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Imagen: Wikicommons.

En 1988, el historiador italiano Carlo María Cipolla publicó un librito, ‘Allegro ma non troppo’, en el que se enunciaba su famosa Teoría de la Estupidez. Según desarrolla Cipolla en este breve y divertido libro, la estupidez abunda mucho más de lo que podemos sospechar.

Lo que define al estúpido es que sus actos (que pueden ser los tuyos, querido lector, porque todos somos estúpidos en alguna medida) causan perjuicio a sí mismo y a los demás. El esquema que ilustra este artículo muestra los cuatro tipos de personas en función de las consecuencias de sus actos. A saber:

 

-Incautos: sus actos causan perjuicio propio y beneficio ajeno.

-Malvados: en el cuadrante opuesto a los incautos. Sus actos generan perjuicio a los demás y beneficio propio.

-Inteligentes: claramente, en minoría. Sus actos obtienen beneficios tanto para sí como para los demás.

-Estúpidos: en la diagonal opuesta a los inteligentes. Sus actos generan perjuicio para todos los implicados.

Cipolla empieza con estas palabras su ensayo sobre la estupidez humana:

“La humanidad se encuentra en un estado deplorable. Ahora bien, no se trata de ninguna novedad. Si uno se atreve a mirar hacia atrás, se da cuenta de que siempre ha estado en una situación deplorable. El pesado fardo de desdichas y miserias que los seres humanos deben soportar, ya sea como individuos o como miembros de la sociedad organizada, es básicamente el resultado del modo extremadamente improbable —y me atrevería a decir estúpido—como fue organizada la vida desde sus comienzos”.

Las cinco leyes fundamentales de la estupidez son las siguientes:

 

  1. Siempre e inevitablemente cualquiera de nosotros subestima el número de individuos estúpidos en circulación.

“Por muy alta que sea la estimación cuantitativa que uno haga de la estupidez humana, siempre quedan estúpidos, de un modo repetido y recurrente, debido a que:

 

a) personas que uno ha considerado racionales e inteligentes en el pasado se revelan después, de repente, inequívoca e irremediablemente estúpidas;

 

b) día tras día, con una monotonía incesante, vemos cómo entorpecen y obstaculizan nuestra actividad individuos obstinadamente estúpidos, que aparecen de improviso e inesperadamente en los lugares y en los momentos menos oportunos.”

 

  1. La probabilidad de que una persona dada sea estúpida es independiente de cualquier otra característica propia de dicha persona.

 

“Tengo la firme convicción, avalada por años de observación y experimentación, de que los hombres no son iguales, de que algunos son estúpidos y otros no lo son, y de que la diferencia no la determinan fuerzas o factores culturales sino los manejos biogenéticos de una inescrutable Madre Naturaleza. Uno es estúpido del mismo modo que otro tiene el cabello rubio; uno pertenece al grupo de los estúpidos como otro pertenece a un grupo sanguíneo”.

Imagen: Pictoline.

  1. Una persona es estúpida si causa daño a otras personas o grupo de personas sin obtener ella ganancia personal alguna, o, incluso peor, provocándose daño a sí misma en el proceso.

 

“Nuestra vida está salpicada de ocasiones en que sufrimos pérdidas de dinero, tiempo, energía, apetito, tranquilidad y buen humor por culpa de las dudosas acciones de alguna absurda criatura a la que, en los momentos más impensables e inconvenientes, se le ocurre causarnos daños, frustraciones y dificultades, sin que ella vaya a ganar absolutamente nada con sus acciones. Nadie sabe, entiende o puede explicar por qué esta absurda criatura hace lo que hace. En realidad, no existe explicación —o mejor dicho— sólo hay una explicación: la persona en cuestión es estúpida”.

 

  1. Las personas no-estúpidas siempre subestiman el potencial dañino de la gente estúpida; constantemente olvidan que en cualquier momento, en cualquier lugar y en cualquier circunstancia, asociarse con individuos estúpidos constituye invariablemente un error costoso.

 

“Generalmente, se tiende incluso a creer que una persona estúpida sólo se hace daño a sí misma, pero esto significa que se está confundiendo la estupidez con la candidez. A veces hasta se puede caer en la tentación de asociarse con un individuo estúpido con el objeto de utilizarlo en provecho propio. Tal maniobra no puede tener más que efectos desastrosos porque:

  1. a) está basada en la total incomprensión de la naturaleza esencial de la estupidez y
  2. b) da a la persona estúpida oportunidad de desarrollar posteriormente sus capacidades.

Uno puede hacerse la ilusión de que está manipulando a una persona estúpida y, hasta cierto punto, puede que incluso lo consiga. Pero debido al comportamiento errático del estúpido, no se pueden prever todas sus acciones y reacciones, y muy pronto uno se verá arruinado y destruido por sus imprevisibles acciones.”

 

  1. Una persona estúpida es el tipo de persona más peligrosa que puede existir.

 

“Y su inevitable corolario: el estúpido es más peligroso que el malvado”.

 

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