La historia de Giordano Bruno, extraída del primer capítulo de «Cosmos, A Space Time Odyssey», con Neil deGrasse Tyson (y producida por  Fox Broadcasting Company , National Geographic Society). Una auténtica obra maestra de la animación para llevar a todos los públicos la terrible historia de uno de esos grandes filósofos y científicos que dieron la vida por sus ideas.

Además de los dos sumos mártires del conocimiento antiguo, Sócrates e Hipatia, hubo muchos otros damnificados por el simple hecho de pensar. Decía Arendt que no es que haya ideas peligrosas, es que el mismo pensamiento es peligroso. Y no le faltaba razón… o si no que se lo pregunten al pobre Giordano Bruno (1548/1600), Bruno, el Nolano, quizá una de las mentes más inspiradas y adelantadas de todos los tiempos. Quien tuvo la mala fortuna vivir en tiempos de la Inquisición, y de tener cómo enemiga, por sus ideas, ni más ni menos que a la Iglesia de Roma. La cuál le llevó a la hoguera por hereje por desafiar las creencias imperantes con unos planteamientos avanzadísimos para su tiempo…

Bruno hablaba de ciencia alquímica, de heliocentrismo, de universos paralelos, de evolucionismo cósmico, de un universo infinito que no tenía centro, de seres semejantes a nosotros en otras partes, de un dios universal y no religioso, etcétera. Y criticaba las sagradas escrituras, decía que la eucaristía católica era una falsedad, desmentía a los padres de la iglesia, corregía la física de Aristóteles y, aunque gran parte de su vida errante y fugitiva, disputó a los más grandes teólogos de su tiempo y nunca se plegó a las amenazas, el chantaje o la tortura…

Engañado, fue apresado en Venecia y juzgado por el Santo Oficio, quien trató inútilmente (aunque inventando confesiones) de hacer que se retractase de lo que había enseñado y publicado y, finalmente, acabó sentenciando a la hoguera Roma. En el Campo di Fiori, donde hoy una hermosa e icónica estatua en su honor.

Pero aquí lo tienen más bellamente contado…