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¿Cuánto pesa el alma? Hay quién dice que 21 gramos, por una singular teoría: si el alma existe dentro de nosotros debe tener una masa y si tiene masa debe tener un peso que se note en una balanza. Así lo intentó demostrarlo el doctor italiano Angelo Mosso, que en el siglo XIX ideó una “máquina para pesar el alma” como su proyecto más ambicioso y descubrir así la relación entre la función cerebral y el flujo sanguíneo. Ahora unos investigadores italianos han desenterrado los manuscritos originales de Mosso de un archivo en Milán donde se muestra el funcionamiento de tan singular artefacto.

Se trataba en esencia de una gran balanza en la que un voluntario yacía con la cabeza en un lado del pivote de la escala y con sus pies en el otro. La balanza se ajustaba cuidadosamente de modo que las dos partes quedaran perfectamente equilibradas. La teoría era que si la actividad mental causaba un aumento del flujo sanguíneo cerebral, debería aumentar el peso de la cabeza en relación con el resto del cuerpo, de modo que la balanza caería para ese lado.

El Dr. Mosso afirmaba que el flujo sanguíneo en el cerebro podía medirse según la actividad que se realizaba (si se leía el periódico, por ejemplo, el cerebro conseguía más peso, mientras que si era un libro de filosofía era aún más eficaz en el desequilibrio de la balanza, presumiblemente debido a que requiere más esfuerzo mental). De la misma manera, si medía un cuerpo con actividad cerebral y sin ella, en teoría se podría llegar a saber el peso del supuesto alma.

Una cuestión bastante compleja, sin embargo, debido a que Angelo Mosso rápidamente se dio cuenta de que, con el fin de obtener resultados válidos, era necesario corregir cosas tales como el movimiento de la cabeza, la respiración y el pulso.

Para medir y eliminar estas fuentes de ruido, Mosso incluyó en su máquina una serie de esfigmógrafos (el primer dispositivo «no intrusivo» capaz de medir la presión sanguínea) para registrar el flujo de sangre en la mano, el pie, así como los movimientos del tórax durante la respiración. Todo estaba conectado a una pluma que hacía un seguimiento en una hoja de papel pegada al tambor de un cilindro, trazando así los datos en forma de gráfico. ¿Te suena?

A Mosso su «máquina para pesar el alma» con esfigmógrafos lo que le sonó es a un ensayo de 1730 del novelista británico Daniel Defoe titulado «Un plan eficaz para la prevención inmediata de los robos callejeros y supresión de todos los otros trastornos de la noche», en el que recomendaba que tomar el pulso de un sospechoso era un método práctico, eficaz y humano para distinguir la verdad de la mentira.

Daniel Defoe fue uno de los primeros visionarios en emplear la ciencia médica en la lucha contra el crimen. En 1878, Angelo Mosso recogió ese testigo y fue más allá con su “máquina para pesar el alma” y su investigación sobre la emoción y el miedo en los sujetos sometidos a interrogatorios, estudiando los efectos de estas variables en la actividad cardiovascular y respiratoria.

El uso de su máquina reveló ondulaciones u ondas periódicas de la presión arterial de un sujeto causadas por el ciclo respiratorio en respuesta a ciertos estímulos. Había creado el detector de mentiras o polígrafo, un sistema que llegaría a los tribunales pocos años después, convirtiendo a este fisiólogo italiano en uno de los padres de la criminología.

Fuentes y fotos: Weighing brain activity with the balance: Angelo Mosso’s original manuscripts come to light (PublMed), A Machine to Weigh the Soul (Discover) y Brief History of the Polygraph.