¡Comparte este artículo!

La pandemia del coronavirus está dejando como efecto colateral indeseado una pandemia peor, si cabe. Una pandemia de tristeza, pobreza y soledad, que está haciendo aflorar patologías y problemas sociales de fondo, dejando a miles de personas en la cuneta del sistema.

Para intentar mitigar esta otra pandemia, un grupo de terapeutas humanistas decidió lanzar el pasado mes de octubre el proyecto Pan y Rosas: atención psicológica (casi) gratuita para los más necesitados. La iniciativa partió de Fernando de Miguel, terapeuta gestáltico, quien movilizó a sus compañeros de promoción de la Escuela de Gestalt Equipo Centro de Madrid para escuchar y atender a esas miles de personas que no pueden pagarse el psicólogo porque apenas tienen para subsistir.

«Terminé la formación en junio, si bien llevo más de diez años metido en el mundo terapéutico -me cuenta Fernando por teléfono-. La terapia llega a quien tiene dinero y no llega nunca a quienes más la necesitan». Por eso, cuando finalizó el largo confinamiento de primavera, De Miguel ideó Pan y Rosas y empezó a buscar locales en el sur de Madrid: «Parece increíble pero me encontré con más de setenta “noes”, había mucho miedo al Covid».

Finalmente, en septiembre, llegó el primer “sí”, el centro social La Villana en Vallecas. Desde hace tres meses, 16 terapeutas atienden a personas en riesgo de exclusión (o directamente excluidas) en sesiones individuales por un precio simbólico: «Pedimos entre 1 y 5 euros a quien pueda pagarlos, es un dinero que sirve para que la gente se comprometa y que va íntegramente al centro social».

Poco después, se sumó al proyecto un segundo centro social, Eko, en Carabanchel (los centros públicos, como puede verse, no saben ni contestan), donde atienden otros 9 terapeutas.

Sin embargo, «paradójicamente no estamos llegando toda la gente que podemos atender. Tenemos capacidad para atender a 40 pacientes y ahora mismo sólo acuden regularmente 18», explica el terapeuta. El motivo es que «la gente que está tirada en la calle no tienen cultura terapéutica. Se trata de una herramienta propia de la clase media y media-alta». De hecho, el perfil más habitual que están encontrando en estos centros es precisamente personas y familias que se han deslizado por la pendiente social de la clase media a la precariedad y la exclusión social: «Los que teníamos algo ahorrado vivimos ahora con lo justo y los que estaban con lo justo se han ido a tomar por culo».

¿Qué efectos ha tenido la pandemia y el confinamiento en la salud mental de la población? El ‘diagnóstico’ de este terapeuta humanista es demoledor: «El confinamiento nos volvió un poco locos a todos y disparó la neurosis en muchas personas. La crisis económica asociada ha sido demoledora; lo emocional y lo económico van de la mano, cuando estás bien de un lado, estás bien de otro. Para rematar, desde los poderes fácticos se nos está instando a que nos separemos, y para la salud mental la cooperación es super importante, es la base para sanar a los pacientes. Es obvio que está sucediendo un cisma social. La palabra que define todo es “miedo” y el miedo es un arma de destrucción masiva».

La crisis social desatada por el coronavirus no ha hecho más que empezar, así que, tristemente, Pan y Rosas es un proyecto con vocación de perpetuarse en el tiempo y extenderse: «Mi idea es abrir centros de apoyo en todos los barrios del sur de Madrid y dar el salto a las cárceles. Los presos sí que son los últimos de la fila en cuanto a cuidad psicológico», remata Fernando de Miguel.

Si quieres información sobre Pan y Rosas escribe a proyectopanyrosas@gmail.com.