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Su nombre es Paula White. Una pastora evangélica a la que Trump conoció allá por 2002, en Mar-a-Lago (Florida), tras verla en una show televisivo, y a la que desde entonces tiene como consejera espiritual de cabecera. Y no sólo consejera, habría que decir, pues no sólo se encarga de hacer sesiones privadas al presidente, sino que esta buena mujer, de 54 años de edad, es en buena medida parte del staff oficial de la Casa Blanca. Siendo, así a la vez, gurú personal del Presidente, en particular, y responsable, en general, del Centro de Iniciativas de Fe y Oportunidad: una oficina del Estado creada por orden ejecutiva de Donald Trump en mayo de 2018, la cual, tiene como propósito recopilar las propuestas de organizaciones religiosas y comunitarias para el diseño de políticas públicas federales de Estados Unidos.

White, que ya se hiciera viral al comienzo de la campaña, orando en contra de las «redes demoníacas» que se unían contra la Casa Blanca y su cuadragésimo primer inquilino, sorprendía este jueves con un rezo-exorcismo improvisado para conseguir dar un vuelco electoral y que las votaciones no se les escaparan en el último momento.

«Que cada red demoníaca que se alinee contra el propósito, contra el llamado del presidente Trump, que se rompa, que se derribe en el nombre de Jesús», desterraba en junio, suponiendo una confabulación siniestra contra el actual mandatario americano.

Ahora, como se puede ver en un vídeo subido a YouTube, cuando todas las previsiones parecen en contra del candidato republicano, la reverenda volvía a saltar a la palestra mediática para contrarrestar con sus ruegos y plegarias las influencias negativas que estaban interfiriendo con la decisiva victoria de Trump.

Algo que podría parecer chistoso, y de hecho ha sido motivo de mofa, befa y memes durante todo el día, pero que, con todo, viene a sumarse a toda esa mitología alrededor de un pretendido estado profundo que ha alentado Trump y, sobre todo, a las denuncias por supuesto fraude electoral que se han producido desde el mismísimo primer día del recuento.

«He escuchado victoria, victoria, victoria, victoria, victoria, victoria, victoria, victoria ahora mismo en las esquinas del cielo», rezaba Paula White en el servicio de oración especial en vivo para garantizar y atraer sin demora el éxito en los comicios estadounidenses.

Ceremonia en la que no faltaron, como es menester en los cultos evangélicos, cantos, jaculatorias y pseudo-estados místicos para conjurar la campaña y dar un último empujoncito tan necesario a una candidatura a la re-elección que se ha puesto cuando menos endemoniada. 

“Rompemos y dividimos todas las confederaciones demoníacas contra las elecciones, contra Estados Unidos, contra quienes han declarado contra la Casa Blanca. Lo rompemos en el nombre de Jesús. Perdemos la confusión en la confederación demoníaca dirigida ahora mismo a esta elección, dirigida específicamente a los seis estados «, exorcizaba la ya denominada Suma Sacerdotisa del culto a Trump.

Y continuaba, «venimos contra personas que están trabajando en altos niveles en este momento con confederaciones y secretos demoníacos y planes y redes demoníacas, lo rompemos y ordenamos que sean depuestos en nombre de Jesús». Para terminar añadiendo que «se han enviado ángeles desde África» ​​y otras partes del globo, para poder escuchar «el sonido de la victoria».

Ritos y liturgias que, aunque muy bien interpretadas y calculadas, no sabemos si funcionaran a estas alturas de la película. Pero que, sin duda, a la espera de la resolución final de estas votaciones, y un futurible litigio en los tribunales, habrán dado un poco de moral a Trump (quien, con todo, no se considera cristiano, sino que se ubica dentro del espectro New Age, espiritual no religioso, y New Thought«, o pensamiento positivo). Y a las legiones de seguidores del Presidente, que ven en él a un luchador contra poderes oscuros… amén de muchas risas, a los que ven en su persona y electorado un movimiento lunático y trasnochado.