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A lo mejor nunca te lo habías preguntado, pero esta cuestión aparece en el nuevo libro de nuestros queridos amigos de Ad Absurdum, ‘El pene perdido de Napoleón… y otras 333 preguntas de la historia. Sin más dilación, vamos a ver este lío de kiwis comunistas.

Todos sabemos que el kiwi es el nombre maorí de un pajarraco obeso y adorable, pero también es el nombre de una fruta, una baya peluda y horrorosa por fuera y por dentro… Pero entonces, ¿por qué comparten nombre?

Kiwi vs kiwis.

Nos encontramos ante uno de los mayores casos de branding, naming y dinering de la Historia, quizá una de las estrategias comerciales capitalistas más interesantes que ha existido.

Esta historia frutal empieza con la introducción del alimento verdimarrón en Nueva Zelanda a principios del siglo XX. Adquirió gran popularidad en ese país, tanta que empezó a cultivarse y consumirse a gran escala. Pero no era suficiente. Algunas empresas productoras comenzaron a pensar a lo grande, y empezaron a maniobrar para introducirlo en el mercado estadounidense.

Pero tenían un problema: el nombre de la fruta.

Para ser un alimento que sirve mayormente para visitar al señor Roca, la verdad es que sufrió todo un proceso de rebranding a lo largo de los años. Pero para saber por qué hubo tantos problemas tenemos que saber de dónde salía el kiwi. Los neozelandeses habían traído el fruto desde China, país en el que era bastante común, pero en el que, como podemos imaginar, no se llamaba kiwi, sino yang tao.

Aquí, recogiendo yang taos.

Ese nombre no hizo mucho furor en Nueva Zelanda, así que allí los productores le cambiaron el nombre por el de grosella china. Ese era más fácil de recordar para los neozelandeses que acudían a las fruterías para adquirir su alivio intestinal. Sin embargo, cuando llegó la hora de mirar hacia otros mercados, sobre todo el estadounidense, los empresarios pensaron que grosella china sonaba demasiado… chino, y, por tanto, COMUNISTA.

Exacto, desde 1949 se había instalado en China una república comunista a cuyo timón había estado el conocido Mao Zedong, así que podemos imaginar qué asquete le tenían a lo chino por aquel entonces. En Estados Unidos no querían ni oler los frutos made in China, así que los productores neozelandeses se sentaron a pensar.

No obstante, tampoco se calentaron mucho la cabeza. Primero llamaron melonette al fruto para ver si asimilando el fruto con los melones la cosa cuajaba. Pero lo que se asimiló más rápido fueron las tasas impuestas a la importación de melones, que se le colocaron a los kiwis como quien no quiere la cosa. Cosas del nombre, dijeron. Entonces los cerebritos del marketing de la empresa neozelandesa Turners and Growers (unos de los productores de kiwis), dieron con la clave: volver a cambiar el nombre.

Propusieron el nombre kiwifruit para que quedase bien claro el origen neozelandés del mismo, ya que, como hemos dicho, los kiwis son las aves, pero también se conoce por ese nombre a los oriundos de ese país. El origen real del fruto quedaba oculto, pero bueno, ya sabemos cómo son estas cosas. Al tiempo que conseguían nacionalizar neozelandés al fruto, puenteaban los impuestos a los melones y vendían esos kiwifruits como algo novedoso y nada parecido a un melón. Y, por supuesto, tampoco chino ni comunista.

Lo siento, no hemos podido evitar poner esto.

El nombre triunfó a partir de la década de los 60, ya que además tuvo mucha prédica en distintos medios y revistas de esas que te dicen que comer donuts está mal. Gracias a ese nombre se consiguieron dos cosas: que a los estadounidenses no les diese grima comprar un producto con nombre chino y cambiar el nombre del fruto a nivel mundial, aunque a nosotros nos haya llegado el diminutivo kiwi en lugar del kiwifruit que sí pervive en la esfera anglosajona.

Hasta aquí la historia del nombre del kiwi. Si quieres descubrir las otras 332 historias de nuestros colegas de Ad Absurdum, puedes ir corriendo a por su libro El pene perdido de Napoleón… y otras 333 preguntas de la Historia y disfrutarlas.