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Tal día como hoy, hace 45 años, nos dejó Francisco Franco Bahamonde, Caudillo de España, una pérdida que muchos siguen llorando a día de hoy. Otro gallo nos hubiera cantado si Franco hubiese aceptado la generosa oferta de un convecino suyo, José Luis Pita Carancho, un gallego que tenía 32 años en 1975, y que ofreció su cuerpo quince días antes de la muerte del Generalísimo para acoger el cerebro de Franco y así perpetuar en un hardware seminuevo el espíritu del dictador.

«El cerebro es como el conductor del coche. Franco era el mejor piloto; y mi cuerpo, el coche, estaba joven y sano. Si hubiesen trasplantado su cerebro a mi cuerpo, ahora él seguiría en El Pardo para bien de todos», explicaba Pita Carancho a un joven Melchor Miralles en una entrevista a Diario 16 en 1982, siete años después de aquella estrambótica oferta y que llega a mis estupefactos ojos gracias a la gentileza de Javier Ochagavía, archivero mayor del Reino.

Por si la historia no fuera lo bastante surrealista, Pita Carancho era el propietario de una próspera empresa de piensos llamada, ojo «Piensos NASA». Todo bien.

La misiva fue enviada por el Ayuntamiento de El Ferrol del Caudillo, que lo remitió al Gobierno Civil, que, a su vez, lo hizo llegar a la secretaría personal de Franco. La carta del ciudadano Pita a su paisano dice así:

«Ante la serie de dolencias y la enfermedad de S.E. el jefe del Estado Generalísimo Franco, que guiado por Dios y por su fiel y leal servicio a la Patria nos ha llevado al puesto privilegiado del que gozamos hoy en España (…), considerándome buen español con un recto sentido del deber y buena conducta pública y privada (…), pongo todo mi ser orgánico al servicio del equipo médico que atiende a S.E».

Por suerte o por desgracia, la ciencia médica no había avanzado lo suficiente en 1975 como para arriesgarse al trasplante de un cerebro senil en el cuerpo de un joven mancebo y la operación ni siquiera se planteó, lo que no deja de ser una pena, porque el Marqués de Villaverde pudiera haber hecho acreedor del Nobel de Medicina con esta operación. Eso sí, la Secretaría de Franco tuvo a bien tomarse la molestia de responder al patriota en los siguientes términos:

«Muy señor mío. A través del Excmo. Sr. Gobernador Civil de esa provincia se ha recibido en esta Secretaría fotocopia del escrito dirigido por usted al señor alcalde presidente del Ayuntamiento de esa localidad, en el que ofrece todo su ser orgánico al equipo médico que atiende a Su Excelencia el Jefe del Estado y Generalísimo. La Excma. Sra. doña Carmen Polo de Franco y demás familiares, así como el equipo médico que atiende a Su Excelencia, profundamente conmovidos por su abnegado y desinteresado ofrecimiento, unido a su afectuoso saludo, le hacen presente su agradecimiento de todo corazón aun cuando ello (el trasplante) no parece sea preciso».

Pues parece que “no fue preciso”, a Dios gracias.

Cómo hubiera sido Franco dentro del lozano cuerpo de José Luis Pita? ¿Hubiese podido sobrevivir el régimen otros cuarenta años con una suerte de Frankenstein a los mandos? Ni lo sabemos ni lo podemos saber, pero desde luego la historia da para una película ucrónica de Pedro Temboury o, qué demonios, para una miniserie de Netflix.

Visto en el Facebook de Javier Ochagavía. El reportaje original es obra de Melchor Miralles, y las transcripciones de los amigos de El Español… ¡gracias!