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El agua se unió al oro, el petróleo y otras materias primas que se negocian en Wall Street, lo que destaca las preocupaciones de que el recurso natural que sustenta la vida pueda escasear en una mayor parte del mundo.

Los agricultores, los fondos de cobertura y los municipios ahora pueden protegerse o apostar por la futura disponibilidad de agua en California, el mercado agrícola más grande de Estados Unidos y la quinta economía más grande del mundo.

Los contratos, los primeros de su tipo en los Estados Unidos, se anunciaron en septiembre cuando el calor y los incendios forestales devastaron la costa oeste del país, mientras California salía de una sequía de ocho años. Están destinados a servir como cobertura para los grandes consumidores de agua, como los productores de almendras y las empresas eléctricas, contra las fluctuaciones de los precios del agua, así como un indicador de escasez para los inversores de todo el mundo.

Las voces críticas no se han hecho esperar en cuanto se ha conocido la nefasta noticia. Pijama Surf titulaba ‘Un día funesto para la Humanidad’ y concluía su con este párrafo la noticia:

«Para los tiempos que corren, este es sin duda un signo aciago. Y este adjetivo no parece en modo alguno desmedido. Si pensamos que por todos los otros bienes, mercancías y materias primas que actualmente cotizan en la bolsa –el oro, el petróleo, el trigo– ha habido guerras e invasiones, diversos gobiernos han intervenido países y han impuesto dictadores, ha habido codicia y miseria, ¿qué pensar de la manera en que el agua se disputará en el futuro? ¿No es un tanto desolador que en vez de buscar soluciones a la escasez inminente la respuesta sea poner en subasta el acceso al agua?»

Por su parte, El País., publicaba un artículo bastante tibio sobre el controvertido tema, planteado en forma de preguntas y respuestas. La única voz disonante sobre la bonanza del ‘mercado del agua’ era la de Pedro Arrojo, economista y relator especial de la ONU para los derechos humanos al agua potable y al saneamiento, quien se mostraba «totalmente contrario» a estos mecanismos financieros:

«Estos intercambios de concesiones entran en flagrante contradicción con las bases con las que se administra un bien público, más que flexibilizar, esto es el libre mercado que hace negocio con el agua, de repente alguien hace dinero a base de vender un derecho que le ha dado gratis el Estado. Mira hasta qué punto estas cesiones pueden ser perversas: usuarios de agua en la desembocadura del Guadalquivir, arroceros que normalmente consumen agua que ya ha discurrido por todo el río, le venden los derechos de uso a usuarios del campo de Dalias en Almería, en la cabecera, a través del trasvase Negratín-Almanzora. Es decir, esa agua ya no baja por el Guadalquivir, con lo que supone esto para otros usuarios o los servicios ambientales del río. Pero, claro, el mercado no tiene en cuenta estas cuestiones».

Las Naciones Unidas han advertido durante mucho tiempo que el cambio climático provocado por el hombre está provocando sequías graves y más inundaciones, lo que hace que la disponibilidad de agua sea cada vez menos predecible. En California, la racha seca aguda más reciente se extendió desde diciembre de 2011 hasta marzo del año pasado, según el Monitor de Sequía de Estados Unidos los efectos más graves se produjeron en julio de 2014, cuando el 58 por ciento de la tierra del estado sufrió una «sequía excepcional», lo que provocó pérdidas de cultivos y pastos y otras emergencias relacionadas con el agua.

Con información de El Financiero, Pijama Surf, y El País. Foto: ACNUR.