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ACTUALIZACIÓN: Nos informan de que no fue el Ministro de Salud, sino un rabino israelí quien hizo las declaraciones homófobas acerca del Covid-19. Lamentamos el error y deseamos una pronta recuperación a Yaakov Litzman y a su esposa.

El Ministerio de Salud de Israel informó este jueves que el país había registrado ya 6.211 casos confirmados de COVID-19 y 31 fallecidos. Y de entre los primeros, el polémico jefe de la sanidad del país, Yaakov Litzman, quien habría afirmado previamente que el virus no llegaría al país, porque era una «plaga de dios para los infieles que no siguen los preceptos de la ley divina». Incluyendo, y destacando, dicen (porque a día de hoy no se pueden encontrar las fuentes exactas) a la homosexualidad, entre otros pecados, que incluían básicamente no seguir a rajatabla todos los mandamientos de la Tora.

Así es. Karma casi instantáneo para callarle la boca o, quizá, cómo decía Jung, una sincronicidad que ha delatado su lado más oscuro. El caso es que, esta semana, se conocía que el ministro ultraconservador de la sanidad de Israel, daba positivo en un test general hecho a todo el gobierno para el coronavirus. Con lo que tenía que comerse casi literalmente sus palabras.

«El ministro y su esposa se sienten bien y están recibiendo tratamiento», afirmó el portavoz de la cartera ministerial en un comunicado emitido durante la noche del miércoles al jueves.

Tanto su mujer como él han sido diagnosticados con el Covid-19. Y lo hacía apenas cinco días después de haber hecho supuestamente esas sonadas afirmaciones sobre las causas últimas de esta crisis que azota a más de medio mundo. Incluida, por su puesto, Tierra Santa. Una vieja conocida de las plagas.

Unas desafortunadas y supuestas palabras (hay quien dice que fue su rabino de cabecera junto a él) que se suman a una falta de inspiración total en esta dura situación. Litzman empezó negando medidas, y poco después tuvo que confinar a la nación en un encierro que aún se prolonga. Después, el hasta ahora responsable de esas medidas sanitarias, sí aseveró que en las «zonas decentes del estado hebreo no se podría desatar el contagio», como así ocurrió: algo agravado, tanto más cuando, para continuar con su idea de pureza, él mismo violó numerosas veces la orden de confinamiento (algo bastante mal visto en el país), y como se ha sabido después permitió de facto medidas muy liberales para con los barrios ortodoxos afines. Y ahora, tras de ser duramente criticado la semana pasada por los comentarios homófobos realizados (o permitidas) para culpar a la homosexualidad de haber provocado la ira de dios, él iba a contagiarse de lo que negaba se contagiaría un buen siervo de Yave.

No gana para disgustos el bueno de Yaakov. Además de tamaña metedura de pata bíblica (vuelta como un boomeran), y ser la mofa de todos los medios locales, seguro también tendrá en el futuro que preocuparse de la desconfianza sobre su pietismo real o fingido entre los que le creían y comulgan con aquellas ideas que pregonaba. Así es, parece que le ha mirado un tuerto o que haya sido repudiado por el altísimo. Bromas aparte, Liztman, que es un viejo conocido en esa zona del mundo (por no pocos escándalos de años pasados, incluidos sexuales), está siendo muy cuestionado por su gestión. Tanto por toda la sociedad en general, cómo por el propio gobierno en particular. Incluidos rumores de inminente dimisión forzada, tras saberse que también podría haber contagiado al Primer Ministro, Benjamin Netanyahu. Quien habría tenido reuniones frecuentes con él estos días atrás.

Según declaró, una vez ingresado, «Yo mismo he informado al Primer Ministro».

Caso que complicaría mucho su posición, y de la administración de todo el ejecutivo, pero que todavía no se ha confirmado ni desmentido. Mientras, eso sí, se han anunciado medidas especiales para toda la cúpula de Tel Aviv, y para aquellos con los que hubieran podido tener contacto con el ministro. Ministro que, cómo buen devoto, aún pretende seguir trabajando desde su confinamiento hospitalario para el bien de su pueblo. Cómo si fuera un Job al que probaran su paciencia los diablos.

Duro golpe para su fe, y su paciencia, esta noticia que nos llega desde la palestra internacional. Una nueva que muestra las paradojas poéticas que suceden a veces en el cosmos, para mayor gloria de dios. Pero que, sea como fuere, esperemos no se le complique la penitencia a este señor. Especialmente por su senectud, siendo ya una persona de setenta y dos años de edad. Que se recupere pronto, y que en nada pueda estar en la sinagoga rezando, donde debería estar (mejor que en el gobierno). Quedándose el susto en un mal augurio, del que sus correligionarios valoren más el trato excepcional durante los primeros días de confinamiento social que su propia coherencia religiosa. Y que, ojalá que los conocimientos de estos en psicoanálisis sean pocos… no vayan a pensar que sus sermones radicales escondían algún acto fallido o alguna represión oculta freudiana. Ya saben, aquello de que los más homófobos son luego homosexuales contenidos. Pues, ciertamente, nosotros no sabemos si lleva una doble vida este político, pero lo que sí parece es que es a él, por esta vez y en este sentido, y no a otro, a quien pareciera le están castigando por algo.