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Uno de los mayores peligros que tuvieron que sortear ‘Los caballeros de la Mesa Cuadrada’, de Monty Python, en su afanosa búsqueda del Santo Grial fue un conejo asesino que aniquiló, uno a uno, a varios de los bravos caballeros del Rey Arturo.

Aquella escena, que parecía una de las típicas bromas surrealistas y anacrónicas de los geniales humoristas ingleses, era en realidad una culta referencia a un detalle que no se le ha pasado por algo a ningún observador del arte medieval: la absurda proliferación de conejos malévolos, que hacen todo tipo de perrerías a personas y a otros animales.

Armados con hachas, mazas y cuchillos, los malditos roedores no dudan en asaetear, degollar, desollar o desgarrar a sus víctimas, comportándose como el más peligroso de los predadores.

¿A qué se debe esta fijación con los conejos asesinos? Al parecer, y según explican nuestros compañeros de Canino Magazine, los conejos pertenecen a una tradición de dibujos paródicos (“drolleries” o “payasadas”) que se dibujaban en los márgenes de los códices.

Más concretamente, se trata de los conocidos como “drolleries” de “El mundo al revés”,

«… en las que se subvierte el orden tradicional de las cosas. Un poco la tradición del carnaval (el bueno, el de antes) pero con animalicos. Y si los conejos son habitualmente símbolo de indefensión y pureza, aquí nos encontramos a seres perversos, crueles y sanguinarios. Unos engendros que, a diferencia de los conejos normales, no huyen nunca. En algunas de las ilustraciones detalladas por el blog, esta imaginería se retuerce, y vemos a los conejos enfrentarse a perros antropomorfos mientras que cabalgan caracoles con cabeza de persona (otro tópico de los drolleries).»

Visto en Triste e Inútil. Con información de Canino Magazine.