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En este larguísimo confinamiento hemos tenido tiempo para todo, desde ver series en Netflix hasta releer a los clásicos. Guillermo Gallardo Luis Míguez (ilustrador) también han tenido ocasión de lanzar una segunda edición de su exitoso libro ‘Filosofía para todos’. Hablamos con Guillermo de confinamiento, filósofos, conspiraciones y pensamiento mítico.

¿Qué nos enseña la filosofía para situaciones como la que estamos viviendo, la pandemia y su correspondiente confinamiento?

Bueno, como ya se ha apuntado, la pandemia parece haber tenido consecuencias diferentes según el tipo de «filosofía» de vida de la gente. A aquellos que tienen una personalidad más interna que externa les ha sido más llevadera, incluso, en muchos casos, algunos hemos podido aprovechar para hacer muchas cosas que teníamos postergadas: desde leer libros, a ver series o películas pendientes, retomar un instrumento o aprender algo nuevo. En cambio, para aquellos que suelen llevar una vida más inercial, más extrovertida y menos reflexiva, ciertamente, el encierro ha sido un mal trago de varios meses. Y en este sentido, se puede ver cómo la filosofía, y otras actividades intelectuales o creativas, pueden ayudar sin duda a sobrellevar los peores momentos. Sobre todo los del encierro, aunque no es menos apoyo para aquellos que han pasado la prueba de la enfermedad o, desafortunadamente, han tenido la desdicha de perder un ser querido. Y es que la filosofía, como ya abordará Boecio hace 15 siglos, es sin duda un consuelo en la adversidad.

También ha sido una buena ocasión para filosofar, ¿cierto?

Efectivamente, visto desde otro punto de vista, la propia pandemia ha sido un acicate filosófico. Pues verse confinado y sin poder hacer lo que nos distrae y mantiene sin pensar demasiado, sin esos trabajos alienantes que duran horas y horas, también ha sido un contrapunto para pararse y empezar a reflexionar sobre cosas que en la «antigua normalidad» la mayoría de la gente no se planteaba… y no es de olvidar que, como decía Sócrates, una vida sin reflexión, una vida sin momentos de parón y meditación, no es una vida realmente digna de ser vivida. Por lo que, casi podría decirse, que el virus ha sido un acicate obligado para filosofar y repensar tanto nuestra vida como la situación social en la que andamos inmersos.

¿Qué escuela filosófica o filósofo hubiese resistido mejor el largo confinamiento?

Siguiendo la misma línea, igual que las personas más reconcentradas han sufrido menos por definición, es posible que no pocos filósofos o corrientes habrían sabido aprovechar el encierro mejor que otros. Vale la pena recordar que los filosofos tienen mucho de bibliotecarios y de gente introspectiva. No son seres totalmente alejados del mundo, aunque también hubo muchos misántropos y antisociales al modo monástico (como Kant o Schopenhauer), pero seguro sí del mundanal ruido. Si hubiera que citar algún grupo en particular, sin duda, destacarían los estoicos, maestros entre los maestros de adecuarse sin desidia a las circunstancias imprevistas y las penurias intempestivas: Zenón, Crisipo, Cicerón, Séneca o Marco Aurelio seguro nos habrían dado buenos consejos para estos interminables días de confinamiento. Y si leemos sus obras, no pocos consejos podemos extraer de unas vidas que también tuvieron sus momentos de dificultad.

Ahí quería llegar yo: a los estoicos. La situación actual (y la que previsiblemente viene) exige una fuerte dosis de estoicismo…

Eso parece, sin duda. De estoicismo y de filosofía. Tal y como se presentan los acontecimientos son sin duda para ir abrochándose los machos. Aunque quizá, por no ser totalmente pesimistas, y sin caer en falsas esperanzas, quizá pueda sacarse algo positivo de todo esto.

¿Por ejemplo?

Tanto el modelo económico como social eran insostenibles desde hacía ya bastante tiempo, y si no era la pandemia, seguro habría acabado ocurriendo otro cisne negro que pusiera todo patas arriba. De este modo, tal vez, y digo sólo tal vez, quizá la conciencia colectiva haya crecido algo por la impuesta prueba vía coronavirus. Tanta población metida en casa teniendo que pensar y contemplar pasivamente el mundo que nos rodea, puede haber tenido generado una suerte de despertar a ciertos aspectos, hecho relativizar ciertos aspectos y poner en claro qué es lo realmente importante en nuestras vidas, nuestros hogares, nuestras familias, nuestras sociedades y nuestro mundo.

Eso es definitivamente optimista…

Puede que, como en otras épocas marcadas por pandemias, estemos ante un cambio de ciclo, o de era, donde tanto desafíos como retos y posibilidades se abren ante nosotros. Puede que todo redunde en un empeoramiento de la situación general, manteniéndose la calamitoso organización que tenemos en todo el mundo, o incluso que se ahonde en esa especie de orden mundial globalizado tan pernicioso, donde la ideología del neomarxismo se una con el neoliberalismo para dar una sociedad de máxima alienación a través de la propaganda y el consumismo, cuando no por el hipercontrol y la penuria… una mixtura entre el ‘1984’ de Orwell y el ‘Mundo feliz’ de Huxley… pero tal vez, y repetimos, sólo tal vez, también podamos aspirar con nueva atención y conciencia a un nuevo renacimiento tanto social, como técnico como económico. Un reseteo del modelo actual para seguir evolucionando como sociedad.

 

Guillermo Gallardo Luis Míguez, los autores de ‘Filosofía para todos’.

Mucha gente ha tenido tiempo para pensar pero también para (mal)informarse. ¿Cómo se explica el alarmante aumento de los creyentes en teorías conspirativas?

Sí, así es. Y lo más triste es ver que realmente ese interés por lo desconocido y lo alternativo proviene de un sentimiento legítimo de conocimiento mal enfocado. Hoy en día hay un interés renovado por informarse y aprender, algo que es directamente proporcional a las nuevas formas de comunicación e información, empero, también es directamente proporcional el mal uso o la mala praxis de la investigación que se hace de las nuevas y ampliadas posibilidades que da la emergente tecnología. Con todo, desde la filosofía, no seríamos justos del todo con la gente que toma una deriva particular y alternativa, ya que todo buen investigador tiene que tener algo de crítico y hasta de conspirador, si no viéramos que el avance del saber no está exento de personas, escuelas y hasta generaciones entera de gente, que fueron más allá de los postulados consensuados y militarizados culturalmente.

¿Puede, entonces, surgir conocimiento desde la sospecha?

Sin caer en la conspiranoia, hay algo de filosófico en esta deriva hacia lo desconocido y no fundamentado. La filosofía se nutre muchas veces de conocimientos y campos de investigación que trascienden la normatividad tanto en su epistemología como en su campo de estudio. Algo que se justifica más cuando, siguiendo con la crítica social que hacíamos antes, la población nota, intuye y hasta constata que muchas veces son los mismos gobiernos, las instituciones científicas y culturales o los medios clásicos, los que no guardan para sí los estándares de verdad que supuestamente exigen. Y aquí, la pandemia ha dejado buena muestra de ello. Donde hemos visto a gobiernos como el chino, el estadounidense o el patrio, mentir o falsear los datos en provecho propio; a organizaciones como la OMS dando palos de ciego, y afirmar y desdecirse un día sí y otro también. A los medios polarizados en función de sus propios intereses, las políticas o ideologías que manejan. En este caldo de cultivo, que consciente o inconscientemente, la población nota, no es justificable pero sí comprensible, que el primitivo y  natural espíritu crítico de mucha gente no sepa ya dónde empiezan la verdad y hasta dónde llegan las ‘fake news’.

¿Pero acaso no estamos a un paso de caer en el pensamiento mítico?

La gente no sabe qué creer, y eso es algo que dice tanto de la gente que acaba derivando en pensamientos y elucubraciones mítica, tanto como de las clásicas administraciones de información (Estados, instituciones científicas, expertos, etc). Por supuesto, una vez que se sale de la verdad establecida no se llega a la filosofía ni a la verdad, las más de las veces se cae en la superstición, si bien, hay algo de eximente desde la filosofía en ese puro y romántico espíritu de contradicción y de ir más allá: quizá un instinto que solo hay que reconducir.

Háblanos de tu libro (que es de lo que hemos venido a hablar). Parece que la primera edición ha tenido una buena recepción y acabáis de publicar la segunda.

Sí, sí, la verdad que ha tenido una recepción estupenda. Y eso que íbamos a sacar un libro no ha luchar contra los elementos. En apenas 6 meses acabamos la primera tirada: teniendo primero como hándicap una serie de problemas que hicieron que el libro no saliera en una fecha clave como iba a ser la feria del libro (donde apenas pudimos presentarlo sin estar en tiendas), y teniendo que postergarse a la vuelta del verano de 2019, y que no se pudiera vender en Latinoamérica hasta Navidad. Y luego la dichosa pandemia de la que estábamos hablando antes, que ha tenido parado todo desde el mes de enero  fecha en la que inicialmente iba a salir esta segunda edición.

Con todo, estamos muy contentos, tanto un servidor como el ilustrador (Luis Míguez), como la editorial. Especialmente con esta segunda edición, donde hemos podido corregir erratas, algunos errores de indexación y maquetación de las imágenes, y añadir dibujos y textos que se habían quedado fuera.

¿Crees que podría convertirse en libro de texto o de consulta para los estudiantes de filosofía, esa asignatura tan amenazada?

La idea siempre fue hacer una historia de la filosofía para que se iniciase cualquiera que quiera adentrarse en el mundo de la filosofía, con un formato muy melódico y divertido que sin duda hará las delicias también de los que ya la conocen (por sus dibujos, retos, caricaturas y retos). Los currículums académicos son muy particulares, e incluyen menos temas y más contenido de algunos autores, y no son exactamente iguales que los que son programas obligados en el bachillerato que prepara para la selectividad, si bien, creo que para un primero de bachillerato pueden dar muy bien el perfil exigido.

En resumen, puede valer para el primer año de Filosofía en el instituto (en el cual apenas se dan una docena de autores más o menos tratados), y complementar muy bien el segundo, pero sin duda es algo más: es una historia de la filosofía que quería servir como tal, pero también trascender la academia que tiene sus propios objetivos. Esta es, una historia de la filosofía pensada para los estudiantes, pero también, y especialmente, para nuestro seguidores de años que buscaban acercarse de una forma amena a la filosofía sin dejar ningún autor fuera.

Ya estás tardando en hacerte con tu ejemplar de ‘Filosofía para todos’