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Si te suena el nombre de Maslow, con toda probabilidad lo asocies a su creación más famosa: la pirámide de Maslow, es decir, la representación gráfica de las necesidades humanas jerarquizadas en forma de pirámide: en el escalón inferior, la necesidad de cobijo, alimento, sexo y en la cúspide, el anhelo de auto-realización, al que únicamente se accede cuando el resto de los escalones están cubiertos.

La famosa pirámide que he hecho que Abraham Maslow pase a la posteridad está colegida de su libro ‘A Theory of Human Motivation’, de 1943, pero quien abra el libro esperando encontrar representada en sus páginas la famosa pirámide se va a llevar una decepción: no solo no aparece sino que no hay mención alguna a la citada jerarquía de necesidades. Es más, es probable que Maslow repudiara de semejante simplificación de las 400 páginas de que consta el libro en su edición original en inglés (que, si te interesa, puedes leer aquí).

En realidad, si a alguien le podemos atribuir la popularidad de la pirámide de Maslow es al profesor del MIT y experto en gestión empresarial, Douglas McGregor, que adaptó los sesudos estudios del psicólogo Maslow para hacérselos digeribles a su público: empresarios y publicistas durante los años 50 y 60, la época dorada de la publicidad que reflejó con cínica fidelidad ‘Mad Men’.

«Douglas McGregor vio el potencial de una jerarquía de necesidades aplicada a la gestión, pero por mor de la sencillez ignoró deliberadamente los matices introducidos por Maslow», explican los investigadores Todd Bridgman, Stephen Cummings y John Ballard en una entrevista con el blog Beautiful Minds, de Scientific American a raíz de la publicación de un paper que traza, precisamente, la génesis de la famosa pirámide.

En realidad, apuntan los investigadores, «la versión simplificada de la teoría es la que aparece en los libros de marketing actuales, de modo que la mayoría de críticas hacia la teoría de Maslow son en realidad críticas a la interpretación que McGregor hace de Maslow».

Sin embargo, tampoco fue McGregor el que dibujó o planteó la famosa pirámide. En realidad, esta tarea correspondió a Keith Davies, quien en 1957 escribió un libro de management en el que por primera vez aparecía representada gráficamente la teoría de Maslow/McGregor como si se tratara de una escalera que se iba ascendiendo desde las “necesidades básicas” (un señor trajeado comiendo) hasta la “auto-realización”, ese mismo señor enarbolando una bandera americana emulando a la icónica foto de los combatientes de Iwo Jima, es decir, una simplificación de la simplificación:

La primera representación de la pirámide en su forma definitiva llegó tres años después, en el artículo de Charles McDermid, ‘How money motivates men’, publicado por ‘Business Horizons’ en 1960, siempre según los investigadores Bridgman, Cummings y Ballard:

Aquí ya podemos apreciar cómo la pirámide va adquiriendo su forma definitiva, la misma que puedes encontrar en miles de libros, páginas web o la misma Wikipedia.

Abraham Maslow publicó su libro en 1943 pero no murió hasta 1970, de modo que tuvo tiempo de sobra para conocer la popularización (y banalización) de su teoría. ¿Qué opinaba Maslow sobre la “pirámide de Maslow”?

«La pirámide no es una representación precisa de la jerarquía de necesidades de Maslow. Por ejemplo, la gente no intenta satisfacer una necesidad al 100% antes de ascender al siguiente escalón. Tampoco todo el mundo tiene las mismas necesidad o las activa al mismo tiempo”, responden los investigadores.

A pesar de todo, Maslow nunca se mostró disconforme con “su” pirámide e incluso la utilizó para explicar su teoría sobre las necesidades humanas en sus clases en la universidad. El motivo es bien mundano: Abraham Maslow nunca se sintió respetado por sus colegas psicólogos, donde su prolífica obra fue ignorada o, cuando menos, incomprendida. Sin embargo, «la comunidad del management lo veía como un gurú, y le tendió una alfombra roja. Le dieron el reconocimiento que el sentía que se merecía [aceptación social, tercer escalón de la pirámide]», según el investigador Todd Bridgman. De alguna forma, y gracias a la pirámide, Maslow alcanzó la cúspide, la auto realización que su disciplina, la psicología, le negó.

Con información de Wikipedia, Archive.org y Beautiful Minds.