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Durante 40 años Juan Carlos I nos ha hecho creer que era “campechano”, cuando en realidad era más bien un “Bribón”, como insinuaba el nombre del velero en el que competía cada año en las prístinas aguas de Mallorca. Su otro barco, el Fortuna, también nos tenía que haber dado una pista: el Emérito ha amasado una fortuna de 2.000 millones de dólares a costa de llevarse una comisión de 1 o 2 dólares por cada barril que España ha comprado a Arabia Saudí, la monarquía hermana.

Nada más que añadir, señor juez. A continuación, siete ejemplos de monarquías que dijeron adiós sin dejar el suelo perdido de sangre.

El rey republicano

El de Bulgaria es un caso digno de estudio. Con tan solo 6 años, Simeón de Bulgaria llegó al trono para dejarlo tres años después y salir del país, tras un referéndum en el que el 93% de los votantes apoyaron la abolición de la monarquía. Hasta aquí todo normal, pacífico y ejemplar para España.

Sin embargo, más de 50 años después, Simeon Borisov Sakskoburggotski volvía a pisar suelo búlgaro para presentarse a las elecciones parlamentarias como líder del partido Movimiento Nacional Simeón II. Ganó las elecciones y, lejos de volver a colocarse la corona búlgara, Simeón se convirtió en el primer rey que baja del trono para llegar a ser, con el paso del tiempo, un primer ministro republicano. ¿Sería Felipe un buen presidente para la Tercera?

Colaborando con militares golpistas

Precisamente para impedir que hubiese un baño de sangre en Grecia, Constantino II, hermano de la Reina Sofía, colaboró con la junta militar que acabó con su reinado al dar un golpe de Estado en 1967. Después de unos meses intentando sin éxito acabar con la nueva dictadura militar, organizando a la parte del ejército que aún le era fiel, el también llamado Duque de Esparta se marchó al exilio. Nunca volvería a Grecia como rey, ya que el pueblo griego no le recordaba con especial cariño al regresar la democracia, y Grecia se convertiría en una república tras un referéndum.

El ejemplo para España

Un monarca que abdica para salvar la institución (¿de qué me suena esto?) y un referéndum dos meses después de la coronación de un nuevo rey, dando como resultado la transformación del país en una república.

No se trata solo del sueño más húmedo de los partidarios de una república española, es lo que sucedió en Italia en 1947, donde Víctor Manuel III le cedió el trono a su hijo Humberto II, que perdió la corona dos meses después, cuando los italianos decidieron en un referéndum que el país sería a partir de entonces una ‘cosa pública’.

El método español

De una forma tan sencilla y tan poco sangrienta como con unas elecciones municipales. Así nació la Segunda República en España. El 12 de abril de 1931, los españoles apoyaron a los partidos republicanos, que se hicieron con la mayoría en los grandes núcleos urbanos. Dos días después, Alfonso XII hacía las maletas y ponía rumbo al exilio, dirección París.

Sin llegar a reinar

Otra forma de pasar de monarquía a república sin hacer mucho ruido es no llegar a implantar la monarquía. Parece una perogrullada de aúpa, pero es lo que sucedió en Finlandia, donde Carlos I fue el protagonista de una monarquía sin rey que duró tres meses.

Tras lograr independizarse del imperio ruso, Finlandia se convirtió en 1917 en una monarquía. El elegido para el trono era un príncipe alemán, y la derrota de su país natal en la Primera Guerra Mundial impidió que llegara a ser siquiera coronado. España llega unos cuantos siglos tarde a esta alternativa. Habrá que probar con otra cosa…

Con una abdicación que sorprendió al mismísimo emperador

A muchos les sorprendió que Mariano Rajoy fuera el encargado de anunciar públicamente la abdicación de Juan Carlos I, pero lo que hubiera sido realmente impactante es que el presidente del Gobierno hubiera anunciado la abdicación del Borbón sin que este lo supiera.

Algo así, salvando las distancias, ocurrió en la Alemania imperial, donde Guillermo II se planteaba en 1918 abdicar como kaiser alemán y rey de Prusia, en medio de las turbulencias de la Primera Guerra Mundial. Sin embargo, el Canciller Max Von Baden se adelantó y anunció que Guillermo II abdicaba, sorprendiendo al propio emperador y dimitiendo horas más tarde. Ya era tarde para dar marcha atrás y el emperador huyó al exilio.

Soviéticos, siéntanse como en casa

Si las tropas napoleónicas entraron en España con el beneplácito de la monarquía borbónica, en Rumanía el ejército de la URSS jugó a lo mismo: el rey rumano colaboró con la Unión Soviética en la Segunda Guerra Mundial, enviando sus propias tropas junto a las soviéticas y dejando que estas últimas pasaran por su reino.

Y ya que estaban allí, claro, se quedaron para siempre. ¿Cómo convertir una monarquía en república sin tener que cortarle el cuello al rey? En este caso, es sencillo: deje usted al ejército soviético entrar, espere a que la URSS absorba sus dominios, espere a que caiga el muro de Berlín y disfrute de su propia república.