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Shrek, a la izquierda, con su dueño.

Shrek era una oveja merino del montón o, mejor dicho, del rebaño, hasta que un día de 2004 decidió escapar del rebaño y huir a los montes de Nueva Zelanda. La oveja (el “ovejo”, pues era macho) saltó a la fama en 2004 cuando empezaron a circular sus fotos con el enorme “traje” de lana que le había crecido durante los seis años que duró su fuga.

Normalmente, las ovejas merino se esquilan cada año pero Shrek no era una oveja cualquiera y odiaba el trasquilado, así que ideó un plan para evitar para siempre la máquina de esquilar. Durante seis largos años, la oveja estuvo fugada, escondiéndose en cuevas y alimentándose… en fin, del pasto, como cualquier oveja silvestre.

La lana que fue creciendo año tras año alcanzó tal grosor que Shrek se hizo invulnerable al ataque de los lobos, que no conseguían penetrar con sus colmillos su lanuda coraza. En estos seis fríos inviernos neozelandeses, el jersey de lana alcanzó los 27 kilos de peso. Cuando su dueño, John Perriam, la encontró no daba crédito a lo que vio: “Parecía una criatura bíblica”, recuerda.

Pero si a todo cerdo le llega su San Martín, a toda oveja le acaba llegando su rasurado. En 2005 y tras seis años de vida silvestre, Shrek fue finalmente esquilada en un concurrido acto público, dada la fama que había alcanzado la oveja. Con las 60 libras de lana obtenidas se produjeron 20 trajes de hombre, talla XL.

Lo que había debajo del abrigo era una frágil –aunque valiente- ovejita.

Pero más allá de su lana, Shrek se convirtió poco menos que en un héroe nacional en Nueva Zelanda: protagonizó  tres libros infantiles y logró recaudar 150.000 dólares para una fundación de investigación médica. Según señala el diario New Zealand Herald, las exposiciones y obras protagonizadas por el ovino aportaron con 55,7 millones de euros a la economía del país.

Por todo ello, el día que falleció, en 2011, su dueño organizó una misa por su alma en la Iglesia de Buen Pastor, y sus cenizas fueron esparcidas en el Monte Cook, por donde anduvo vagando seis intensos años de libertad. Según contó su dueño, John Perriam, “Shrek se convirtió repentinamente en una estrella del rock y nunca renegó de su destino. Amaba a los niños y a los ancianos. Tan sólo el ver el placer que sentía la gente al estar con ella nos llenaba de satisfacción”.

Nueva Zelanda es un país mayoritariamente poblado por ovejas –40 millones– que conviven con un puñado de humanos -4 millones-.

Con información de Ancient Strambotic y Earth Porn.