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Cuando más se la necesita, y cuando más en duda está su existencia entre la clase política, la nueva propuesta educativa del Ministerio de Educación, conocida como la Ley Celaá, dejará fuera del currículum la asignatura de Ética en el cuarto curso de la ESO. Y no de cualquier manera, algo que ha sentado mal hasta a su socio de gobierno, sino que, de manera subrepticia y opacada, lo hacía a la sombra de los focos mediáticos de la pasada y aparatosa moción de censura.

Mientras que los medios y la opinión pública, e incluso el resto de parlamentarios, seguían con el run-run de la consulta y reprobación, el gobierno de Madrid, proyectaba y proponía su debatida nueva ley de educación, en la que, de soslayo, se incluía una modificación con respecto a esta materia filosófica. Algo que, como era de esperar, y aunque ya hubiera sido incluida la eliminación, no ha tardado en saltar a la palestra política e informativa.

Como manifestó la Red Española de Filosofía «…la crispación política y la dramática situación generada por la pandemia están provocando que cuestiones relevantes que afectan a la ciudadanía se olviden, esto es lo que está pasando con la nueva ley educativa que se está tramitando en el Congreso de los Diputados».

Así, casi como una paradoja trágica, el 20 de octubre pasado, el parlamento votaba y sacaba adelante, un anteproyecto de ley que escondía con muy poca honestidad, claridad y, casi, moral, el fin de una ética que hoy más que nunca debería estar rehabilitándose. Triste historia, el ejecutivo de Pedro Sánchez, contra lo que había pactado con sus socios de coalición, contra lo que había criticado al anterior ministro de Educación, e, incluso, sin las comparecencias de la sociedad civil y de la comunidad educativa (con las cuales, históricamente siempre se había contado para los debates en el Congreso a debatir en su tramitación) de las leyes educativas). Algo que, para los agentes sociales, ha añadido un plus de obscenidad, pues, hasta para la LOMCE de la Ley Wert participaron más de cincuenta expertos.

«El mismo día que terminaba la moción de censura, se votó en la mencionada Comisión del Congreso NO CUMPLIR el acuerdo unánime que ella misma había adoptado en la legislatura anterior, y que proponía recuperar el ciclo formativo en Filosofía (4º de ESO y 1º y 2º de Bachillerato), tras la desastrosa y todavía vigente Ley Wert, que había suprimido la Ética de 4º de ESO y la Historia de la Filosofía de 2º de Bachillerato», apuntaban las mismas fuentes citadas en su comunicado.

Igualmente, otros colectivos, como Estudiantado en defensa de la Ética (@EstudiantadoE), una recién fundada Plataforma estudiantil nacional para la defensa y el blindaje de la asignatura de Ética en 4° de ESO, exigían a la Comisión de Educación del Congreso de los Diputados que cumpla con lo prometido hace dos años. Cuando en 2018 llegaron a un acuerdo con otras formaciones para mantener y ampliar las horas y materias relativas a la ética y la filosofía. Para lo cual, con el hashtag #NoSinÉtica y #ÉticaESOImprescindible, este colectivo sacaba esta misma semana una campaña por la defensa de esta asignatura y disciplina.

Una loable iniciativa que pretende rectificar una mala decisión llevada a término de forma cuando menos poco virtuosa… que dirían los filósofos. Y casi cualquiera que se pare a pensar en los retos y encrucijadas que nos está proponiendo el presente y el futuro de la mal llamada nueva normalidad. O, como diría un foucaultiano, Nueva Normatividad: donde, tanto la filosofía como la ética, deberían jugar un papel fundamental en la forma en que vayamos a responder como individuos y sociedades a estos cambios sobrevenidos y previsibles, a riesgo de estructurar y construir una venidera normalidad (y moralidad), aún peor que la pasada.