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Entre las numerosas influencias, reconocidas y reconocibles, del cantante y compositor del mítico grupo The Doors, donde destacan William Blake (de donde proviene el nombre de la banda, basado en el verso «si las puertas de la percepción se refinaran veríamos las cosas como realmente son: infinitas», de «El matrimonio del cielo y el infierno»), Rimbaud, Baudelaire, Dylan Thomas, Antonin Artaud o los autores de la generación Beat (Jack Kerouac, Allen Ginsberg, William Burroughs), está, por supuesto, el filósofo alemán Friedrich Nietzsche. Pensador de lo dionisíaco que, según el mismo Morrison, fue su intelectual de cabecera. Y tanto así que, a día de hoy, nos ha llegado una grabación improvisada de una oda dedicada al padre del Zarathustra

«Abrazo el cuello del caballo,
y le hizo cosquillas por todas partes
amo a mi caballo…
..se congrego una multitud
el propietario apareció
y se llevo a Friedrich a su habitación..
..en el segundo piso, donde empezó..
a tocar el piano como un loco..
y cantar como un loco, como…
..estoy crucificado!
e inspeccionado…  y…
resucitado… y…
y si no lo crees…..
les resucitare..
mi última sonata filantrópica
..y la familia del propietario…
quedó asombrada….
y fueron a buscar a su amigo Auerbach..
que llegó al autobús al cabo de tres días
….. y se llevaron a Friedrich.
a…..un…….manicomio…..
y su madre se reunió con el.
y el los siguientes 15 siglos….
ellos lloraron,, y lloraron..
y rieron… y miraron al sol
…… y a todos…….».

Sucedió allá por septiembre de 1968, a penas tres años antes de su muerte, cuando, en el backstage de uno de uno de sus conciertos en la sala Saratoga Springs de N.Y. (EEUU), el autodenominado Lizard King, se arrancó con una sonatilla inesperada e intempestiva en honor al filósofo errante: al gran pensador alemán, al caminante y su sombra, al sagaz filólogo de la sospecha, el que no era un hombre sino Dinamita, a aquel que escribía para todos y para nadie en el solaz de un psicólogo; al que pasara la rueda del arado sobre todas las genealogías y voluntades; a ese mostachudo trovador vitalista de la Gaya Scienzia, al primer inmoralista, al anticristo dionisíaco, a la intempestiva Aurora del pensamiento, al señor del bozo negro, al hijo pequeño de un párroco protestante, al filósofo que hablaba con el martillo y horadaba la esencia de los valores. A ese grandioso escritor que repudió a «sus creyentes» , y que seguro perdonaría a Morrison sus excesos porque siempre prefirió ser «un bufón antes que un santo»

Una tonada que, por lo demás, se conserva en el recopilatorio (hogaño en DVD) de «The Doors. The Soft Parade», donde se puede ver a un Jim entusiasmado e inspirado, cantando a su fetiche filosófico y poético. Y que aquí les dejamos