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Durante un tiempo, por influencia oriental y griega se adoptó en Roma la costumbre de (para el momento de la coyunda) afeitar el órgano sexual de la compañera (o compañero) de cama, además del resto del cuerpo. Las prostitutas romanas, que si hubiesen volado no hubiesen dejado ver el sol sobre las siete colinas, tanto como el resto de habitantes del imperio, recurrían para ello al alipilarius, un esclavo especializado en dejarte las partes pudendas como los chorros del oro. Un oficio, sin duda, bastante peliagudo.

La depilación de bajos, que ya habían practicado egipcios y griegos, se puso de moda y la necesidad, como con las barber shops para hipsters, creó el oficio.  En los baños públicos se crearon habitáculos expresos para la depilación. Y es que si usabas el estilo “osito” (tan apreciado en nuestros días entre algunos segmentos de la población) eras un incivilizado, un bárbaro.

Según se puede leer en el libro Historia secreta del sexo en España, de Juan Eslava Galán, la Lisístrata de Aristófanes recomienda que «tengamos el delta bien depilado».

Uno de los lugares donde el depilador profesional era más requerido era en la amplia y creativa red de prostíbulos de Roma. Allí debía pasar el pobre horas y horas, estresado, rodeado de efluvios de diverso calado, de un monte de Venus al otro hasta que le dolían las falanges de los dedos y le temblaban las manos. Y los esclavos no podían pedirse la baja por enfermedad.

El poeta Marcial, natural de Calatayud (entonces llamada Bílbilis) aludió en sus escritos a una de las famosas clientas de estos abnegados trabajadores, en concreto una meretriz.

«¿Por qué te depilas, Ligea, tu viejo coño?

Semejantes exquisiteces están bien en las muchachas, (…)

Si tienes vergüenza, Ligea, deja

de arrancar la barba a un león muerto».

Para ella y para él

No solo las féminas estaban obligadas a aligerar su carga capilar, los hombres también eran deseados sin fronda en sus frontispicios (ni en sus patios traseros) del amor. Y uno no podía relajarse, pues en aquellos tiempos se llevaba mucho, como dejó escrito Horacio (principal poeta lírico  y satírico en lengua latina), el «aquí te pillum aquí te matum».

«Cuando se te empalme, si tienes a tu alcance una esclava o un esclavillo sobre quien descargar al punto, ¿acaso prefieres aguantarte la erección? Yo no, a mí me gusta el amor asequible y fácil».

Una prueba de que los servicios del alipilarius podían ser requerido en cualquier momento (por lo que para las clases acomodadas resultaba importante tener a cerca  su propio peluquero íntimo) la encontramos en un episodio protagonizado por el general Galba, gobernador militar de Hispania, que andaba a la gresca con Nerón. (Sí, el del arpa).

«Era ya verano y antes del anochecer, vino de repente desde Roma, tras siete días de viaje, un liberto llamado Icelo. Informado de que Galba estaba a solas reposando, se dirigió directamente a su habitación, abrió las puertas a pesar de la resistencia de los criados de la cámara y, presentándose ante él, le anunció que, aunque estuviera vivo Nerón y él no se dejara ver, el ejército, el pueblo y el Senado habían proclamado a Galba como emperador

Tanto se alegró el anciano general de la noticia que, tras besar apasionadamente al tal Icelo, le rogó al mensajero que se depilase enseguida y se encerró con él en su alcoba.

Breve metodología del depilado genital en la antigua Roma

Por aquel entonces, de las columnas de Hércules al mar Negro no se disponía del ahora popular láser, por lo que se debía acudir a métodos menos delicados.

Un alipilarius utilizaba con su amo y señor (o señora) unas pinzas metálicas de aspecto amenazador denominadas volsella o navajas y cuchillas, pero sin aplicar loción ni espuma gillette.

Oro método de poda genito-capilar era la aplicación de cremas depilatorias denominadas philotrum o dropax, que contenían una mezcla de ingredientes tan atractivos como brea, cera, cáscara de nuez quemada o resina de árbol. Luego, un buen tirón del esclavo ¡y pelillos a la mar!

No nos han llegado datos sobre la esperanza de vida media de los alipilarius.

Con información del libro ‘Historia secreta del sexo en España’, de Juan Eslava Galán, el blog De tiendas en Roma, y Reddit.

Jaime Noguera te limpia el culo si le compras su novela  ‘España: Guerra Zombi‘.