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Luis Miguez, ilustrador, detective y estudiante de filosofía (“que no filósofo”, apunta) se tuvo que enfrentar al reto de convertir en viñetas la Historia de la Filosofía, ahí es nada. El resultado es brillante: divertido, a la par que profundo: ‘Filosofía para todos’, escrito por Guillermo Gallardo se ha convertido en un manual imprescindible para entender el pensamiento desde Pitágoras hasta nuestros días.

Hablamos con Luis Miguez de filosofía, educación, historia y la vida cotidiana de Nietzsche, Marx, Hipatia y compañía.

Tu doble condición de ilustrador y filósofo te hace idóneo para ilustrar ‘Filosofía para todos’.

¡Bueno, filósofo! Yo empecé Filosofía en la UCM, pero no soy licenciado. De todas maneras, ser licenciado en Filosofía no es ser filósofo, ni mucho menos. Y, además, cuando alguien se presenta como «filósofo» es como cuando alguien se presenta como «dandi», generalmente no lo es

Digamos, entonces, que “estudiaste Filosofía”.

Estuve en la facultad de Filosofía como tres años, en el último me admitieron en la Escuela de Arte Nº10, un sitio donde ahora están haciendo grados de diseño y cosas así, que entonces no existían. Se hacían Módulos de Grado Superior, yo me metí en Ilustración, así que el último año que estuve en Filosofía, me matriculé en la mitad de las asignaturas. Y bueno, como te puedes imaginar, dejé Filosofía y me quedé con Ilustración.

La Filosofía me interesa como campo de estudio pero no tengo vocación académica… y además soy bastante mal estudiante. La última vez que hice un examen sentí un enorme deseo de huir y no volver a hacerlo nunca… Además, en cuanto a lo laboral (eran otros tiempos) antes de terminar el módulo a mí ya me estaban saliendo trabajos.

¿Qué retos te encontraste a la hora de ilustrar la historia de la filosofía?

Hay algo que suele ser típico de las ilustraciones de libros de divulgación, y es que generalmente son muy estáticas: «Descartes», bueno, pues plaf, retratito de Descartes; «El átomo», plaf, esquemita del átomo. Nosotros (Guillermo Gallardo y yo) teníamos la intención de usar a los autores de los que habláramos un poco como personajes, que aparecieran en distintas actitudes, con accesorios o disfraces propios de anécdotas suyas históricas o referentes a escritos suyos.

Como si fueran parientes vuestros más que eminencias del pensamiento…

Esto viene de que, en realidad, a muchos autores, a los que ya tenemos bastante cariño, nos los imaginamos como personajes con sus bromas recurrentes, sus chistecitos añadidos, cosas así. Es un poco como si hicieras una caricatura de un tío tuyo: pues ya sabes qué vestimenta o que accesorios referentes a qué anécdotas le vas a poner. Esto nos ha ayudado a vencer lo que te decía antes, ese estatismo de álbum de cromos que queríamos evitar a toda costa.

Además, una de tus cualidades como ilustrador es la versatilidad.

Lo cierto es que Guillermo ya conocía mi forma de dibujar, sabe que tengo un estilo bastante adaptable, pero a él le interesaba una parte concreta: la más ligera, la de la broma, la menos recargada, así que procuré ceñirme a eso y no hubo mayores problemas.

Guillermo Gallardo Luis Míguez, los autores de ‘Filosofía para todos’.

Efectivamente, el resultado es más «ligero». Solemos creer que los pensamientos tan profundos (e inescrutables) de Kirkeegard o de Spinoza vienen de señores muy graves, cuando tal vez eran unos cachondos…

Bueno, tanto como unos cachondos no sé, pero sí que ha habido gente a la que recordamos con cierta solemnidad que tenía bastante sentido del humor, a veces más sano y a veces más cruel. En el primer caso citaría a Hume, que en su ‘Historia Natural de las Religiones’ literalmente detiene el discurso y se pone a contar chistes de católicos. Yo cuando lo leí no daba crédito.

En general, los autores que más recordamos han sido, en casi todos los aspectos de su vida, personas muy humanas, nada graves, gente con defectos fácilmente parodiables, o con actitudes excéntricas fruto de intentar llevar sus ideas a la práctica incluso en lo más cotidiano, o por el contrario con grandes contradicciones. La «gravedad», la «solemnidad», a la hora de recordar a nuestros personajes históricos (por ejemplo a los autores en general, no sólo a los filósofos) me parece contraproducente. De la gravedad no nace la simpatía.

¿A qué filósofo/filósofa le guardas tú especial simpatía?

Hay varios. A los que Paul Ricoeur llamaba «los Maestros de la Sospecha»: Freud, Marx y Nietzsche. Estos tres son unos auténticos monumentos , han sido influyentísimos en todo el pensamiento posterior, es mucho lo que les debemos… pero al mismo tiempo eran personajísimos los tres. Tienen vidas, y sobre todo episodios, bastante estrambóticos. Son un ejemplo de lo que te decía antes: yo les respeto mucho más sabiendo que son unos grandes pensadores y a la vez unos tíos que han hecho bastante el ganso, que si me les presentas de un modo monumental, que me aparta de ellos.

¿Cómo aparecen representados estos “Maestros de la Sospecha”?

En el libro les hemos puesto varios disfraces, les cuestionamos y a la vez les damos importancia. Aparecen de Sherlock Holmes, Marx y Engels de Super Mario y Luigi.

En otro orden de cosas, con los años le he ido tomando cada vez más afecto a Epicuro, un autor a quien se ha malinterpretado bastante (y, lo que es peor, adrede) y de quién sabemos muy poco, porque la mayor parte de su obra se ha perdido. Habrás notado que en el libro aparece Hipatia varias veces, como un hilo conductor tenue. Es alguien por quien Guillermo y yo sentimos honda simpatía.

A Hipatia le pasa algo parecido a Epicuro: son verdaderos filósofos, gente con gran amor al conocimiento, que le consagra su vida, que escribe muchísimo… y su obra ha sido prácticamente destruida, con toda intención, no por accidente.

¿Cuál es la intención tras la destrucción de la obra de Hipatia?

Hipatia fue asesinada por una turba cristiana en el año 415. Era una mujer que enseñaba y que tenía un lugar destacado en la sociedad en la que vivía, lo cual es contrario al cristianismo (en especial si se toma al pie de la letra) y a las religiones abrahamánicas en general. Hasta ahí, su muerte. En cuanto a su obra, las fuentes más clásicas afirman que su obra fue destruida- Hay revisiones que dicen que seguramente había escrito menos de lo que se piensa y casi todo comentarios más que descubrimientos propios, pero ¿y qué, si fuera así? ¿no se han perdido igual?

¿Influyó en esa destrucción el hecho de ser mujer?

Está bastante claro que en una sociedad sin prejuicios de género y con más amor por la ciencia, esos escritos se hubieran conservado, y no tendríamos que andar haciendo cábalas sobre si eran más o menos importantes o si contenían tal o cual cosa: los podríamos leer y punto.

En otro orden de cosas: aquella era una época de ascenso de la religión, en la que bastante gente, aparentemente, quería verdades concretas escritas en piedra (sin importar que esas «verdades» se correspondieran con la realidad). ¿No te suena eso de algo? Por el contrario, una sociedad basada en el pensamiento, en la razón, necesita flexibilidad, incluso estar abierta a cambios que pueden no gustarnos porque contradigan nuestras creencias. ¿Y qué sociedad actual es así?

Hay cierta nostalgia en tus palabras, también en el libro. Sin embargo, por allí desfila la vanguardia del pensamiento y de la cultura ética de su momento, nada que ver con el común de los mortales…

¿Crees que hay nostalgia en el libro?

Bueno, creo que todos estamos un poco imbuidos del mito de la edad de oro de los griegos. Hace poco un amigo escribía sobre la actual época, según él, el Kali Yuga, la decadencia de la civilización.

¿Del Kali Yuga? Que lleva ocurriendo desde hace 5000 años ¿no?

No, en serio, la mitología está muy bien para interesarse por nuestras raíces y como base para nuevas obras de ficción, pero no para referirse a la vida real. Yo vengo de una educación religiosa y me enseñaron a pensar en términos mitólogicos, pero hay que rechazarlos. No son la vida real.

De hecho, me sirven un poco para rechazar teorías y explicaciones: cuando me empiezan a sonar a narración bien construida, muy «guionizada», se me pone la mosca detrás de la oreja.

No niego que puede haber nostalgia en el libro. Pero no es nuestra intención dar un mensaje nostálgico, ni Guillermo ni yo tenemos idealizado ninguna época concreta del pasado. Será a nivel inconsciente, no como algo pensado, un tono, una sensación o algo así.

Para mí, la nostalgia forma parte del Zeitgeist presente, a niveles que están por estudiarse seriamente (ya hay intentos, pero me parece que es un estudio que habrá que hacer en otra época, a toro pasado, si se quiere ver el fenómeno en su totalidad)… así que puede estar presente en algún sentido.

Pero no es el objetivo transmitirla ni es la sentimiento que nos mueve. Además, Guillermo es un apasionado de la cultura griega antigua y de su filosofía, así que le hemos prestado bastante atención. Eso puede reforzar esa sensación de querencia por el pasado, pero más bien es interés y curiosidad que otra cosa.

Me contaba Antonio Escohotado, que acaba de publicar un libro sobre filosofía griega, que todo está en Sócrates. El resto vino a matizar.

Bueno, eso es exagerado, pero por otra parte Sócrates es una figura tan básica que es imposible no remitirse a ella. Ejemplifica ese paso griego del mito al logos que es lo central de la filosofía, rechazar la aproximación al conocimiento a través de la emotividad en favor de la lógica, de la razón.

E incluso es un mártir que muere por sus ideas. En el libro le caracterizamos como el Cristo de la Filosofía, si bien, volviendo a lo de antes, también como un troll terrible con la gente que le rodeaba.

¿Qué hubiera opinado Nietzsche acerca de convertir en memes su enrevesado pensamiento?

Nos haría unos comentarios muy ácidos y terminantes. La parte de convertir una idea en una imagen directa, de asimilación inevitable, como un puñetazo, le hubiera hecho gracia, estoy seguro. Ahora, la realidad completa de eso que ahora llamamos meme, con su falsa gratuidad de producción y distribución, o con la reducción del trabajo cultural a una categoría difusa de «contenidos», seguramente le hubiera gustado bastante menos… iAunque lo hubiera seguido encontrando cómico! Menudo era.

¿Crees que Nietzsche, tío Schompi y, en general, la escuela alemana, nos han legado un mundo más profundo, más feliz o más atormentado?

Es difícil contestar, me imagino que más profundo intelectualmente que feliz u oscuro que a fin de cuentas son categorías más emocionales, más dependientes de cual sea la relación «personal» que tenga cada lector con su obra

Acaba de publicarse la segunda edición del libro. ¿Estás/estáis satisfechos con su acogida?

Bueno, muy contentos. Hoy mismo he recibido unas cifras, no definitivas, pero muy halagüeñas, que nos sitúan ya en más de 3000 ejemplares vendidos, y sin devoluciones por el momento. Esto significa que podemos llegar a la tercera edición en breve. No es para echar las campanas al vuelo, pero dadas las dificultades que tiene sacar libros hoy en día, y más aún libros ilustrados, y más aún libros de divulgación… en fin, está yendo bastante bien.

La página de SOFIA tiene un gran número de seguidores en Latinoamérica, y en redes hay mucha gente de allí, especialmente de México, que nos pregunta bastante, tanto a Guillermo como a mí, cómo se puede conseguir el libro. Y, en fin, la editorial es una subdivisión de Anaya, que es un gigante, no debería haber problema en cuanto a distribución… pero no sé si con todo el asunto del covid estará siendo más difícil llegar allá.

Por lo demás, hicimos en su momento un par de presentaciones en librerías, y nos gustaría hacer alguna más. Pero vamos, debido al mismo tema de antes, por ahora no sé si va a ser posible.

¿Crees que ‘Filosofía para todos’ podría postularse como libro de texto… si es que se sigue enseñando filosofía?

Tú lo has dicho: “si se sigue enseñando Filosofía”. La han intentado quitar varias veces, ¿verdad? La visión de la educación como un derecho que tiene el mercado de que los Estados nacionales les entreguen trabajadores cualificados, y no como un derecho que tiene el individuo a acceder al conocimiento alcanzado por una sociedad de la que forma parte. Ahora bien, no podemos decir que se nos engaña. Eso de obtener una «formación» en vez de una «educación» se nos ha publicitado como bueno ya desde hace mucho, y aparentemente a todo el mundo le viene pareciendo bien.

Y cuando hay falta de sintonía entre el sistema educativo y el mercado laboral, siempre se nos presenta como un problema de la primera, nunca del segundo. Yo no recuerdo a nadie diciendo que a lo mejor lo que está mal es el mercado, o que los dos tienen problemas a solucionar. Nada, es la educación la que no prepara para encontrar trabajo. Bueno. ¿De verdad el fin de la educación es ese?

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