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Sin duda, este está siendo el peor año del milenio y, probablemente, uno de los años con más empuje de toda la historia. En apenas cuatro meses, ya llevamos una guerra comercial, un conato de conflicto bélico a gran escala (merced a los rifirrafes entre EEUU e Irán), una serie de terribles de incendios en Australia, un sinfín de inusitadas plagas de langostas en África (las langostas nunca deben faltar en las grandes historias), una pandemia o epidemia mundial por el coronavirus o covid-19, una crisis económica anunciada y asegurada para cuando acabe el confinamiento, un sismo de 6,5 en la escala Richter cerca de Idaho (con epicentro a 400 kilómetros del Parque Nacional de Yellowstone), la posible amenaza de un meteorito por parte de la NASA para finales de este mes y, ahora, por si fuera poco, se disparan todas las alarmas con los volcanes.

Así es. Hoy mismo, se hacía público que el mítico Krakatoa, del homónimo archipiélago indonesio, se había despertado y había entrado en erupción. De la noche del viernes al sábado, entre las 9.58 p.m. y las 10.35 p.m. hora local, el volcán el Anak Krakatoa habría estallado frente a las costas del país. Arrojando lava y columnas de ceniza hasta los 1,640 pies de altura (unos quinientos metros), y llegándose a oír a 90 millas de distancia (cerca de 150 kilómetros). Y siendo, según informó el centro de vulcanología de Indonesia, la mayor explosión registrada desde el colapso parcial del volcán en diciembre de 2018. Cuando se desató un tsunami que mató a más de 400 personas. Hasta el momento, eso sí, este último aviso, no ha producido repercusiones semejantes en las olas.

«Los estudios demuestran que la muestra que las erupciones continuaron hasta las cinco de la madrugada del sábado», según comentó a la CNN el jefe del centro de datos, información y comunicación de la Agencia Nacional de Mitigación de Desastres (BNPB), Agus Wibowo.

El Anak Krakatoa (traducido del idioma indonesio como «el Hijo del Krakatoa) —también llamado Krakatoa a secas— es un volcán joven y una de las tres grandes islas volcánicas que surgieron a raíz de la legendaria erupción ocurrida a fines del siglo XIX en el estrecho de Sunda (cerca de Sumatra, Indonesia). Cuando el antiguo volcán Krakatoa desapareció un 27 de agosto de 1883, tras una colosal detonación que causó un tsunami con olas de 22 metros, y más de 36 000 muertos a sus espaldas. La cual, ha quedado en el inconsciente colectivo por su fiereza y cercanía: eso sí, nada comparado con lo que podría hacer un super-volcán cómo el de Yellowstone.

Entonces, el volcán desapareció casi en su totalidad en el mar, si bien, en 1927 comenzaron nuevamente las erupciones volcánicas bajo el océano, y entre 1928 y 1930 apareció un nuevo cráter que ha seguido teniendo erupciones regulares (algunas recientes, como las de 2009, 2010, 2011, 2012 y 2018) y que, actualmente, vuelve a echar fuego y ceniza por sus fauces tal como hizo su padre geológico. Y con él, según han apuntado expertos, se habrían activado en menor medida varios cráteres del llamado «cinturón de fuego» del Pacífico. Ya que, según han expuesto los geólogos, tantos los sismos como las erupciones, no sólo tienen replicas, sino que también guardan conexiones tectónicas contrastables entre ellos.

Cómo se puede contrastar en la web volcanodiscovery, que hace un seguimiento actualizado de la actividad volcánica de la tierra, al menos 15 volcanes se habrían avivado desde Java a Hawai, pasando por la Antártida.  Entre ellos, el Klyuchevskoy y el Shivelunch, situados en Kamchatka (Rusia); el Aso, el Sakurajima y el Kukchinoeraby-jima, ubicados en el archipiélago japones; el Ibu, el Merapi, el Semeru, el Dukono y el Kerinci, en la misma Indonesia y Sumatra; el Sanagy del Ecuador; el Sabancaya de Perú; el Nevados de Chillan en Chile; o el mismísimo Popocatépelt méxicano.

Una última noticia triste que, de momento, se queda en ésto. En un mal augurio, en otra mala noticia más, que iremos viendo («cuando lleguemos a ese puente pasaremos ese puente»). Alarmante, y que da alas a los apocalípticos que ya ven cerca el final de los días (abriéndose cada vez más sellos bíblicos). Pero, al fin y al cabo, sólo una mala noticia más. Que puede agravar mucho la situación, de por sí desbordada y colapsada, sí. Pero no un Armagedón al modo hollywoodiense. Y es que, ni siquiera sabemos si esto se quedará así, en una anécdota más. O definitivamente se activará ese temible «cinturón» que llega hasta la temible y durmiente caldera de Yellowstone: pudiendo, incluso, influir en la sensible falla de San Andrés (California, EEUU).

En cualquier caso, un suma y sigue que, eso sí, da más ingredientes catastróficos al asado familiar, para que este pueda ser el peor año de nuestras vidas. Como se suele decir, éramos pocos y parió… explotó el Krakatoa.