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Que Hitler no tragaba a Franco ni se fiaba un pelo de su socio del sur es algo bien sabido. Lo que no es tan conocido es que el ‘Führer’ impulsó un golpe en España para sacar a Franco del poder y poner en su lugar a Agustín Muñoz Grandes, el jefe de la División Azul. Pero, una vez más, Franco fue más listo que Hitler y se trajo a Muñoz Grandes a Madrid, con puestazo y chófer, “dejando a Hitler con dos pares de narices”, según nos cuenta Alfred López (aka, Ya Está el Listo que Todo lo Sabe) en esta entrevista.

El fallido complot de Hitler contra Franco es una de las muchas historias que trufan ‘Esto no estaba en mi libro de historia política’, su último libro.

¿Cuál dirías que es la historia más estrambótica de tu último libro, ‘Esto no estaba en mi libro de historia política’?

La de los pedos de arenque, durante la Guerra Fría. El conflicto diplomático entre Suecia y la URSS, cuando se creía que submarinos soviéticos invadían aguas suecas en la década de los 80 y después resultó ser el sonido de ventosidades de arenque, que es el modo en el que se comunican estos peces.

Hay americanadas e incluso un capítulo entero dedicado a las ¡churchilladas!

Sí. Para mí, Winston Churchill ha sido el político que más juego ha dado. Era un tipo glotón, grosero, alcohólico y con un sentido del humor muy peculiar. Además, también hay alrededor de él mucha leyenda urbana y muchas cosas que se le atribuyen (como alguna que otra cita) no las dijo él. Sobre Churchill hay dos historias que me fascinan. Una es cuando viajó a Nueva York en plena ley seca y aprovechó un percance que sufrió (le atropelló un coche) para conseguir que el médico le expendiera una receta para beber «licor terapéutico» todos los días.  La otra historia tiene que ver también con una visita a EEUU, esta vez durante la IIGM, tras el bombardeo de Pearl Harbor, cuando visitó al presidente Roosevelt, en diciembre de 1941 y pasó todas las navidades en la Casa Blanca. Fue tal el coñazo que dio, que la Primera Dama, a partir de entonces habilitó otro edificio (el Blair House) donde van las visitas oficiales desde entonces

Ahí hubo un auténtico choque cultural entre los Roosevelt y Churchill. Con visita a la alcoba de los americanos incluida…

Sí, de madrugada, con el puro en la boca, vaso de whisky en mano y queriendo seguir hablando con el presidente yanqui.

¿Quién sería el Churchill español, por carisma y excentricidad?

No sabría decirte uno solo, pero creo que podríamos meter ahí a unos cuantos políticos de la segunda mitad del siglo XIX, en los que se iban alternado el poder unos y otros, y el país un día era republicano y al siguiente monárquico.

O el hecho de haber echado a la reina para después elegir un rey italiano (Amadeo de Saboya) y tirarse todo el corto reinado de este saboteándolo. Eso solo lo sabían hacer los políticos del XIX.

La gente cree que las sesiones parlamentarias actuales son broncas, pero las de aquella época debían de ser de aúpa…

Sí y además la prensa incluso estaba políticamente más posicionada que ahora y se utilizaba los periódicos para mandar recados al adversario e incluso entre miembros de un mismo partido.

Lo de Amadeo de Saboya fue un caso trágico. El pobre vino engañado y se fue desolado de la política española.

Lo fastidiado del asunto es que su principal valedor (Juan Prim) muriese antes de su llegada, algo que aprovechó la oposición (que prefería otro rey) para putearlo desde el primer día.

La veneración de los españoles por la monarquía es atávica. ¿Qué necesidad había de «importar» un rey?

Por un lado se quería un cambio de sistema, pero por aquel entonces todavía no era mayoritario el apoyo a una república, así que se optó por seguir con la monarquía pero de alguien nuevo, que nada tuviese que ver con los Borbones y creyeron que al traer uno de fuera (y elegido democráticamente) saldría mejor la cosa, pero no fue así. Después se probó con la I República y otra vez a la monarquía con Alfonso XII….

Y así seguimos, a pesar de todo…

Sí. En el último siglo hemos tenido una dictaduras bajo el reinado de Alfonso XIII, con Primo de Rivera, una república, otra dictadura (totalitaria) con Franco y de nuevo monarquía… y hoy en día la ciudadanía está muy dividida, pero si se atreviesen a convocar un referéndum creo yo que ganaría la opción republicana.

En tu libro hay una copiosa sección dedicadas a las mujeres en política, un mundo tradicionalmente copado por los hombres.

Eso es lo que parece, que la política ha sido cosa de hombres, pero muchísimas son las que han luchado por abrirse camino en ese mundo. Por tal motivo creo que era necesario el dedicarles un capítulo. aunque la verdad es que se merecían un libro entero (quizá en un futuro no muy lejano lo publique).

Pioneras como Alexandra Kolontái, volviendo al otro lado del Telón de Acero.

Sí, la primera mujer en ocupar un cargo en la URSS (y por extensión en toda Europa), Lenin la nombró comisaria del pueblo para el bienestar social, que si te fijas bien, la siguiente mujer en ocupar un cargo en el viejo continente fue la española Federica Montseny en 1936 como ministra de Sanidad y Asistencia Social (parece que lo social se asociaba mejor con la mujer).

No parece casualidad que fueran dos regímenes socialistas.

Las izquierdas ahí siempre le han sacado ventaja a los conservadores. El sufragio femenino en España fue cosa de las izquierdas o por ejemplo, en EEUU la primera mujer que intentó ser presidenta del país fue Victoria Woodhull en 1872 y lo hizo por el Equal Rights Party que era de ideología socialista (la detuvieron unos días antes de las elecciones para evitar que se presentara).

¿1872? Una auténtica pionera. ¿Tenía alguna posibilidad?

No tenía demasiadas posibilidades, pero lo intentó. En su programa electoral llevaba el poder tener hijos sin estar casados, el divorcio… Lo curioso del asunto es que la ley de aquella época la amparaba a poder presentarse pero le imposibilitaba poder ir a votar.

¿En serio?

Sí, sí, totalmente en serio. Pero Victoria Woodhull no fue la única. En España tenemos el caso de que hubo diputadas durante la II República que no habían podido votar porque no estaba en vigor el sufragio universal (por ejemplo Clara Campoamor y Victoria Kent).

Otra pionera, esta (involuntariamente) de los derechos de los negros fue la adolescente Caludette Colvin. ¿Por qué es recordada Rosa Parks y no ella?

Claudette Colvin hizo lo mismo (no ceder el asiento del autobús a una persona blanca) pero seis meses antes que Rosa Parks. Claudette tenía quince años y precisamente aquel verano, en pleno follón de no haber cedido el asiento, fue violada por un hombre blanco que la dejó embarazada. Ella no quiso denunciar y fue el mismo colectivo afroamericano quien la apartó para que no les perjudicara (no estaba bien visto eso de una chica negra, soltera y embarazada).

Recientemente hablamos en Strambotic de la efímera carrera de Fidel Castro en Hollywood. Por tu libro me entero de que su admiración por EEUU venía de lejos…

Sí, desde adolescente. Con catorce años le envió una carta a Franklin Delano Roosevelt para felicitarle por ganar las elecciones y en la que le pedía que le enviase un billete de dólar (no se sabe si se lo envió, pero la carta está expuesta en la biblioteca de Washington. En el libro pongo una foto de la carta). Cuando se casó, el viaje de novios de Fidel Castro fue a NY y allí se compró un cochazo (un Lincoln Continental) y además aprovechó para estudiar en Harvard. Era un apasionado del modelo de vida americano. Después pudo más su vena revolucionaria.

Bueno, tampoco vivió como un cartujo precisamente…

Lo de revolucionario me refiero a lo ideológico. Ya se sabe que un dictador, sea de derechas o izquierdas vive espléndidamente.

Parece que hay algo freudiano en la relación de Castro con EEUU y el capitalismo.

No es el primer caso o el único. Cuántos políticos de izquierdas viven esplendorosamente… Mira el expresidente Felipe González, tan de izquierdas que fue y hoy en día es todo un señor capitalista y muy conservador (por mucho que diga que sigue siendo del PSOE).

¿Es cierto que Hitler intentó quitarse de en medio a Franco, a nuestro Franco?

Pues sí. No quedó muy satisfecho de que el Caudillo le diese calabazas y no metiera a España en la II GM. Así que intentó ingeniárselas como pudo y convencer a Agustín Muñoz Grandes (el falangista al mando de la División Azul) para montar un complot con el que sustituir a Franco por él y así tener a un títere del Reich. Pero el dictador español se enteró del plan a través de su cuñado Ramón Serrano Suñer, que era el ministro de Asuntos Exteriores y se trajo para España a Muñoz Grandes… en lugar de castigarle por confabular contra él lo premió con un alto cargo y así lo tuvo fiel y leal a su lado. Evidentemente, Hitler se quedó con un palmo de narices y sin conseguir su propósito.

Hitler y Agustín Grandes, aquellos maravillosos años. Foto: Konica.

Hablas en el libro de Demóstones, el primer corrupto de la historia. ¿Dirías que los políticos de hoy son, en general, más o menos corruptos que los de otros tiempos?

Corruptos ha habido siempre y el poder recibir algo a cambio de un voto, una ley o un favor se ha hecho desde inicios de la política. El problema (para los políticos) es que ahora se sabe todo y se conocen los casos con mayor facilidad. La era de la información y las redes sociales ha hecho mucha pupita a los corruptos, porque hoy en día se destapan y conocen más rápidamente. Supongo que en la antigüedad se acabaría conociéndose los casos de corrupción, pero a lo mejor después de haber pasado mucho tiempo. Es una de las ventajas que hoy en día tenemos. Pero a pesar de ello, siguen trincando.

¿Cuándo se vivía mejor, in ilo tempore o ahora en el siglo XXI?

Yo creo que actualmente vivimos mucho mejor; aunque siempre hay nostálgicos de regímenes anteriores que repinten la cantarela de «cualquier tiempo pasado fue mejor». Hoy en día tenemos herramientas suficientes para enterarnos de todo lo que hacen los políticos. La inmediatez de las RRSS para sacar de la hemeroteca unas declaraciones es fantástico… aunque no logremos sacarle los colores a la mayoría de ellos. Con todo y con eso, apuesto que hoy vivimos mejor y si no nos gusta, pues votamos y lo cambiamos, eso es la democracia.

Todo esto y mucho más en  ‘Esto no estaba en mi libro de historia política’. Imagen: Konica.