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El pasado jueves, el mundo volvió a estremecerse por culpa de la barbarie islamista. Un profesor de instituto murió decapitado en París por un checheno de 18 años, que fue inmediatamente abatido por la policía francesa. Samuel Paty se convertía así en la décimo tercera víctima mortal tras la publicación de las caricaturas de Mahoma en el semanario satírico ‘Charlie Hebdo’, tras el sanguinario atentado contra la redacción en 2015.

Sin embargo, los dibujos de los caricaturistas franceses forman parte de una tradición “blasfema” que se inicia hace casi 900 años, en la Abadía de Cluny, a apenas 400 kilómetros de París. Se trata de un pequeño dibujo que aparece en la página 11 de la primera traducción del Corán al latín, titulada como ‘De generatione Mahometi’, recopilado por el abad de Cluny [aquí puedes acceder a un facsímil del original].

Según explica María Gelpí en Facebook: «Cuando en 1142, Pedro el Venerable, abad de Cluny, mandó traducir al latín la colección de textos en árabe conocida con el nombre ‘De generatione Mahometi’, en lo que sería conocido como el Corpus Islamolatino más antiguo, sobre la vida y genealogía del profeta que Alfonso VII le mostró, como posesiones que eran de Cluny en la Península Ibérica, uno de los copistas, alumno aplicado que conocía la obra del abad, pintó al analfabeto de La Meca tal y como se describía en el ‘Compendio de todas las herejías y sectas diabólicas de los sarracenos’: «también de ese mismo modo Mahoma, como algo por todas partes monstruoso, reúne, en palabras de aquel famoso poeta, un cuerpo de caballo y plumas de aves con una cabeza humana».

La tradición iniciada en Cluny se extiende durante toda la Edad Media, según este estudio de Fernando González-Muñoz, de la Universidad de A Coruña: «Entre fines del siglo XII e inicios del XVI encontramos una notable variedad de caricaturas, retratos y escenas de la biografía de Muḥammad en obras de carácter histórico y enciclopédico, de libros de viajes a tierras de Oriente y de textos poéticos; más raramente en escritos de carácter doctrinal».

¿Y quién fue el tal Mahoma cuya representación está prohibida y, como hemos visto, penada con la muerte por los guardianes de la fe islámica? Pues un hábil arribista con grandes dotes políticas e, interesadamente, mesiánicas, según el minucioso retrato que traza John Surena [seudónimo, por motivos obvios] en este artículo: ‘Una historia del Islam que no le va a gustar a nadie (I): la vida de un trepa’.
Rodarán cabezas.

Con información de El Confidencial, El HuffPost, Después no hay nada y Gallica, vía María Gelpí.