un 30 y un 40% durante el actual ejercicio y echa la culpa de la segunda ola a las reuniones familiares: «La hostelería es el sector que más ha cumplido con las normas anti-Covid. Si te subes a un autobús no tienes a nadie que pase la bayeta y desinfecte después. Hemos hecho hasta cursos sobre cómo prevenir el coronavirus, pero cuando echamos el cierre a las once, muchos clientes siguen la fiesta en casa, y ahí sí que no hay distanciamiento. De algún modo, la hostelería ha servido de freno a la segunda ola, ahora ya veremos lo que pasa».

Visto en Facebook. Con información de El Diario.