«Si uno tiene un hijo indócil y rebelde, que no quiere oír la voz de su padre ni la de su madre, y aun después de haberle castigado, tampoco obedece, lo tomarán su padre y su madre lo conducirán a los ancianos a las puertas de la ciudad y les dirán: «Este hijo nuestro es indócil y rebelde, no escucha nuestra palabra; es un desenfrenado y un borracho». Entonces todos sus conciudadanos lo lapidarán hasta la muerte».

Deuteronomio, 21:18.

Lo de lapidar al hijo fiestero es una de las recetas que sugiere la Biblia para aplicar el quinto mandamiento, aquel de «honrarás a tu padre y a tu madre». Un poco bestia, sí, pero sin duda eficaz. Si el fiestero reciltrante no escarmienta con la resaca ya lo hará con una buena lapidación.

Visto en el tuiter de Zarathustra Callao.