Fernando Savater, por Gonzalo Merat (Flickr, CC)

El fin de semana ya llegó y ya pasó. Tarda en llegar y se va cómo un suspiro. Es el pequeño espacio de tiempo que la sociedad moderna parece dar a sus ciudadanos de solaz asueto, descanso y ocio. Un momento que todos esperamos, pero que no todo el mundo aprovecha para lo mismo.

Hay gente que prefiere no hacer nada, otra aprovecha para hacer deporte o estudiar y leer, para ir de viaje, salir de fiesta, ir a misa o a centros comerciales, etcétera, etcétera, etcétera. Incluso hay quien hace varias o muchas de estas cosas para sentir que ha aprovechado y rentabilizar el escaso tiempo de asueto de que dispone. Tanto que llegan el lunes más cansados y faltos de energía que si hubieran estado empleados en jornada intensiva para no ser asaltados por un cierto absurdo vital el domingo por la tarde-noche antes de acostarse para comenzar la semana.

No son todos los casos, claro. Pero sin llegar a esos extremos, de una manera u otra, todos queremos sentir y constatar que los otros cinco días restantes han sido exorcizados de alguna manera. O mejor dicho, alejar la angustia por trabajar más tiempo que estar libre, ya sea, valorando el descanso o la fruición de lo realizado.

Y en este sentido, ya que acaba el finde y empieza la semana, no sin cierta melancolía, resuenan las palabras que el filósofo Fernando Savater dictó tiempo ha en México (Universidad Autónoma de Aguascalientes): «Cuanto más inculta es una persona, más dinero necesita para los fines de semana». Y no sólo por lo que respecta a la justa apología que hacía de la cultura (coger un libro vs. salir a gastar), especialmente porque, aunque todo el mundo siente cierto vértigo en la libertad, es esa misma capacidad de resistir la conciencia (de parar la rutina), la que un buen paseo o un buen texto pueden dar y no una sala de fiestas, un coche caro que no movemos entre semana o comprar la última televisión curva en unos grandes almacenes con restaurante incorporado (la cual será vista 10 minutos).

“La persona que sabe leer, que se aficiona a la alegría de la lectura, tiene unos goces extraordinarios y además a muy poco precio. El mundo está lleno de diversiones caras. Cuanto más inculta es una persona, más dinero necesita para pasar los fines de semana, porque como no fabrica nada, no produce nada, todo lo tiene que comprar. Mientras que una persona con un cierto nivel de cultura, con la conversación, un libro o una música puede pasar el tiempo de una manera enriquecedora, la riqueza que nos dan los libros es una riqueza real más duradera y limpia que las que se tienen”.

Aquí puedes escuchar la conferencia entera: