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¿Quién necesita drogas, juegos de azar o prostitución cuando ahí fuera hay un océano lleno de viscoso oro negro que solo tienes que coger?

Se trata de una escena cada vez más común en el mar de Japón: en medio de la noche, las patrulleras de la Guardia Costera se encuentran con una potente lancha motora sospechosa, que parece estar pescando; pero cada vez que se acercan para interrogarlos, las planeadoras despegan a velocidades que simplemente no pueden perseguir. 

Lo que están buscando estas lanchas son pepinos de mar, unos equinodermos pescados furtivamente por buceadores que se cargan en estas embarcaciones rápidas y se llevan a puntos de la costa despejados, donde luego se meten en camiones y se preparan para la exportación.

Estas lanchas rápidas pertenecen a la Yakuza, la mafia japonesa, en un creciente problema que ha provocado que el gobierno japonés comience a tomar medidas para endurecer las reglas que rodean las exportaciones de este manjar.

Porque, por extraño que parezca su aspecto, los pepinos de mar tienen un precio altísimo en algunos países como China, donde se utilizan en la cocina como un alimento de lujo y como afrodisiaco popular en la medicina tradicional. 

A principios de los años 90, en las aguas asiáticas comenzaron a desaparecer las distintas especies de pepino de mar que allí existían debido a la sobreexplotación, por lo que los chinos no tuvieron más remedio que comenzar con la búsqueda de nuevas zonas de pesca para abastecer a un mercado cada vez mayor. 

Y un reciente aumento en la demanda de China, ha provocado que los precios de los pepinos de mar secos se disparen hasta los miles de euros por kilogramo. 

Más rentabilidad que el tráfico de drogas

Los pepinos de mar no están tan estrictamente regulados por Japón como otras especies marinas, lo que los hace más fáciles de enviar al extranjero en grandes cantidades sin llamar la atención. Según algunos informes, el mercado negro del pepino de mar puede ser tan lucrativo como las drogas para los grupos del crimen organizado en Japón.

La pena por la pesca furtiva de pepinos de mar es un máximo de seis meses de prisión. Además de una multa de 10.000 yenes (90 euros), lo que ha permitido que la Yakuza se haga con la totalidad del negocio por el mínimo riesgo y la alta rentabilidad que obtienen. Y ha provocado que el gobierno comience a aplicar mano dura.

Por ejemplo, ayer 1 de marzo se produjo el arresto de 10 miembros de la rama Asahikawa de la familia Yamaguchi-gumi, incluido un jefe de 57 años, acusados del tráfico de pepinos de mar. El año pasado, otro jefe de Yamaguchi-gumi fue imputado por posesión de 60 toneladas de pepino de mar. Y se vio obligado a pagar 100 millones de yenes (800.000 euros).

Más recientemente, otros cinco miembros de Yamaguchi-gumi fueron arrestados con 450 kilogramos cuando los descargaban. Aún así, tales arrestos son raros ya que los mafiosos usan barcos más rápidos que los de las autoridades e, incluso, si son atrapados, simplemente pueden arrojar las pruebas al océano.

La subida de los precios y el aumento de la demanda también ha impulsado la explotación en aguas más allá de Japón, por ejemplo en la India, con la participación de otros sindicatos del crimen organizado. El ‘modus operandi’ parece consistir en que los pepinos de mar se pescan de las aguas de la India y se introducen de contrabando en Sri Lanka. De esta manera, los pepinos de mar pueden volverse a exportar a los mercados del Asia sudoriental. 

Pero desde que en Asia escaseó el pepino de mar, los chinos también le echaron el ojo a México, en donde encontraron suficiente pepino de mar a partir de los años 90. De hecho, el Cártel de Sinaloa lleva años explotando este negocio.

En 2015, una barcaza con diez hombres armados se internó por la bocana del puerto de El Cuyo (Yucatán) y atacaron por sorpresa a los tres guardias que custodiaban un almacén frigorífico a las afueras de la población. Dentro de las naves no había drogas, ni obras de arte. Se guardaban tres toneladas y media de pepino de mar precocido y en proceso de deshidratación.  No es un hecho aislado. Pocos días más tarde, la policía federal encontró 17 toneladas de estos equinodermos en el Aeropuerto de Cancún listos para su exportación.

España y el carajo de mar

Un negocio tan jugoso tampoco ha pasado desapercibido en Cádiz. La especie no es desconocida para el gaditano, habita estas costas desde hace millones de años y se le conoce comúnmente como ‘carajo de mar’. Hasta hace tres años, el único uso que podía tener era emplearlo como carnada de pesca. Hasta que se corrió la voz de que es un apreciadísimo manjar en China. Hoy, ya cuesta encontrarlo en playas tan populares como La Caleta, ya que la pesca ilegal los está esquilmando desaforadamente. 

Los pescadores furtivos los pescan y en la misma playa los entregan a una persona que paga la espuerta al momento, unos 70 euros por la capacha, según reconoce la Policía Local. A su vez, los limpian, cocinan y secan para venderlos a chinos residentes en Cádiz, que se encargarán de transportarlos ilegalmente a su país. Los cargan en maletas y viajan con ellos haciendo de mulas

La Policía Local también ha detectado cómo pequeños traficantes de droga se han pasado a pescarlos. De hecho, reconocen cómo las últimas actuaciones se asimilan cada vez más a intervenciones propias del tráfico de drogas: furtivos faenando de noche con zódiacs en zonas escarpadas y con secaderos en las terrazas de sus casas.

El precio del pepino de mar, ‘to the moon’

De las 1.700 especies de pepino de mar (Holothuroidea) que se han descrito a nivel mundial, apenas unas docenas se consideran de importancia comercial. Los pepinos de mar se venden en China típicamente en forma seca, enlatada o congelada, aunque también hay disponibles polvos y extractos. 

La demanda ha aumentado tanto en los últimos años que tienen precios que se cotizan entre 100 y 500 euros el kilo en el mercado asiático. Pero los precios son aún más altos según la calidad y la especie.

La especie tropical más cara, la Holothuria scabra, se vende al por menor hasta por 1.500 euros por kilogramo, y la especie más cara de aguas templadas es el Apostichopus japonicas, que se puede encontrar al por menor hasta por 3.000 euros por kilogramo, por ser una especie que se pescaba en las costas japonesas hasta que la radiación de Fukushima impidió su captura.

En Europa, hay una única especie de pepino de mar que se come, el Parastichopus regalis. Puede encontrarse entre los 50 y los 300 metros de profundidad en fondos arenosos y es uno de los productos de origen marino más caros. Lo que se come son las bandas musculares internas y su precio alcanza los 130 euros el kilo en el mercado.

Estos precios tan elevados conducen a la sobreexplotación, donde pescadores furtivos se desplazan a una zona costera, la explotan plenamente, lo que a menudo conduce a la eliminación de la especie, y luego se desplazarán a otra zona para hacer lo mismo, dejando los ecosistemas locales y a los pescadores devastados.

Los pepinos de mar juegan un papel muy importante en los ecosistemas oceánicos: se introducen en el lecho marino y ayudan a regenerar los fondos en un proceso conocido como bioturbación, por lo que es un importante impulsor de la biodiversidad. También son excelentes biorremediadores, sirven de alimento para algunas especies, y tienen complejas relaciones simbióticas con otras.

Por lo tanto, la extracción de pepinos de mar de un ecosistema en cantidades insostenibles puede tener un grave impacto en ese ecosistema y en los peces que viven en él. Y por supuesto en el propio pepino de mar, lo que ha llevado a que varias subespecies de pepinos de mar estén actualmente en peligro crítico de extinción.


Vía: Jiji.com y Ocean Asia