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La escritura gótica, que se usó profudamente entre el siglo XI y el XVI, tiene indudables cualidades estéticas, pero la legibilidad no es una de sus virtudes. De esta simple constatación nació un pequeño juego de escritura de monjes copistas, un acertijo para sus lectores.

El trabajo de los monjes copistas, encargado de escribir a mano los textos religiosos, no siempre fue fácil… De hecho, en el alfabeto gótico, las letras i, l, m, n y u son muy similares. Todas ellas están basadas en un “mínimo”, el trazo vertical de la escritura manual. Si a eso le añadimos que en latín, la u y la v se confunden, es posible que un copista bromista redacte un texto casi ilegible – pero perfectamente correcto, como nos demuestra el breve texto que se presenta a continuación y destinado a poner a dura prueba a sus lectores o posibles aprendices copistas.

Aquí está la transcripción de este manuscrito:

«mimi numinum niuium minimi munium nimium uini muniminum imminui uiui minimum uolunt»

Cuya traducción aproximada al castellano moderno sería algo así como:

«Los más pequeños mimos del dios de la nieve no quieren de ninguna manera en su vida que el gran deber de las defensas del vino sea disminuido».

Esta atribulada legibilidad es el motivo por el que empezaron a usarse los puntos sobre las “íes” y las “jotas”, y añadir un trazo largo a la “b” para diferenciarle de su amiga, la “v”.

La curiosidad nos la sirve Renaud Garcia, aka Simón de las Tullerías, a quien vuesas mercedes seguramente conozcan por sus alucinantes carteles de películas medievales:

Visto en el Facebook de Simón de las Tullerías. Con información de Wikipedia y Qaz.