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Un sueño de Dalí, inmortalizado con los pinceles de Magritte y la desafiante perspectiva de Escher. Esa podría ser una síntesis de las pinturas de Rob Gonsalvez (1959-2017), el artista canadiense que dejó su trabajo de arquitecto para dedicarse en exclusiva a su pasión: la pintura.

Gonsalvez definía sus creaciones como “realismo mágico”, en un claro guiño a las novelas de García Márquez y Juan Rulfo: “En mis cuadros siempre hay un elemento mágico, una magia que existe en la vida real y que solo percibe quien es capaz de observarla”, explicaba Gonsalvez en una de sus últimas entrevistas. En ella, el artista explica cómo dedica la mayor parte del tiempo (un 60%) a la planificación de la obra, mientras la ejecución de la pintura supone el 40% restante, apenas tres semanas.

Con solo 13 años, el joven Gonsalvez ya empezó a interesarte en el arte y a imaginar arquitecturas imposibles con insólitas técnicas de perspectiva, inspiradas en las obras de Escher, Dalí y Tanguy. Estudió arquitectura y se dedicó a este trabajo durante su juventud mientras seguía pintando en sus ratos libres. Todo esto cambió en 1990, cuando el éxito cosechado en una exposición (Toronto Outdoor Art Exhibition) le llevó a dedicarse a tiempo completo a su obra.

Aunque la obra de Gonsalvez ha sido categorizada como surrealista, “no es así, porque las imágenes están deliberadamente planificadas a partir del pensamiento consciente”, dejó escrito Mihai Andrei en un artículo en ZME Science. Andrei fue quien propuso el término de “realismo mágico” para las pinturas de Gonsalvez, que hizo suya el artista.

Rob Gonsalvez se quitó la vida en 2017 pero nos dejó como legado una vasta colección de sueños de óleo hechos realidad.

Visto en Success Fullow. Con información de ZME Science, Wikipedia y YouTube (canal de la galería de arte Huckleberry).