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Ayer fallecía Mario Bunge (1919-2020). Una triste noticia para todo el mundo de la filosofía, pero una buena nueva que ha tenido que llenar de alegría a todos los ‘coachines’, motivadores, autores varios de autoayuda, tarotistas, usuarios del reiki e incluso adeptos al psiconálisis y psicoterapia.
A punto de cumplir 101 años, nos dejaba este pensador y científico de origen argentino (aunque ciudadano del mundo, y filósofo ya inmortal), que se destacó tanto en los campos de las humanidades (escribiendo sobre filósofía, sociología o política) cómo de las ciencias naturales (donde desarrolló su concepción del «realismo científico«). Un autor que luchó por implantar una racionalidad exenta de prejuicios en el mundo de la cultura y el pensamiento, y que atacó a todos los idealismos dentro y fuera de la ciencia, llegando incluso a considerar que la verdadera labor de la filosofía era centrarse en el proceder científico para librar a este de cualquier error o desvarío conceptual. No negándola, aportando un nuevo enfoque a su aplicación.
Porque, efectivamente, Mario Bunge fue un «cientificista», que afirmaba que el mejor conocimiento sobre la realidad es el que se obtiene a través de la aplicación del método de investigación científica. Y siendo así, no sólo vituperó lo que el llamó «pseudociencias» (aquellas disciplinas que carecían de todo proceder metodológico serio y demostrable), también a ramas de la filosofía más tradicional cómo el idealismo, el existencialismo,​ el marxismo, la fenomenología,​ el posmodernismo o la hermenéutica.
Pero nunca negó la filosofía: cuando Hawkings dijera aquello de que «la filosofía había muerto», fue Bunge quien le contestó que no, aunque argullera que «solo estaba en peligro de muerte si no se acercaba a la ciencia». La filosofía para él tenía vida (la que hoy le ha dejado a él), si servía para asegurar y engrandecer el progreso efectivo del saber. Con el aporte más amplio y auténtico de la filosofía, su supervivencia propia y el progreso social de la humanidad, podían tener un horizonte posible.

La filosofía está de luto. Nos ha dejado el gran Mario Bunge, el azote de la autoayuda, de los lectores de Osho, de revolucionarios, de los terraplanistas y de los antivacunas. Pero su legado continúa vivo en la filosofía, y si los cohelianos, los discípulos de Jodorowski, los creyentes del Secreto y La ley de Atracción, piensan que el universo ha conspirado a su favor esta vez, vayan cerrando sus chakras de la alegría porque Bunge también ha creado escuela sin necesidad de convertirse en un gurú… y muchos continuaremos su filosofía.