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Todos pensamos y todos argumentamos. Pero, ¿la facultad cerebral innata de discurrir y argumentar lleva consigo también el don de la infalibilidad?, o, más bien, ¿tendemos a analizar, deducir y hablar, con toda una serie de errores de procedimiento y ausencia de garantías debido al uso rudimentario, espontáneo y sin examen de dicha capacidad congénita del ser humano?

Más allá del talento particular de cada uno, tanto en el pensar cómo en la argumentación, lo cierto es que, cómo somos humanos, nos afectan factores externos (sentimentales, emocionales entre otros) y no siempre tenemos voluntad de veracidad, todos podemos caer en el equívoco al deliberar y concluir y, por ende, ser engañados o confundir. Especialmente cayendo en las llamadas, «falacias lógicas», que son proposiciones, argumentos, conclusiones o razonamientos presentados de forma aparentemente correcta, pero que, en el fondo, analizadas en detalle, se trata de proposiciones, argumentos, conclusiones o razonamientos engañosos, erróneos o falaces que tienen la única intención de ser convincentes o persuasivas.

Cómo decía Cicerón, «No hay nada tan increíble que la oratoria no pueda volverlo aceptable». Y para evitar esto, aquí te dejamos los veinte ardides y subterfugios dialécticos más comunes

-1. Argumento ad ignorantiam, o argumentum ad ignorantiam, a veces conocido como llamada a la ignorancia: falacia que funciona en afirmar la verdad (o falsedad) de una proposición alegando que no existe prueba de lo contrario. O arguyendo la incapacidad o la negativa de un oponente a presentar pruebas de lo contrario.

-2. Argumento ad baculum o argumentum ad baculum (en latín, significa «argumento que apela al bastón»): sofisma que implica manifestar la validez de un argumento basándose en la fuerza, en la amenaza o en el abuso de la posición propia. Resumiendo: «La fuerza hace el derecho».

-3. Argumento a silentio, argumentum a silentio, argumentum ex silentio o argumento desde el silencio: falacia que se extrae una conclusión basada en el silencio o ausencia de evidencia.

-4. Falacia del hombre de paja o del espantapájaros: engaño que trata de caricaturizar los argumentos o la posición del oponente, tergiversando, exagerando o cambiando el significado de sus palabras (del oponente) para abonar un ataque lingüístico o dialéctico. El nombre viene de los hombres de paja que se usan para entrenar en el combate y que son fáciles de abatir.

-5. Argumento ad antiquitatem (o apelación a la tradición): falacia lógica que consiste en afirmar que si algo se ha venido haciendo o creyendo desde antiguo, entonces es que está bien o es verdadero. Esta falacia asume que las causas que ya se dieron continúan siendo válidas; mas, si las circunstancias han cambiado el razonamiento no es válido.

-6. La falacia Afirmación del Consecuente o Error Inverso: supone que afirmando al antecedente estamos autorizados a afirmar el consecuente. Es decir, «Si llueve, entonces la calle se moja. La calle está mojada. Por lo tanto, tiene que haber llovido». → y esta conclusión sería necesariamente cierta. Si bien, podría suceder que alguien la mojara.

-7. Argumento ad conditionallis. Tipo de falacia en la que el fundamento o prueba del argumento está condicionado. Sin embargo, el argumento no puede ser probado, ya que el hecho no existe. Se caracterizan por estar acompañados de verbos conjugados en el tiempo condicional, como: «sería», «habría», etc. Es común verlos en los títulos de los periódicos, siendo el principal recurso es la especulación.

-8. Argumento ad hominem (del latín, «contra el hombre»): Falacia que consiste en dar por sentada la falsedad de una afirmación tomando como argumento quién es el emisor de esta. Para usarla desacreditará a la persona que defiende una postura señalando una característica o creencia impopular de esa persona.

-9. Argumento ad nauseam,​ o argumentum ad nauseam: falacia en la que se argumenta a favor de un enunciado mediante su prolongada reiteración, por una o varias personas.​ La apelación a este argumento implica que alguna de las partes incita a una discusión superflua para escapar de razonamientos que no se pueden contrarrestar, reiterando aspectos discutidos, explicados y/o refutados con anterioridad. El típico, «una mentira repetida mil veces se convierte en verdad».

-10. Argumento ad populum, argumentum ad populum (en latín, ‘dirigido al pueblo’) o sofisma populista, que supone la validez de una afirmación merced a la supuesta opinión que de ello tiene la gente en general, en lugar de al argumento en sí. Un argumento ad populum tiene esta estructura:

1. Para la mayoría, A.
2. Por lo tanto, A.

11. El Argumentum ad verecundiam, argumento de autoridad o magister dixit, consiste en defender algo como verdadero porque se cita en el argumento a alguien que tiene autoridad en la materia.

12. Falacia del alegato especial, argumento especial o petición especial​ es una falacia que tiene lugar cuando alguien, en su argumentación, recurre o hace alusión a una visión o sensibilidad especial del tema objeto de debate.  Esta persona mantiene que el oponente no puede comprender las sutilezas o complejidades del tema en cuestión, porque no alcanza el nivel de conocimiento o la empatía que supuestamente se requiere.

-13. Falacia del francotirador (o del francotirador de Texas): sofisma lógico en el que información que no tiene relación alguna es interpretada, manipulada o maquillada hasta que ésta parezca tener un sentido. El nombre viene de un tirador que disparó aleatoriamente varios tiros a un granero y después pintó una diana centrada en cada uno de los tiros para autoproclamarse francotirador.

-14. Generalización apresurada, muestra sesgada o Secundum quid: falacia que se da al inferir una conclusión general a partir de una prueba insuficiente o escasa.​ Una generalización apresurada puede dar lugar a una mala inducción y por tanto a una conclusión errónea.​

-15. Una muestra sesgada:  muestra estadística que ha sido falsamente considerada como la típica de una población de la cual ha sido tomada. Por ejemplo, alguien puede decir «A todo el mundo le gustó la película» sin mencionar (o sin saber) que «todo el mundo» fue un grupo que son fans del director de la película.

16. La petición de principio (del latín petitio principii, «suponiendo el punto inicial»): se da cuando la proposición a demostrar ya se incluye (implícita o explícitamente) entre las premisas. Esto es, se comete cuando nos quieren demostrar algo metiendo ese algo en la misma demostración.

17. La pendiente resbaladiza es una de las teorías informales clásicas, y se conoce también como el efecto dominó. Sugiere que una acción iniciará una cadena de eventos que culminarán en un evento posterior predecible, sin establecer o cuantificar las contingencias posibles o relevantes.

-18. Falacia «Post hoc ergo propter hoc», también llamada correlación coincidente o causalidad falsa. Viene de la expresión latina «después de esto, entonces, a consecuencia de esto», y a veces se acorta por post hoc. El sofisma afirma que si un acontecimiento sucede después de otro, el segundo es consecuencia del primero. Este es un error particularmente abundante, pues la secuencia temporal es algo integral a la causalidad: es verdad que una causa se produce antes de un efecto.

19. Silogismo disyuntivo falaz. Razonamiento que partiendo de una disyunción y, como segunda premisa, se afirma uno de los dos componentes de la disyunción, y así se concluye entonces la negación del otro.

-20. Ignoratio Elenchi (conclusión irrelevante, eludir la cuestión). Un razonamiento que puede ser en sí válido, pero que no trata la cuestión de que se trata. 

Y con estos veinte sofismas, aunque podrían mencionarse muchas más, terminamos esta antología de la mala argumentación. La cual, tiene una triple vertiente. Por un lado, servirá para mejorar nuestro razonar, sin caer en demostraciones erradas. Por otro, permitirá avistar cualquier uso equivoco que traten de hacernos en charlas o disputas. Y finalmente, su conocimiento bien puede servir para que mejoremos nuestras dotes erísticas, nuestro arte de tener razón, nuestra capacidad de hacer fuerte el argumento débil, y engrandecer así nuestra alma sofista. Porque, ¿a quién no le gusta ganar cualquier discusión?.